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Fertilidad

José Remohí, fundador del IVI: “Si dicen que la reproducción asistida es antinatural, lo sería toda la medicina”

El fundador del IVI, José Remohí, sigue pasando consulta en la clínica de fertilidad: “Nazcan donde nazcan, los niños IVI llevan apellido valenciano”

“Se solía decir que hacer reproducción asistida era pegar un tiro al aire y ahora funciona en el 70% de los casos”, asegura

José Remohí en su despacho de la plaza del Ayuntamiento de València

José Remohí en su despacho de la plaza del Ayuntamiento de València / Francisco Calabuig

Marta Rojo

Marta Rojo

València

Desde su puesto al otro lado del escritorio en la consulta, José Remohí tiene una visión privilegiada de los cambios sociales. A las visitas en el Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) que cofundó junto al también ginecólogo Antonio Pellicer hace 35 años, acuden hoy desde mujeres que quieren ser madres sin pareja hasta parejas de mujeres. También, sobre todo, pacientes que quieren congelar sus óvulos, y otras con problemas de fertilidad. “Hoy, tratamos a mujeres que no son infértiles sino que quieren tener hijos con una trazabilidad, una seguridad o sin depender de situaciones que para ellas no son naturales”, considera. Es el presente del IVI, hoy integrado en el grupo IVIRMA, a su vez en manos del fondo KKR. Desvinculado ya de la gestión diaria, Remohí sigue ejerciendo como médico especialista en fertilidad, una especialidad que reivindica. Cuando empezó, se veía tan complicada como “pegar un tiro al aire” y ahora funciona en el 70% de los casos. “Eso significa que queda margen de mejora”, indica. Una especialidad en constante cambio que aún hoy tiene que enfrentarse a tabúes y estigmas. “Hace décadas se hablaba de estas técnicas como antinaturales y, a quienes lo consideran así, les diría que la medicina en general es antinatural”, zanja.

El fundador del IVI, José Remohí, en su despacho de la plaza del Ayuntamiento de València

El fundador del IVI, José Remohí, en su despacho de la plaza del Ayuntamiento de València / Francisco Calabuig

Hace una década, usted decía que su día a día era un poco como el del doctor Jekyll y Mr. Hyde: en consulta por las mañanas y en la gestión empresarial por las tardes. ¿Sigue siendo así?

Así ha sido durante toda mi vida. Desde el año 90, cuando fundamos el IVI. nos dimos cuenta de que a la fuerza, tenías que ser gestor también. Los primeros años, con unas dimensiones más reducidas, pero aun así tenías que emplearte en organizar recursos humanos, compras, toda una serie de gestiones que no son estrictamente medicina. Pero yo siempre he dicho una frase: yo soy médico, nunca voy a renunciar a ser médico, y me da mucha satisfacción. No renuncio a eso y soy un privilegiado por poder seguir practicando la medicina en el día a día, pasando consulta. Ahora ya no gestiono la clínica; desde que entró [el fondo] KKR [que compró IVI-RMA en 2023] di un paso al lado en la gestión, pero sí que gestiono las empresas familiares, la “family office”. Y, en paralelo, además de pasar consulta sigo con la docencia, tanto a los estudiantes de Medicina como de posgrado, además de formar a los profesionales que, durante generaciones, han pasado por el IVI. Esa transmisión llena mucho.

¿Qué encuentra en el trabajo diario en la consulta? ¿Qué perfiles de pacientes y qué problemáticas?

De todo. Generalmente, las problemáticas de las pacientes que vienen al IVI hoy son muy diferentes a las de hace 35 años, o a las de hace 25, o a las de hace 15. Ahora hay más clínicas de reproducción en el mercado, mientras que, antiguamente, cuando hacíamos el MIR, las técnicas sofisticadas de reproducción asistida no existían. Eran muy rudimentarias de los años 50 y 60. En esa época, hace 35 años, se decía que hacer reproducción asistida era como pegar un tiro al aire. Había ginecólogos que, cuando les llegaba una paciente o una pareja estéril, entendían que era una piedra en el zapato, un dolor de cabeza. Todo eso ha ido evolucionando y los nuevos especialistas ya salen de las universidades y las residencias formados con esos conceptos y técnicas. Eso ha dado lugar a una proliferación de clínicas de reproducción, mientras que hace tres décadas estábamos prácticamente solos. Pero sí que existe un filtrado de pacientes: la mayoría de las que llegan a nosotros ya han pasado por otros centros antes, y suelen ser casos más complejos.

El fundador del IVI, José Remohí, en su despacho de la plaza del Ayuntamiento

El fundador del IVI, José Remohí, en su despacho de la plaza del Ayuntamiento / Francisco Calabuig

La sociedad ha cambiado mucho en esos 35 años. ¿Es la consulta un espejo de esos cambios?

Lo que observamos en consulta, sobre todo, es que hoy en día se retrasa la maternidad. Mi abuela, a los 24 años ya tenía a mi padre y a mi tío, y eso hoy en día no existe. La consulta es el resultado de una cadena de transmisión, las visitas son una consecuencia de los cambios sociales. Por ejemplo, ahora tenemos más pacientes de 40 años que menores de 35. ¿Por qué? Porque ha cambiado el rol de la mujer en la sociedad: se ha incorporado al mundo académico y profesional desde hace muchos años y, con ello, va retrasando a la fuerza su maternidad. El concepto social de objetivos vitales de una mujer ha cambiado mucho y eso conlleva que las mujeres hoy puedan verse desfavorecidas desde el punto de vista reproductivo. Los dos mundos, el social y el biológico, generan presión en direcciones opuestas y eso hace que se acorte el periodo en el que es probable que la mujer sea madre. 

