Alcantarillado en zona dana
“Estamos encima de un queso gruyère y no sabemos dónde están los agujeros”
El subdirector de Infraestructuras de la escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la UPV, Miguel Ángel Eguibar apuesta por "autopistas" subterráneas que den salida al agua contra el colapso de la red

Redacción Levante-EMV

Las metáforas que emplea Miguel Ángel Eguibar son muy gráficas. El efecto del lodo y los sedimentos sobre toda la red de alcantarillado en la zona cero de la dana se parecen a la solidez de un cenicero de arcilla cuando se seca. Las filtraciones de agua en unos colectores dañados y frágiles cuando llueve dejan el suelo como un queso gruyère, y caminamos sobre él sin saber dónde están los agujeros. Y, para evitar las imágenes de calles inundadas y de balsas de agua en caminos y carreteras, propone una solución, también muy gráfica: “autopistas subterráneas” como grandes troncos de un árbol que den salida a las aguas atascadas en las tuberías que acumulan, aún, fango y residuos.
Los temporales de este otoño, con avisos meteorológicos hasta de nivel rojo entre septiembre y octubre, ya habían puesto a prueba las redes de los municipios. Hasta ahora, en general, el sistema ha resistido, pero las últimas lluvias lo han llevado hasta su límite de resistencia. Porque, aunque es cierto que se han realizado obras de emergencia en los últimos meses, se requiere una intervención integral.
Así lo considera Miguel Ángel Eguibar, subdirector de Infraestructuras de la escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universitat Politècnica de València. De hecho, se lo ha planteado a varios ayuntamientos, como el de Catarroja, uno de los términos municipales que más ha golpeado la lluvia de estos últimos días. También trabaja en un proyecto en Cheste. Ambos tienen una raíz común: la idea de una “autopista subterránea” que, como el tronco de un árbol, recorra el subsuelo de los cascos urbanos de los municipios inundables para poder desaguar las aguas.
“Durante la dana, la crecida arrastró muchos sedimentos, la carga sólida fue muy importante, y las aguas, en València ya muy duras y con mucha cal, recibieron carga de materiales como el limo y la arcilla”, explica Eguibar. Esos restos arcillosos llegaron a los colectores o tuberías y se secaron a los pocos días, y a ellos se sumó el efecto del lodo sacado de las calles por los voluntarios, que intentaban responder a la emergencia en las calles vertiéndolo a los imbornales. “El efecto es como el de uno de esos ceniceros de arcilla que se hacen en el colegio, una vez están amasados y pasan un par de días, se hacen duros como una piedra”, ejemplifica. De la misma forma que el barro se solidificó sobre botas de agua, pantalones y palas tras la dana, y se convirtió en “una costra dura e imposible de quitar”, lo hizo también sobre las tuberías, impidiendo en algunos puntos el paso del agua.
Los ayuntamientos, reconoce, hicieron un gran esfuerzo para retirar esa pasta arcillosa. Lo intentaron con mangueras a presión, que pasaron por los colectores más grandes y le dieron una salida. En los medianos costó más, y en los pequeños fue, directamente, imposible. Hasta la fecha, sigue siéndolo en muchos puntos, y por eso algunas calles, plazas y hasta carreteras han visto balsas de agua e inundaciones estos días.

Las lluvias colapsan el alcantarillado de Benetússer. / Sara García
“No se puede ver cómo está el colector por dentro”
“El problema es que tú no sabes cómo está el colector por dentro, no lo puedes ver desde fuera”, explica. Lo que sí se sabe es que la red, en muchos puntos, ha perdido “capacidad hidráulica” a consecuencia de la barrancada. Pero es casi imposible decir dónde exactamente se ha dado esa dinámica. “No es un problema general, está todo muy atomizado y cualquier callecita lo puede tener”, indica Eguibar. El único metodo que se ha probado para “mapear” esos daños en el alcantarillado es introducir una cámara por los colectores, pero por los más pequeños ni siquiera puede pasar.
Así que la solución que ha propuesta a ayuntamientos como el de Catarroja es la creación de una gran autopista de salida de agua, un macrocolector tendido de aguas abajo a aguas arriba. “Todo lo demás son parches; no haremos nada a trocitos si no tenemos un sitio donde el agua desague”, destaca el ingeniero. En el caso de Catarroja, planteó que el gran colector comenzara en la pista de Silla, fuera por la Rambleta -que es un punto bajo- hacia aguas arriba y abriera todo en canal para sacar pluviales y residuales por el colector oeste, aunque no se pudo hacer finalmente esa conexión. Si se tratara de levantar un árbol, señala, esa gran canalización actuaría de tronco y la red urbana serían las ramas. Algo parecido ha planteado en Cheste, desde el polígono industrial por todas las vías principales para verter en alguno de los barrancos.
Un queso de gruyère
Pero estas soluciones deben atender, además, a dos problemas que van más allá de las inundaciones. El primero es el problema de salud pública que supone el hecho de que la mayor parte de las redes de los núcleos urbanos son unitarias, es decir, que no tienen separadas las aguas pluviales y las fecales. “Cuando llueve se mezcla todo y, si el colector no tiene capacidad lo tiramos a una arqueta que va a l’Albufera, o sea que nos hacemos trampas al solitario”, ha denunciado.
El segundo es el efecto de una cierta erosión sobre abajo del suelo. La ejercen las filtraciones de agua de los colectores dañados y frágiles tras la dana que, cuando llueve, entran en situación de carga y pierden agua por sus grietas. “Se genera un lavado del suelo, una erosión silenciosa que hace que caminemos por encima de un queso gruyère sin que podamos saber dónde están los agujeros”, advierte.

