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El papel de l’Albufera como “esponja natural” ante inundaciones llegará a la Unesco

La candidatura de Reserva de la Biosfera aprobada esta semana por el Ayuntamiento de València se enviará al Ministerio antes de que acabe el año

El documento habla de la función de “depósito temporal” del lago

VALENCIA. CATARROJA, DESEMBOCADURA DEL BARRANCO DEL POYO EN LA ALBUFERA TRAS LA DANA DE OCTUBRE DE 2024, RIADA, TORMENTA, DESAPARECIDOS, EL SALER

VALENCIA. CATARROJA, DESEMBOCADURA DEL BARRANCO DEL POYO EN LA ALBUFERA TRAS LA DANA DE OCTUBRE DE 2024, RIADA, TORMENTA, DESAPARECIDOS, EL SALER / AXEL ALVAREZ

Marta Rojo

Marta Rojo

València

Fue uno de los puntos más castigados por el arrastre de agua y sedimentos durante la dana del 29 de octubre de 2024, pero jugó un papel medioambiental clave. L’Albufera actuó durante y después de la catástrofe a modo de “esponja natural”, absorbiendo grandes cantidades de agua y evitando que el impacto de la inundación fuera mayor en las localidades ribereñas. Y ahora, los promotores de la candidatura de l’Albufera como Reserva de la Biosfera -el Ayuntamiento de València en nombre de los otros doce municipios limítrofes con el lago- reivindican esa función, vital ante desastres como la dana. 

Así lo han reconocido en el documento de presentación de la candidatura que se remitirá al Organismo Autónomo de Parques Nacionales (dependiente del Ministerio de Transición Ecológica) antes de que acabe el año. El documento, al que ha tenido acceso Levante-EMV, se remitirá a la Unesco, a más tardar, en septiembre de 2026.

“Depósito temporal”

“L'Albufera de València actúa como un regulador hidráulico y una esponja natural durante eventos atmosféricos como las danas”, indica el informe de la candidatura, encomendado para su redacción a la Fundació Assut por el consistorio. Durante estas catástrofes, explica el documento, su red de canales y acequias “recoge el agua de escorrentía, llevándola al lago, que funciona como un depósito temporal, evitando inundaciones en las áreas urbanas y agrícolas circundantes”. Es un reconocimiento de que el daño infligido a l’Albufera durante el fatídico 29-O y los días posteriores evitó daños mayores al tejido urbano.

También se explica, en el documento que terminarán leyendo los responsables de la Unesco, cómo actúa esa función de “esponja”. Mediante compuertas y golas, la laguna regula la entrada y salida de agua para minimizar el impacto, por una parte. Pero es que, además, “absorbe parte del exceso de agua, reduce la velocidad de la escorrentía y filtra sedimentos y contaminantes antes de que lleguen al mar”. Eso sí, el informe reconoce que esa función natural “requiere gestión para evitar efectos negativos en el ecosistema”.

La potencia destructora del Poyo

Más de 980 km2. Es la superficie que ocupa la cuenca hidrográfica de drenaje de l’Albufera, como recoge el documento. Añade que esta cuenca “juega un papel fundamental en el funcionamiento hídrico del humedal” con todas sus subcuencas y barrancos, “colectores principales de la escorrentía superficial”.

La importancia del barranco del Poyo, que durante la dana llevó un caudal completamente desbocado que arrasó con todo lo que encontró a su paso, queda también de manifiesto en el documento que recibirá la Unesco. De este barranco se explica que tiene una superficie de 367 km² que representa cerca del 40% del total de la superficie de la cuenca de l’Albufera. “Nace en las sierras de Chiva y Cheste, recorre 44 km serpenteando por zonas urbanas como Torrent, Picanya y Paiporta, y desemboca directamente en el sector norte del lago”, dice el informe. “Durante la DANA de octubre de 2024, el caudal del barranco del Poyo alcanzó máximos históricos, con cifras que superaron los 3.500 m³/s en algunas estimaciones, llegando a los 4.600 m³/s en el tramo entre Poyo y Horteta”, reconoce, y de ahí su papel potenciador de uno de los eventos catastróficos más trágicos de la historia reciente. 

Consideraciones ambientales

“El territorio enfrenta presiones significativas derivadas de la contaminación difusa, la urbanización periférica, la intensificación agrícola, el cambio climático y la sobreexplotación hídrica”, indica el documento, en otro de sus apartados.

El documento de candidatura desgrana asimismo “presiones estructurales relacionadas con el cambio climático”, que agrava fenómenos como la subida del nivel del mar, la salinización del acuífero o la recurrencia de los episodios de las lluvias torrenciales como la dana. Es en este punto en el que se indica que “la modificación y el debilitamiento de la Ley de l’Horta de València” supondría “un riesgo añadido para la protección del paisaje agrario histórico, la regulación del uso del suelo periurbano y la resiliencia ecológica del sistema frente a eventos climáticos extremos”. Esa modificación de la Ley, así como la supresión del organismo que controlaba y salvaguardaba el cumplimiento de dicha norma, fueron ejecutadas por el Consell a principios de este año, con la justificación de “simplificar estructuras, ahorrar costes y evitar duplicidades”.

La dana retrasó el calendario

La dana del 29 de octubre no solo provocó un enorme daño ambiental en el parque natural sino que retrasó todo el camino hasta la presentación de la candidatura. En concreto, impidió que el calendario diseñado continuara en plazo con el proceso participativo, un requisito clave para alcanzar el reconocimiento de la Unesco. Solo se retomó a partir de mayo de este año, con el desmarque de cinco organizaciones ecologistas y de parte de los agricultores del parque.

Aunque el informe elaborado por la Fundació Assut se había remitido en diciembre de 2024 al Organismo de Parques Nacionales, se concedió un plazo extra atendiendo a que la dana había impedido recoger las valoraciones de todos los actores implicados en el espacio protegido.

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