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Chiqui, la perra del tiempo

Foto de la perra Chiqui, que era temerosa de las tormentas y buscaba alojamiento cuando presentía lluvia.

Foto de la perra Chiqui, que era temerosa de las tormentas y buscaba alojamiento cuando presentía lluvia. / Enrique Moltó

Enrique Moltó

Durante los últimos días las previsiones para Navidad ofrecían dos caras definidas, la del modelo americano, GFS, y la del europeo y los mesoescalares.

El primero predecía con insistencia lluvia moderada a fuerte en el sur de la Comunidad Valenciana. Tanto el europeo, en los días previos, como los mesoescalares Arome y Harmonie, en las últimas horas, insistían en lluvias débiles y casi solo en el litoral. Ello nos obligaba a algunos a hacer un quiebro desagradable en la previsión, al decir que no podíamos estar seguros en la intensidad de las lluvias, por culpa de esa divergencia, solo en su existencia. El hecho es que ya el día de Navidad, cuando no se pueden hacer previsiones en algunos medios locales como el mío, por ser festivo, los modelos rácanos en precipitación se plegaron al modelo americano y parecía claro que iba a llover bastante, como acabó sucediendo.

El caso es que todo esto es una excusa para hablarles de Chiqui, la perra que predecía el tiempo. Chiqui era la perra titular del Mas de Segura desde hacía doce años, la perra de la Comuna familiar de los que vivíamos allí de forma más o menos discontinua y que llevaba más tiempo allí que ninguno de nosotros, desde que fue adoptada por mi tía y dejada en herencia a mi primo y su familia. Era una perra con personalidad, como todos, que buscaba el contacto humano a voluntad con los miembros de esta comunidad y que, por distintas circunstancias, como la de vivir de forma permanente en los últimos cinco años y la de tener dos compañeras perrunas en mi casa, se fue arrimando a nosotros sin perder su personalidad y su independencia. Siempre fue una perra temerosa de las tormentas y, aunque en general buscaba alojamiento en nuestra casa, lo hacía especialmente cuando había humedad y presentía lluvia. El caso es que su salud se fue deteriorando por una hernia discal y fue perdiendo movilidad en las patas de atrás, lo que no le impedía dar largos paseos con nosotros e incluso acompañar a mis alumnos en mis rutas oleoturísticas. En las últimas semanas su salud empeoró aún más y su dolor fue en aumento, hasta el punto de que fue necesario adoptar la decisión más dura, la de acabar con su sufrimiento para siempre y ya no está con nosotros.

Ya no sabré en quién apoyarme en mis previsiones cuando dude entre uno u otro modelo y el hueco que deja es insustituible, como solo sabe el que ha tenido perro y lo ha perdido por pura ley natural.

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