Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Vaivén

Cierra el mítico bar de Benimaclet “El Clandestí”

Cientos de jóvenes arroparon a Ximo, dueño y alma del local, en una despedida que agotó las existencias horas antes del cierre tras casi una década de cultura alternativa.

Fachada del bar El Clandestí, ya cerrado.

Fachada del bar El Clandestí, ya cerrado. / Levante-EMV

Gonzalo Sánchez

Gonzalo Sánchez

València

Hay lugares que son mucho más que cuatro paredes y una barra; son refugios emocionales, trincheras de convivencia. La madrugada del pasado sábado, el barrio de Benimaclet perdió uno de esos bastiones. "El Clandestí", el mítico bar de la persiana morada decorada con una estrella roja, echó el cierre definitivo tras casi diez años siendo el epicentro de la juventud alternativa valenciana.

La despedida no fue un adiós cualquiera. Fue un desborde de gratitud que colapsó el local. La afluencia fue tan masiva que Ximo, el dueño y figura central del proyecto, se vio obligado a bajar la persiana antes de lo previsto: a la una y media de la madrugada ya no quedaban existencias. Cientos de chavales del barrio acudieron en masa para brindar por última vez en el espacio que, para muchos, definió su juventud.

“Es el fin de una era” susurraban algunos jóvenes a Ximo. Tras una década, la comunidad que creció entre sus paredes se queda sin su "cuartel general", un sitio que no solo ofrecía ocio, sino identidad.

Interior del local

Interior del local / Levante-EMV

Un escenario de cultura y política

El Clandestí no era un pub convencional. Fue escenario de bandas emergentes, un espacio para la música en directo y un icono visual tan potente que incluso Los Chikos del Maíz lo eligieron para formar parte de uno de sus videoclips. Su estética —una mezcla de rebeldía y calidez— se había integrado ya en el paisaje urbano de una Valencia. 

El adiós de Ximo: "Mucho más que un bar"

A través de un emotivo comunicado en sus redes sociales, Ximo quiso agradecer el apoyo incondicional de quienes dieron "alma" al sitio. Su mensaje no fue el de un empresario, sino el de alguien que ha gestionado un espacio de resistencia cultural en el barrio.

"Este espacio nació con la idea de ser un lugar seguro, libre y alternativo, pensando en que otro ocio nocturno, desde el respeto por el barrio, es posible", explicaba Ximo. Para él, El Clandestí era un punto de encuentro para quienes sienten Benimaclet "como una forma de vivir y no solo como un código postal".

En sus palabras de despedida, el dueño recordó los momentos que quedan grabados en la memoria colectiva del barrio: "He tenido la suerte de ver amistades y amores nacer aquí, debates eternos sobre política, música y vida, conciertos improvisados y risas". Ximo zanjó este capítulo vital asegurando que el éxito del bar no se mide en la caja registradora, sino en la huella social: "Hemos creado algo que no se mide en copas ni en ventas, sino en vínculos".

Un vacío en el corazón del barrio

Con el cierre de El Clandestí, Benimaclet pierde un hogar y centro de reunión de la juventud. Mientras la persiana morada permanece ahora bajada, el espíritu de comunidad que forjó busca un nuevo refugio. Sin embargo, como bien decía Ximo en su adiós, los vínculos creados son lo único que permanece.

El Clandestí ya no servirá más copas, pero su historia queda escrita en las baldosas de un barrio que se niega a perder su esencia. Benimaclet hoy es un poco menos "clandestino", pero mucho más consciente de la herencia que deja Ximo.

Tracking Pixel Contents