Dana
"Esto se quedó muerto y ha costado mucho volver": las segundas navidades de la nueva vida del mercado de Paiporta
La plaza y los puestos se llenan de clientes, niños que bailan villancicos y almuerzos de mayores en los días previos a navidad
El mercado fue arrasado por la dana del pasado 29 de octubre, y hoy el ascensor sigue inundado y los cristales mal sellados

Marta Rojo

El mercado, estos días, no tiene pérdida. El sonido de la música alcanza casi hasta la rambla del Poyo, donde las máquinas que trabajan en el cauce, el árbol que se yergue, resistiendo, y la pasarela encerrada por vallas son un recordatorio constante del trauma. Sería difícil escapar a la imagen del agua desbordándose y a la sensación de que Paiporta sigue siendo una localidad herida, si no fuera porque empieza a llegar la música: ‘Jingle bells’. Seguir la canción lleva directamente a la plaza Cervantes. En medio de un corro de niños del CEIP L’Horta, un altavoz gigante atrae a la gente al entorno del mercado municipal.
El mercado puede marcar en el calendario las navidades de 2024 como su segundo nacimiento, el que llegó tras la dana, cuando el lodo inundó los puestos, destrozó cristales e inutilizó los sótanos. Casi un año después de su reapertura simbólica el 31 de diciembre del año pasado, los clientes habituales y el tesón de unos comerciantes que han vivido la destrucción en sus propias carnes insuflan vida a un mercado que funciona a pleno rendimiento pero con heridas visibles.

La vida vuelve al mercado de Paiporta después de la dana / Germán Caballero
"Al mercado hace mucho que no venía"
Uno de los niños con una diadema con orejas de reno que animan la plaza es Yeray. Su madre, Mari, lo mira, orgullosa. El año, asegura, ha sido muy duro para la familia. “Vivimos al lado del barranco”, resume. Su casa, en un segundo piso, se salvó del lodo pero no de los robos perpetrados en viviendas que se quedaron sin puerta principal como consecuencia del arrastre del barranco. Se quedó sin parte de sus muebles, sin televisor, le destrozaron la ducha. “No fue como cuando hubo robos en los supermercados porque la gente se quedó sin comida el primer día”, asegura. Pero, incluso meses después, la vida siguió sin ser lo que era. Yeray, que había encontrado en el deporte una forma de contrarrestar su TDAH, se quedó sin campo de fútbol; lo pararon todo, durante un tiempo que se le hizo eterno. “Al mercado hacía mucho que no venía”, reconoce Mari. Le da tristeza, como ver el barranco. Pero hoy su hijo, que desde hace unos meses entrena con los grupos infantiles del Valencia CF, baila en la plaza.
“Ya vienen los reyes”, se escucha por el altavoz. Y con la navidad y los reyes, los clientes fieles, como Amparo. Hoy, ha hecho una ronda por la pescadería y la frutería junto con su nuera y su nieta, que normalmente viven en Barcelona pero están pasando unos días en Paiporta. “La cosa se ha movido un poquito pero se necesita más”, resume Amparo. Se imagina cómo quedó el edificio del mercado tras el impacto del agua, pero no lo vio. Bastante tenía con lo suyo, con el arrase de su propia casa y la pérdida de sus coches, dice. “No salí de mi zona en varios días”, reconoce. Pero ahora sí, ahora viene casi a diario. “Soy muy de venir”, se define. Y, como clienta habitual, sabe lo que se ha resuelto y lo que no en el mercado. Cuando llueve, por ejemplo, se genera dentro de las instalaciones “un diluvio total”. “Tienen que solucionarlo; dicen que la burocracia va lenta, pero veremos cuánto de lenta”, lamenta.

El foso del montacargas con agua en el mercado de Paiporta / Germán Caballero
Goteras, un foso inundado y mucho por hacer
Demasiado lenta, coinciden Julio, Yolanda y David, que tienen paradas en el interior del mercado. La de Julio es una droguería de productos a granel biodegradables. “Cuidemos el planeta”, dice un cartel. “Menos que limpiar”, añade otro. “La vida ha vuelto con mucho esfuerzo, mucho trabajo y mucha ilusión”, asegura. Con ella, los clientes, que tenían “muchas ganas”, añade. En la zona no hay supermercados y gran parte de la clientela es gente mayor, para quien el mercado es un lugar de compra, pero también un espacio de socialización.
Pero queda mucho por hacer. “Mi deseo de navidad es que se mojen un poco más las instituciones y podamos solucionar los problemas”, reclama Julio. Problemas como los de los cristales: los rotos se repararon pero la presión del desbordamiento actuó sobre todos ellos y ahora no están bien sellados y dejan pasar el agua cuando llueve. También las goteras, o una puerta rota. Pero los comerciantes también critican el retraso de muchas reparaciones. “Los almacenes los íbamos a tener listos en abril, pero al final fue en septiembre”, explica. Aun así, no los pueden utilizar, porque entró agua en el foso del ascensor y todavía no lo han podido vaciar.