Y ese es uno de los factores que explican que se recurra a la reproducción asistida, pero no el único.

No el único. Por una parte, ha aumentado la congelación de óvulos, la vitrificación de óvulos por una indicación social: se ha extendido el deseo de guardar los propios óvulos para ser la propia donante. Pero por otra parte, vemos el crecimiento de diferentes tipos de familias: desde las mujeres que quieren ser madres solas, que ha sido un gran cambio, hasta las parejas de mujeres homosexuales que quieren ser madres. No hay semana en la que no vengan varios casos de este perfil. Eso es un cambio muy grande: tratamos a mujeres que no son infértiles sino que, a la hora de tener un hijo, lo quieren tener con una trazabilidad, una seguridad o sin depender de situaciones que para ellas no son naturales. Aun así, los problemas de infertilidad siguen siendo mayoría en la consulta.

Cuando el doctor Pellicer y usted volvieron de Estados Unidos con la idea de la hiperespecialización en mente, se encontraron con un sistema sanitario español al que ese concepto le resultaba ajeno, una medicina que estaba en otro momento. ¿De qué cambios del sistema han sido testigos en estos años?

Ha cambiado. Nosotros hemos tenido la suerte de haber aprendido un modelo en el momento en que la medicina, una parte de la medicina, se tenía que basar en la superespecialización. En algunos ámbitos se entiende que el mejor cirujano es el que te puede operar de la pierna, del brazo y de la columna. Pero hoy sabemos que no, que dentro de los conocimientos globales, dentro de la misma especialidad hay muchos mundos. En la ginecología cambia mucho, por ejemplo, de lo que es la obstetricia a los partos, de la reproducción asistida a la oncología ginecológica. Yo hace 30 años, o más, que no estudio obstetricia u oncología ginecológica, estudio reproducción, pero en las cosas de las que no estoy al día, para eso están mis compañeros. El trabajo en equipo hace que, aunque yo no estudie oncología ginecológica, puedo ser uno de los mejores oncólogos ginecológicos de València, porque te remito al que sé que es el mejor.

José remohí en su despacho de la plaza del Ayuntamiento durante la entrevista

José Remohí en su despacho de la plaza del Ayuntamiento durante la entrevista / Francisco Calabuig

Y, a pesar de todos esos cambios, ¿sigue habiendo un cierto tabú o estigma en torno a la reproducción asistida?

Es un campo en el que se han dado muchos avances. Cuando yo estaba en Estados Unidos, en uno de los mejores centros del mundo en California, la tasa de embarazo con la técnica más sofisticada que existía a finales de los 80 era solo de un 19%. Hoy en día, fácilmente es de un 70%, lo que significa que ha avanzado muchísimo pero queda margen de mejora. Pero esas tasas iniciales hacían que mucha gente que se dedicaba a la ginecología en España intentaba huir del espacio de la reproducción asistida. A eso se suma que hace décadas se hablaba de estas técnicas como antinaturales. A quienes lo consideran así les diría que la medicina en general es antinatural. Lo natural sería, por tanto, que te mueras cuando tienes una apendicitis, o una neumonía, o un cáncer. Pero la medicina va en contra de que te mueras, va a favor de que mejores tu vida, y en esa misma línea está la reproducción asistida. Todo está hecho en contradirección de morirnos precipitadamente o de causar graves problemas.

En reproducción, suele usted decir que el primer hito histórico fue la píldora anticonceptiva, y el segundo fue la congelación de óvulos. ¿Cuál será, en el futuro, el tercero?

Escojo esos dos hitos históricos porque en los años 50 y 60, la píldora anticonceptiva permitió a la mujer tener una vida sexual libre del riesgo de maternidad, mientras que la vitrificación de los óvulos, técnica venida de Japón que introdujo en España mi mujer, la doctora Ana Cobo, permite a la mujer elegir el momento de su maternidad si la quiere utilizar. Yo se lo aconsejo a todas las mujeres, y no me cabe la menor duda que llegará un día que todas se lo harán. Ojalá pudiéramos conservar células de otros tejidos de esta forma, de la retina o del hígado, y poderlas utilizar en un momento determinado, cuando hiciera falta. Y, en cuanto al tercer hito, será sin duda la genética. El tercer hito va a ser la genética y sus relaciones con la medicina regenerativa. Se usará la genética para corregir enfermedades. Es decir, no para evitar la herencia de trastornos genéticos hereditarios, que eso ya lo hacemos, sino para evitar la aparición de patologías directamente. Una cosa es evitar que el hijo de un hemofílico sea hemofílico también, cosa que ya se hace, y otra es cómo se puede corregir genéticamente la propia hemofilia.

¿En qué momento se encuentra actualmente el IVI? ¿Hacia dónde ha ido el modelo que usted cofundó?

Hay muchas líneas de investigación. Si se consigue el 70% de embarazos es que hay márgenes muy amplios donde no lo conseguimos. Las líneas actuales son muy diversas; van desde el rejuvenecimiento ovárico a la genética aplicada a la embriología, pasando por la inteligencia artificial para seleccionar los embriones. Actualmente, el IVI es el grupo más importante en el mundo, con muchos centros estadounidenses muy potentes incorporados bajo este paraguas. En su día ya dijimos que cada cinco minutos nace un niño IVI. En una reunión que tuvimos el año pasado pusieron una pantalla con un cronómetro en el que iba cambiando el número, y cada número significaba un niño nacido. Durante lo que duró esa reunión, nacieron un montón en cualquier parte del mundo. Eso es un honor: nazcan donde nazcan, yo siempre he dicho que llevan apellido valenciano. Así, llevamos el nombre de nuestra ciudad a todo el mundo, pero además construimos “marca España”.

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