Cuarenta años de encierro y castigo para moldear a la «buena mujer»
Levante-EMV organiza una jornada en la que aborda el papel que ejerció el Patronato de Protección a la Mujer, la institución más longeva del franquismo: «Mi mayor pecado era que me gustaba leer e ir al cine»

Silvia Tomás, María Palau, Amparo Soria, Joan-Carles Martí, Pilar Bernabé, Marta Torregrossa, Marta García, Pilar Dasí e Irene Campanario, durante el encuentro en el Jardín Botánico. / Fernando Bustamante

«Todas las mujeres que estamos hoy aquí hubiésemos sido encerradas en el Patronato de Protección a la Mujer». Esta fue una de las principales conclusiones que se extrajeron del encuentro ‘Patronato de la Mujer, mirada histórica de los discursos contra la libertad de las mujeres valencianas’ organizado por Levante-EMV y Prensa Ibérica, con el impulso del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática del Gobierno de España, para recordar la memoria de todas aquellas jóvenes mujeres que sufrieron los dictámenes de este organismo y alertar acerca de los peligros que supone la proliferación de ciertos discursos públicos contrarios a la igualdad real y a la conquista de libertades fundamentales por part de las mujeres.
La jornada, que tuvo lugar en el auditorio del Jardín Botánico de València abordó la historia de una de las instituciones más antiguas del franquismo pero, a su vez, también más desconocidas. El Patronato de Protección a la Mujer se constituyó en 1941 como un instrumento para eliminar la prostitución clandestina de menores de edad. Sin embargo, pronto se corrompió este fin inicial para erigirse como un sistema de control sobre la población femenina que trató de imponer un arquetipo homologado de «buena mujer» y que persiguió y castigó cualquier conducta transgresora que atentara contra los principios morales impuestos por el régimen franquista.
El director de Levante-EMV, Joan-Carles Martí, inauguró el encuentro con el mensaje de darle a todas aquellas mujeres que fueron encerradas en el Patronato «el lugar que les fue negado». Al mismo tiempo, el director de esta cabecera subrayó que, además de un homenaje, «este acto es también un aviso, porque si no hacemos memoria, escuchamos a las supervivientes y reconocemos el dolor vivido, corremos el riesgo de que la historia se maquille y se repita»; y dejó un mensaje final en el que resaltó que «la libertad de las mujeres no se negocia, no se cuestiona y no se puede hacer retroceder».
A continuación intervino la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, quien destacó el firme compromiso del Gobierno de España en «reivindicar los cincuenta años de libertad». Según la delegada del Gobierno, «un país que aspira a tener una democracia firme, fuerte y que avance hacia el futuro necesita tener memoria y recordar para poder mirar hacia adelante».

La delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé. / Fernando Bustamante
Bernabé denunció que, actualmente, existe «un gran desconocimiento de lo que sucedió» durante el régimen franquista, la cual cosa conduce a que «escuchemos a responsables públicos decir que tenía cosas positivas». Por ello, la delegada del Gobierno defendió los trabajos y la inversión en materia de memoria histórica por parte del Gobierno de España: «Es necesario que no dejemos de recordar para no volver a escuchar este tipo de declaraciones por parte de los responsables políticos y públicos de nuestro país». Y añadió: «Si esto cae en el olvido, corremos el riesgo de que se vuelva a repetir».
Tras ello, tuvo lugar una mesa de debate moderada por la periodista de Levante-EMV, Amparo Soria, en la que participaron las periodistas María Palau y Marta García, autoras del libro que investiga a esta institución en la Comunitat Valenciana, ‘ndignas hijas de su Patria. Crónicas del Patronato de Protección a la Mujer en el País Valencià; Pilar Dasí, superviviente del Patronato de Protección a la Mujer; Irene Campanario, politóloga que ha participado en el libro Lecciones robadas, ¿Por qué perdimos la memoria? de Luis Vivas Ramos; y Marta Torregrossa, ilustradora y autora de la versión cómic de uno de los episodios de este libro.
«Hablar del Patronato no es hacerlo de un único organismo, sino de una constante de control sobre los comportamientos, las actitudes y los cuerpos de miles de mujeres. Ese control sobre las mujeres no fue una idea exclusiva del franquismo ni existió únicamente en España», destacó María Palau.
Cuatro décadas de terror
La historia del Patronato de Protección a la Mujer es la de un organismo que trascendió al franquismo y alargó la agonía de miles de jóvenes mujeres, que fueron encerradas en reformatorios convertidos en espacios de tortura, represión y castigo hasta bien entrada la democracia —no fue disuelto hasta 1985—. «El Patronato se creó para controlar la prostitución clandestina en las menores de edad, pero terminó llenándose de niñas que no tenían nada que ver con ello y a las que se les inculcó un sentimiento de culpa y vergüenza que, en muchos casos, todavía hoy perdura», explicó Marta García.

