Catalá-Mompó: intrahistoria de una bronca política dentro del PPCV
El pique por la lona en la plaza de toros entre la alcaldesa de Valencia y el presidente de la diputación provincial tiene detrás años de desencuentros orgánicos y conflictos de gestión en torno a edificios públicos como el de Hacienda o la Casa dels Bous

Vicent Mompó, María José Catalá y Esteban González Pons, esta semana. / Miguel Angel Montesinos
Una de las comidillas de las últimas semanas dentro del PP de Valencia (y alrededores), tanto en público como en privado, ha sido la famosa lona que la Diputación de Valencia instaló en la plaza de toros. En ella, con unos versets de Al Tall (que vinga que vinga que vinga la llum), el equipo de Vicent Mompó lanzaba una campaña publicitaria para anunciar la nueva iluminación del coso taurino, pero también jugueteaba con su compañera y alcaldesa de Valencia, María José Catalá.

Lona desplegada en la plaza de toros. / Levante-EMV
Y es que aquella popular canción de Al Tall continuaba con un "I al senyor alcalde que li peguen en el cul", dando pie a una ironía, un pique simpático de vecinos entre los que debería haber confianza y que en el equipo de la alcaldesa no quisieron entender: "La falta de luces es un problema", zanjaron. Así que si algo ha 'iluminado' esta campaña es que ni hay buena sintonía entre ambos, ni tampoco existe en la plaza del Ayuntamiento el más mínimo interés en disimular que las relaciones entre la jefa del PP de la ciudad y el del PP de las comarcas del resto de Valencia son malas.
La de Mompó y Catalá es una tensa relación que necesita más de una lona publicitaria para ser explicada. Tiene réplicas en cuestiones de gestión, en proyectos vinculados a la ciudad que tienen en custodia compartida las dos instituciones. Pero, sobre todo, tiene unas raíces profundas, referidas a lo orgánico, a la familia política, al pueblo.
Fuentes del PP señalan que, parafraseando a Vargas Llosa, lo de Catalá y Mompó se jodió hacia 2021. Antes de que ella fuera alcaldesa de Valencia, y antes de que él fuera jefe de la diputación. Ese año, Mompó apostó por Amparo Folgado como líder del PP en Torrent en el congreso municipal, donde le salió como competidor Arturo García, afín a Catalá.
Catalá fue alcaldesa de Torrent entre 2007 y 2012, cuando dio el salto a la política autonómica. Pero como todo ex, seguía atenta a lo que ocurría en su antigua casa. Catalá y Folgado pasaron de colaboradoras a rivales. Folgado acabaría siendo candidata en 2023, nueva alcaldesa y diputada provincial del equipo de Mompó, pero con un PP local erosionado y donde la dirección regional impuso a varios afines a la exalcaldesa en la lista. En el entorno de Catalá no perdonan que Folgado se fuera por libre.

Mompó y Amparo Folgado, alcaldesa de Torrent, en Fitur. / Levante-EMV
Nuevo choque en la sucesión de Mazón
La tensión Catalá-Mompó, en todo caso, ha vuelto a aflorar más recientemente, en el contexto de la sucesión de Carlos Mazón por Juanfran Pérez Llorca. Con el expresident ya resuelto a dimitir, los líderes del PPCV y Pérez Llorca quisieron marcar el paso de una transición que, según estatutos, le corresponde pilotar a la dirección nacional. Ante el temor de que Génova impulsara a Catalá como sucesora, los barones provinciales presionaron por una salida con Pérez Llorca de president y Mompó como opoción de futuro. Una maniobra que no gustó a la alcaldesa, obviamente, porque la señalaba, y la dibujaba como una dirigente poco del agrado del resto del partido.
Con todo, Catalá tampoco estaba interesada en ocupar el cargo que Mazón dejaba vacante en el Palau de la Generalitat, sobre todo en medio de un contexto volátil por la crispación en torno a la dana y arriesgando el futuro del ayuntamiento, como se ha ocupado de dejar claro en público y en privado.
El nuevo president y la alcaldesa han reconstruido los puentes, con guiños a Catalá en los nombramientos del Consell, pero al de Gavarda le han tomado la matrícula en la plaza del Ayuntamiento. Tanto que incluso en la cena de Navidad del PP de Valencia se dudó sobre la presencia y el parlamento de Mompó hasta última hora.
Choques en el Cabanyal y edificio de Hacienda
Fuentes de los dos equipos, aunque restan gravedad a los desencuentros, sí reconocen que entre Mompó y Catalá no hay una relación de las de ir a tomarse copas juntos. Si hay, en cambio, una agenda de asuntos espinosos que tiene que ver con proyectos de la ciudad donde las dos instituciones tienen voz y voto o están obligados a entenderse. Uno de ellos ha sido el conflicto en torno a la Casa dels Bous, futuro Museo del Mar, tal como publicó Levante-EMV.

María José Catalá, en la Casa dels Bous, en 2023. / Mao
Se trata de un proyecto en el Cabanyal heredado del consistorio de Joan Ribó. El anterior ayuntamiento dejó rehabilitado este emblemático espacio para convertirlo en parte de un gran proyecto museístico en el distrito marítimo. El ayuntamiento quería ponerlo en marcha este pasado otoño. En concreto, quería que l'Etno (el reputado museo de cultura popular de la diputación) lo llenara de contenido, y se ocupara del mantenimiento, limpieza y gestión, con un coste de unos 200.000 euros al año. La diputación ha frenado las pretensiones del ayuntamiento, y el proyecto está parado.
Otro conflicto latente se da en el corazón de la ciudad, en la antigua sede de Hacienda de la calle Guillem de Castro. Este edificio está sobre un terreno que la diputación y el ayuntamiento cedieron al estado en 1951, y tras el fin de la actividad estatal, las administraciones han conseguido recuperarlo a través de los tribunales.
El problema es qué hacer con este edificio en custodia compartida. Y, sobre todo, quién lo hace. El ayuntamiento, que tiene el 60 %, lo quiere, pero la diputación también reclama su espacio. De hecho, es una de las alternativas que contempla Mompó para convertir en museo y albergar el enorme tesoro artístico provincial que está almacenado en Bétera.

Edificio de Hacienda en Guillem de Castro que ahora es del ayuntamiento y la diputación. / Germán Caballero
El ayuntamiento, como adelantó Levante-EMV, quiere el edificio completo y ha ofrecido como contrapartida la cesión a la diputación del Palacio de Montortal para esos usos culturales, un inmueble que el anterior gobierno municipal adquirió por 3,5 millones. Pero el 'negocio' no convence al equipo de Mompó. Este edificio, en la plaza Tetuán, está en estado ruinoso, y son apenas 1.800 metros cuadrados frente a los 8.000 del edificio de Hacienda.
A pesar de los choques, públicos y privados, la relación entre ambas administraciones ha estado bien engrasada económicamente. València, que no es precisamente un pequeño ayuntamiento de los que concentran el grueso de las ayudas de la diputación, sí es un receptor habitual de las subvenciones directas del equipo de gobierno de Mompó, una generosidad que recuerdan en el Palau de Batlia.
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