El barranco de la Saleta en Aldaia amanece con normalidad tras la alerta roja por lluvias. / Germán Caballero
Casi 440 millones
El coste de esas actuaciones está ya calculado en una resolución de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente (Miteco), firmada en octubre de este año. Asciende a 437,8 millones, que es la cantidad destinada a subvenciones directas a municipios y empresas del ciclo del agua.
Catarroja, donde se han centrado los daños por inundaciones estos días, es el municipio en el que más se va a invertir: 71 millones de euros para los trabajos de reparación y sustitución de su alcantarillado devastado por la dana, que trastocó el funcionamiento de sus infraestructuras de abastecimiento, saneamiento y estaciones de depuración. En Paiporta se ejecutarán obras por valor de casi 53 millones, mientras que en Utiel serán 33 millones. Eso sí, los proyectos tienen una ejecución larga, de 48 meses.
Calles, bajos y garajes
Pero, a corto plazo, la lluvia ha hecho que muchos vecinos y vecinas de la zona cero de la dana del pasado 29 de octubre de 2024 pasaran estas últimas jornadas en alerta por el riesgo de inundaciones, una situación que ya se ha dado en varios municipios en las últimas horas. Durante la madrugada, en Catarroja se han acumulado más de 60 litros por metro cuadrado y en Albal se han rebasado los 50.
Estas lluvias persistentes han provocado que se anegaran numerosas calles, plantas bajas y garajes, con especial incidencia en la localidad de Catarroja. La lluvia, casi continua a lo largo de la noche, ha ido llenando de agua los puntos más vulnerables de este municipio. Sobre todo, destaca la zona de la Rambleta, una de las más afectadas por la barrancada del 29-O, donde las calles han llegado a presentar más de un palmo de agua.

Un tramo de la Pista de Silla se inunda tras las fuertes precipitaciones / José Manuel López
Algunos tramos de vías, anegados
A pesar de las actuaciones llevadas a cabo por la administración, lo cierto es que todavía hay tramos de la red que siguen presentando atascos y obstrucciones, y no solo en los municipios. Esto también ocurre en enclaves relevantes como la Pista de Silla, que ya padeció con dureza el impacto de la dana y donde este miércoles se ha inundado un tramo de una de sus vías de servicio.
“Por debajo de la pista de Silla hay todo un entramado de acequias, que muchas ya no funcionan como tales pero se han convertido en colectores que pueden generar vertidos a la pista de Silla, que está muy baja”, explica Miguel Ángel Eguibar. “Sería prioritario levantar la vía en ciertos puntos por lo menos, como se hizo en la entrada de Cullera, pero es muy caro y no hay que olvidar que tenemos el Parc Natural de l’Albufera al otro lado”, añade.
Suscríbete para seguir leyendo
- Un tren de Ouigo Madrid-Valencia sufre dos paradas y acumula una hora de retraso
- Tres horas en un Iryo con destino València: 'La maquinista nos avisó del estado de las infraestructuras
- La Aemet empieza a activar los avisos meteorológicos en Valencia por la inminente llegada de la borrasca Harry
- Alfonso Novo (gerente de FGV): 'Hay pueblos donde el metro pasa cada 40 minutos y el máximo deben ser 20
- Vivir embotellado como pasajero en un AVE a Valencia: "Perdí la noción del tiempo"
- La burbuja del alquiler ya expulsa a los universitarios de València: “Me planteo dejar la carrera”
- El jefe de gabinete de Mazón contactó con la exconsellera Pradas trece días antes de que el expresidente dimitiera
- Nieve, frío y viento en la Comunitat Valenciana: la Aemet activa el aviso amarillo para este fin de semana