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29-O

La dana generó 1,5 millones de toneladas de residuos, lo mismo que toda la Comunitat Valenciana en un año

Los residuos bloquearon infraestructuras de drenaje, impidieron el acceso de los equipos de emergencia y generaron riesgos sanitarios y ambientales

Un estudio de la UPV señala la necesidad de diseñar planes específicos de gestión de residuos y mejorar la coordinación entre administraciones, entre otras medidas, para reducir las consecuencias del desastre

Montañas de residuos y barro en las primeras semanas tras la dana, en la Torre.

Montañas de residuos y barro en las primeras semanas tras la dana, en la Torre. / José Manuel López

València

En la dana de 2024 se recogieron cerca de 1,5 millones de toneladas de residuos, una cifra equivalente a la generación anual de toda la Comunitat Valenciana. Así lo desvela un estudio de la UPV publicado por Fundación Naturgy, en el que se aboga por planificar la gestión de residuos como "una de las medidas más rápidas, eficaces y económicas para aumentar la resiliencia ante inundaciones extremas", como la que ocurrió el pasado 29 de octubre de 2024.

La dana deja un centenar de campas llenas de toneladas de residuos y coches

La dana deja un centenar de campas llenas de toneladas de residuos y coches / Germán Caballero

El informe arroja datos clave sobre la implicación de los residuos durante la tragedia y los días inmediatamente después. Y es que éstos bloquearon infraestructuras de drenaje, empeoraron el alcance de la inundación, impidieron el acceso de los equipos de emergencia, generaron riesgos sanitarios y ambientales y retrasaron la vuelta a la normalidad de las zonas afectadas.

El estudio, que se presentará este jueves 11 de noviembre en la UPV, demuestra que la planificación de la gestión de residuos es una medida esencial para afrontar futuras inundaciones. “Su correcta gestión nos ayudaría a reducir sus efectos y facilitar una recuperación mucho más rápida”, señala Miguel Ángel Artacho, profesor de la UPV, director del Centro de Investigación en Dirección de Proyectos, Innovación y Sostenibilidad (PRINS) y autor del estudio.

Artacho analiza lo ocurrido tras la dana y propone un conjunto de actuaciones para evitar que los residuos agraven los daños en próximos episodios. Aprender de la experiencia, diseñar planes específicos de gestión de residuos, mejorar la coordinación entre administraciones, incorporar especialistas en residuos en los equipos de emergencias e introducir innovaciones tecnológicas, pueden reducir las consecuencias del desastre. 

Así es el vertedero de los residuos de la Dana, en L'Alcúdia

Así es el vertedero de los residuos de la Dana, en L'Alcúdia / Perales Iborra

La gestión de residuos: la gran olvidada

Cuando una inundación afecta a zonas urbanas, la producción de residuos se multiplica de forma drástica. En la dana que el 29 de octubre de 2024 asoló parte de la provincia de Valencia se recogieron cerca de 1,5 millones de toneladas, lo mismo que en toda la Comunitat Valenciana en un año. Esta avalancha de materiales dañados y arrastrados por el agua tensionó significativamente los sistemas convencionales de gestión y añadió nuevos riesgos.

“A pesar de su relevancia, la gestión de residuos tras un desastre sigue siendo la gran olvidada de las medidas de prevención. Frente a las grandes obras de ingeniería que captan toda la atención pública —y que requieren años para ser diseñadas y ejecutadas—, las medidas no estructurales como la planificación previa de residuos son más ágiles, económicas, flexibles y sostenibles. Si mañana se produjera una nueva dana, las únicas actuaciones que podrían haberse puesto en marcha en un año serían precisamente estas medidas no estructurales”, señala el profesor Artacho.

El estudio propone reforzar el análisis de experiencias pasadas, diseñar planes específicos de gestión de residuos, mejorar la coordinación entre administraciones, empresas y ciudadanía, incorporar especialistas en residuos en los equipos de emergencia, simplificar los procedimientos legales y avanzar en tecnologías como inteligencia artificial, sensorización o blockchain para mejorar el control durante y después del desastre. También subraya la importancia de la educación y la formación, tanto de los técnicos como del conjunto de la población, para garantizar respuestas más eficaces.

Artacho destaca además varias áreas en las que todavía falta investigación. Entre ellas, la necesidad de crear estructuras organizativas más robustas para atender los desastres, perfeccionar los modelos de previsión de residuos, mejorar el análisis de riesgos y evaluar los distintos métodos de tratamiento teniendo en cuenta su impacto ambiental, económico y social a largo plazo. “El futuro ya no es lo que era; los desastres naturales, o más bien climáticos, tampoco son como antes. Comprender su dinámica y planificar la gestión de residuos es esencial para reducir sus consecuencias”, concluye Artacho.

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