Resurgir del barro a golpe de premio: la ilusión se busca en la zona cero
La administración de Bonaire roza el «no hay billetes» un año después de ser arrasada por la riada

Pedro Cámara atiende en la administración de lotería de Bonaire, este domingo. / Eduardo Ripoll

El 22 de diciembre de 2024, sobre las 11:15 horas de la mañana, los niños de San Ildefonso cantaban el 48020 como uno de los cuartos premios de la Lotería de Navidad, un número del que la Administración nº3 de Aldaia había vendido 10 décimos, esto es, 200.000 euros en premios. Sin embargo, no hubo imagen de celebración, ni el típico cartel que imita el boleto premiado, ni espumoso soltando burbujas al aire; todo era silencio, vallas de obra y signos del barro que había devorado Bonaire, zona cero de la dana reconvertido 364 días después en uno de los epicentros en la búsqueda de la suerte de última hora.
"Mi hija se ha empeñado en que viniera a comprar", dice Luz, una de las compradoras que espera con paciencia su turno en una cola que no deja de crecer por mucho que tras el cristal el ritmo sea frenético. El cóctel de factores es amplio: zona con mucho paso de gente por las compras navideñas, la superstición de ser un comercio afectado por la dana (lo que ha llevado a que vayan clientes desde Bilbao, Madrid o Tarragona) y haber dado premios de manera consecutiva los últimos dos años, 2023 y 2024, tanto en la Lotería de Navidad como en El Niño, motivo por el que la hija de Luz le ha pedido que por favor compre uno.
Pero la historia podría haber sido muy diferente. Todo estuvo a punto de perderse el 29 de octubre, cuando la barrancada arrasó el centro comercial a orillas del barranco de la Saleta. 'La Gran Ilusión', nombre de la administración de lotería, no fue una excepción de aquella devastación. Solo se libró la puerta, cuenta Pedro Cámara, gerente del establecimiento fundado 23 años atrás por su padre, José Cámara, que marca con la mano hasta dónde llegó el agua dentro de la caja fuerte. Ahí estaban guardados los boletos para los dos sorteos que estaban por venir: en la parte superior estaban los del 22 de diciembre y abajo, los del Niño.

Pedro Cámara enseña hasta dónde llegó el agua en la caja fuerte. / Eduardo Ripoll
"Fue un caos", recuerda Pedro. La dana podría haber sido, en primer lugar, un drama personal para la familia. La madre de Pedro y otra trabajadora estaban en la tienda y salieron pocos minutos después de las 20 horas con el agua por los tobillos. Pero también podría haber sido el punto y final de una campaña que todavía no había llegado a su cénit a finales de octubre. Responsables de Loterías del Estado les llamaron a decretar un cierre cautelar, lo que habría supuesto no poder vender más de lo que habían hecho hasta entonces.
Sin embargo, los Cámara se resistieron e hicieron de su casa un punto de venta más donde hasta tuvieron que limpiar de barro algunos de los décimos que el 6 de enero darían casi un millón de euros del tercer premio del que vendió 32 boletos. En ese momento, la mayoría de ventas fueron por internet. Recibieron mucha ayuda de Ayora, pueblo de origen de la familia, con promoción incluida del actor Pablo Chiapella: un minuto después de subir un vídeo a Instagram se pasaron de vender 15 a 400 décimos. De estos, alguno pudo resultar premiado, tanto por la Lotería de Navidad como por El Niño. De ellos, Pedro conoció a una familia de Cheste y a otra de Madrid que acudió hasta su casa solo para conocerlo.
"Ya no hay ni 0 ni 8"
El «alegrón» de los premios de hace un año y la historia de resiliencia está teniendo su efecto un año después. El local se reabrió el 13 de febrero junto al resto del centro comercial con una reforma que los Cámara tenían pensada, pero que llegó obligada por las circunstancias. Diez meses después de aquel reestreno y más de un año tras la barrancada, la actividad no cesa dentro del establecimiento. «Se nota que muchos vienen porque hemos sido afectados», explica Pedro que cuenta que desde verano han tenido clientes que les han dicho que venían de Tarragona, Bilbao y Madrid y que querían comprar allí su décimo.

Cola frente a la administración de lotería de Bonaire, este domingo. / Eduardo Ripoll
Tal es el nivel de compra que admite que se puede quedar sin stock. De hecho, ha superado la previsión de ventas asignada por Loterías del Estado y ha tenido que pedir a otras administraciones. Eso provoca que haya terminaciones que ya no se puedan ver en el mostrador. «Ya no hay ni del 0 ni del 8», le dice Miguel a su mujer, Cristina, tras superar a la decena de personas que tiene todavía por delante. Ella le devuelve una mirada de cierto disgusto, como si tuviera culpa de que dos de las terminaciones que venían buscando no estén ya.
Ambos han acabado en la cola desde València aprovechando la mañana de compras. Algo parecido le ha ocurrido a Mireia, quien no sabía que de allí habían surgido premiados en ediciones pasadas. «No llevo ningún número y como he visto a tanta gente no quería luego que tocara aquí y haberlo tenido delante sin comprar», indica. Lo suyo será un boleto a compartir con su pareja. Sí que es más asiduo Adrián, que echa de normal allí la primitiva porque suele comprar en el supermercado de al lado. Sin embargo, hasta el último día no había comprado nada de Navidad. «Todo siempre a última hora», se sonroja. Eso sí, el premio, si toca, vale igual, de eso se construye la «gran ilusión».
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