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Hambre y frío en València: adiós al menú diario de comida caliente para personas sin hogar

Las entidades sociales vuelven a repartir latas y bocadillos a quienes viven en la calle tras la "asfixia" que llevó a la Fundación Ayuda a una familia a cerrar sus cocinas centrales y dejar de elaborar los menús calientes por falta de recursos

Tras el cierre de las cocinas Marise cocina en su casa 400 bocadillos todas las semanas.

Tras el cierre de las cocinas Marise cocina en su casa 400 bocadillos todas las semanas. / Levante-EMV

Mónica Ros

Mónica Ros

València

Las personas sin hogar son invisibles. O deben serlo. De hecho, cuando proliferaron las tiendas de campaña en el Jardín del Turia, el Ayuntamiento de València no tardó en desalojarlos de allí y cuando se han establecido puntos fijos de reparto de alimentos han proliferado las críticas vecinales. Sin embargo, las entidades que reparten alimentos, mantas, ropa o sacos de dormir a las personas sin hogar aseguran que la pobreza va a más. Aunque no se vea. Y que las personas sin hogar tienen frío, ahora que los termómetros se ha desplomado, pero también tienen hambre, y eso no es temporal. Hay hambre todos los días del año.

Invisibles son quienes viven en la calle y por eso ese fue el nombre elegido por una ONG formada íntegramente por voluntarios que se dedican a repartir alimentos entre quienes no tiene nada. Latas, alimentos no perecederos, bocadillos y caldo caliente que llevan en un termo y reparten en vasos. Es el alimento estrella porque quien vive en la calle no come caliente. Y eso, en un invierno como el actual, son palabras mayores. "Salimos dos días a la semana y recorremos unas rutas que tenemos prefijadas. Repartimos comida, mantas, tiendas de campaña, productos de higiene... lo que tenemos. Funcionamos con donativos", explica una de las voluntarias de Invisibles.

Sin embargo, hasta el pasado verano esta entidad sí repartía comida caliente. Lo hacía junto con otras 30 entidades más y gracias la Fundación Ayuda a una Familia, una entidad social que decidió alquilar una nave industrial para abrir una cocina donde elaborar menús calientes para las personas sin hogar. El objetivo era que, al menos, comieran "de caliente" una vez al día. En las cocinas se elaboraban los menús que luego distribuían junto a otras entidades sociales. El sistema funcionaba y crecía. Tanto es así, que empezó a ser un problema. De hecho, cuentan con dos multas de la policía por repartir alimentos sin permiso (una de 1.100 euros y otra de 750).

El objetivo de dignificar la alimentación de las personas más vulnerables fue noticia en este periódico en varias ocasiones, ya que incluso contaban con personal contratado para trabajar en la nave industrial ya fuera en logística o en cocina. Las raciones se multiplicaron y la entidad decidió abrir una segunda cocina cuando distribuían 1.500 raciones diarias de comida caliente a personas sin hogar a base de voluntariado.

Valencia. Fundación Ayuda a una familia. La ong que da de comer a personas sin hogar duplica las raciones y llega a 500 al día. Instalaciones. FUNDACIÓN AYUDA UNA FAMILIA . REPARTO DE 400 RACIONES DE COMIDA AL DÍA . VOLUNTARIOS

Imagen de la cocina de Fundación Ayuda a una familia. / Miguel Angel Montesinos / LEV

Pero llegó la dana y la necesidad se disparó. Fundación Ayuda a una Familia repartió entre 4.500 y 5.000 raciones de comida caliente en pueblos como Catarroja, Algemesí, Sedaví, Alaquàs, Picanya, Paiporta o Aldaia. Ante la emergencia social proporcionó menús calientes en la zona cero, a pie de calle. Y tocó techo. Lo hizo cuando repartían a diario 8.250 menús y el sistema se tornó insostenible porque, mientras la necesidad aumentaba, los recursos se habían reducido de forma drástica. "Las ayudas se destinaban a los afectados por la dana y nosotros cada vez teníamos más necesidades, pero menos recursos y donaciones", explica la coordinadora de Fundación Ayuda Una Familia, Marise García.

De reparto diario a dos días a la semana

La entidad se vio obligada a cerrar sus cocinas (el pasado mes de agosto) y se acabó el reparto de comida caliente. Regresaron el pasado mes de noviembre, pero con bocadillos y repartos dos días a la semana. La nueva cocina es la de la casa de Marise, que explica cómo es en su casa donde prepara 400 bocadillos junto a un grupo de voluntarios. "Hacemos bocadillos porque es que se me cae el alma cuando los veo. Ojalá me cedieran una cocina para volver a poner en marcha el proyecto que teníamos. Necesitan comer de caliente. Por lo menos, una vez al día. Fundación Ayuda a una Familia repartía alimentos a 30 entidades que ahora han vuelto al reparto de latas, pan y productos no perecederos. Cuando ves la realidad que viven estas personas no puedes vivir al margen. En cuanto ven la furgoneta de reparto se acercan. Hay hambre. De verdad que tienen mucha hambre y hay muchas personas que viven fuera del circuito de servicios sociales", explica García, tras asegurar que su único objetivo "es ayudar". "Si me dan un espacio para cocinar podría volver a montarlo todo de cero", concluye.

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