Julio a las puertas del mercado de Paiporta / Germán Caballero
Terapia de mercado
“Dime, Amparo”. “Patatas: un kilo”. Parece que lleve toda la vida atendiendo a la clientela del mercado pero, para David, la dana fue la puerta de entrada a vender en estas instalaciones. Llevaba esperando desde 2022, cuando cursó su solicitud. Como no le dieron, entonces, el puesto, siguió trabajando en Correos. Y llegó el desbordamiento del barranco del Poyo y lo perdió casi todo: 100.000 euros, una mascota y la sensación de seguridad al ser testigo de cómo sus vecinos mayores, muertos en su casa, fueron abandonados en ella durante una larga semana.
El dolor le acompaña desde entonces. También a muchas de las personas que diariamente compran en su puesto, a las que hablar con David y otros comerciantes les sirve como terapia. “Una señora, por ejemplo, que se quedó encerrada fuera de su casa y no pudo hacer nada por su marido inválido, que se ahogó”, relata. Es solo un ejemplo de lo que se cuenta en los puestos del mercado de Paiporta. “Es que quien no ha estado aquí no lo entiende; no solo la inundación, sino el abandono de después”, afirma.

El puesto de frutería de David en el mercado de Paiporta / Germán Caballero
"Esto se quedó muerto y ha costado mucho volver a empezar"
Pero Yolanda sabe que devolver la vida al mercado, y a la localidad, implica darlo todo. Por eso, corrió todo lo que pudo para devolver a la vida sus dos academias de baile, ‘Impuls’. También, claro, su puesto, ‘La birreta’, una cervecería contagiada del espíritu navideño hasta tal punto que sus trabajadoras llevan orejas de reno y gorros navideños.

Las mujeres congregadas por la escuela de baile Impuls, de Yolanda, almuerzan en el mercado de Paiporta / Germán Caballero
“El mercado daba muchísima vida y, con la dana, esto se quedó muerto y nos ha costado mucho volver a empezar”, lamenta. Desde la barra de ‘La birreta’ habla a diario con mucha gente, y por eso sabe que las personas mayores fueron las más perjudicadas por la dana, además de por la elevada mortalidad, porque perdieron muchos espacios de socialización. Así que, cuando pudo reabrir su academia de baile, organizó clases para mayores. Son las mismas mujeres -sobre todo- a las que se ha llevado a la plaza del mercado. “De vez en cuando les digo que se vengan, así la gente las ve y activamos el entorno del mercado”, explica. Esta mañana, han bailado antes que la actuación de los niños, y ahora almuerzan, al sol, entre risas. Queda mucho trabajo por delante, insiste Yolanda. Pero la vida se abre paso en Paiporta, a pesar de todo. “Saca la bota María, que me voy a emborrachar”, cantan las mujeres. Han vuelto, al menos, las ganas de celebrar.
Suscríbete para seguir leyendo
- La Aemet empieza a activar los avisos meteorológicos en Valencia por la inminente llegada de la borrasca Harry
- La Aemet emite una nota especial por el temporal de lluvia y viento que llega a Valencia: podrían caer entre 100 y 200 litros por metro cuadrado
- Los meteorólogos avisan y la Aemet confirma lo que llega a la C. Valenciana: temporal de nieve, lluvia y mala mar durante varios días
- Los meteorólogos anuncian 'llevantà' en Valencia y la Aemet, crecidas de ríos e inundaciones: 'Puede haber daños en los paseos marítimos
- La Aemet notifica un cambio de tiempo en Valencia y pone fecha al regreso de las lluvias
- Alfonso Novo (gerente de FGV): 'Hay pueblos donde el metro pasa cada 40 minutos y el máximo deben ser 20
- La burbuja del alquiler ya expulsa a los universitarios de València: “Me planteo dejar la carrera”
- El Pla de Quart, más de mil campos de fútbol y punto de partida de los parques inundables