Mesa redonda sobre el Patronato de Protección a la Mujer en el auditorio del Jardín Botánico de València. / Fernando Bustamante
El Patronato funcionaba como una cárcel sin delito previo en el que muchas adolescentes entraron simplemente por una denunciar familiar o el susurro de una vecina. «Cualquier niña podía acabar encerrada en alguno de estos reformatorios por el simple hecho de ser mujer. Se castigaba cualquier actitud, comportamiento o decisión sobre el propio cuerpo que pusiese en peligro el arquetipo único de mujer, porque las mujeres eran el primer vector de transmisión y educación de aquellas personas que, en el futuro, debían asegurar la continuidad del régimen», detalló Maria Palau.
El ingreso en los centros dirigidos por el Patronato conllevaba, además, la pérdida de la patria postestad por parte de la familia. «Todas esas niñas pasaban a ser hijas del Estado», apuntó Marta Garcia. Además, no era fácil escapar de esta prisión: «La clausura se terminaba cuando lo decidían las monjas que dirigían estos centros. Las formas de salir del Patronato era haciéndose monjas, casándose con el primer hombre que pasara o suicidándose. No tenemos cifras de cuantas mujeres se quitaron la vida en el Patronato o después de salir de él», agregó Maria Palau.
En este punto intervino Pilar Dasí, quien ofreció un relato en primera persona de cómo funcionaba esta institución. «A mí me ingresaron con 19 años. Mi mayor pecado era que me gustaba mucho leer e ir al cine», confesó Dasí, quien relató cómo consiguió salir del Patronato gracias a la intervención de Alberto García Esteve, abogado valenciano dedicado a la defensa de personas represaliadas por la dictadura: «Yo salí, pero durante 15 años más, muchas mujeres fueron encarceladas sin juicios ni explicaciones», apuntó.

Pilar Dasí, superviviente del Patronato de Protección a la Mujer, durante la mesa redonda. / Fernando Bustamante
Sobre las secuelas psicológicas tras el paso por el convento Madre Sacramento de las religiosas Adoratrices de València, Dasí reconoció que con ella «se logró el efecto contrario al que ellos querían. Lo primero que hice al salir del Patronato fue irme a Ibiza, apuntarme al Partido Comunista e irme a vivir con mi novio. Yo soy una de las personas rebotadas del Patronato, pero no hay que olvidar que muchas mujeres salieron de allí buscándose maridos terribles y han pasado por situaciones muy difíciles».
«Que viene el lobo...»
La segunda parte del debate puso el foco en el peligro de ciertos discursos actuales que supondrían un paso atrás en los derechos conquistados por parte de las mujeres en España. «Vemos cosas en las redes sociales que nos asustan, que tratan de invisibilizar de nuevo a la mujer, de ridiculizar las bases del feminismo y de cuestionar la violencia de género», advirtió Irene Campanario.
Por su parte, Maria Palau señaló que «llevamos mucho tiempo diciendo que viene el lobo y, probablemente, nunca se haya ido. El lobo está en las instituciones y gestiona cargos de poder. Tenemos que empezar a cambiar el discurso y a contar las cosas buenas que hacen las ovejas para parar al lobo».
En este punto, las ponentes incidieron en la importancia de cambiar esto desde la educación para llegar a los más jóvenes. Con esta finalidad nace el proyecto solidario Lecciones robadas. ¿Por qué perdimos la memoria? de Luís Vivas Ramos. «Creemos que es importante que esto llegue a las aulas. Hay pocos jóvenes que nos escuchan en las ponenias y es una forma de aterrizar estas historias olvidadas», apuntó Irene Campanario.

La periodista de Levante-EMV, Amparo Soria, moderó el debate sobre la historia del Patronato de Protección a la Mujer. / Fernando Bustamante
Del mismo modo, Marta Torregrosa apuntó que «el cómic es un recurso de aprendizaje muy valioso» para facilitar que estos relatos lleguen a la población más joven. «Para mí, este proyecto ha sido una oportunidad para descubrir la historia queno me contaron cuando estudié Bachillerato», añadió.
Finalmente, las cinco ponentes incidieron en la importancia de seguir trabajando e invirtiendo en proyectos que protejan la memoria histórica para evitar repetirla. «Es una cuestión de Estado —remarcó Dasí—. Los jóvenes pueden caer de un lado o del otro, pero esperemos que lo hagan del lado correcto de la historia, que es el nuestro».
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