Temporal de lluvias
La similitud entre el último "tren de tormentas" y la dana de 2024 señala una intensificación de episodios extremos
Los expertos destacan las conexiones de los patrones meteorológicos del fenómeno del pasado domingo con la riada de 2024
El delegado de Aemet subraya que los fenómenos invernales que antes eran moderados ahora adquieren una violencia superior

Mapa de precipitaciones de la dana de 2024 y la alerta roja por lluvias de este domingo en Valencia. / AVAMET

Valencia volvió a revivir este domingo el fantasma de la catástrofe. Y no solo de manera metafórica. La activación del aviso rojo por lluvias torrenciales puso en jaque a la provincia y Emergencias volvió a enviar dos EsAlert por riesgo de inundaciones. Aunque la magnitud de los daños no ha sido comparable, los expertos señalan que el comportamiento del tren de tormentas siguió un patrón de peligrosidad similar, marcado ahora por un invierno "excepcionalmente energético" debido a la alta temperatura del mar consecuencia del cambio climático. Se trata, por tanto, de dos fenómenos extremos de características similares en poco más de un año. Este último, fuera del periodo habitual de danas en la Comunitat Valenciana.
Jorge Tamayo, delegado de la Aemet en la Comunitat Valenciana, y Jorge Olcina, catedrático de la Universidad de Alicante (UA), coinciden en que la imagen de radar guarda una semejanza visual innegable con el desastre de octubre de 2024. El fenómeno se define técnicamente como un "tren convectivo": una sucesión de tormentas que se regeneran y disipan de forma continua sobre una misma zona. Sin embargo, hay diferencias.
Diferencias en la "diana" de las lluvias
A pesar del parecido visual, la distribución geográfica de los picos de precipitación varió significativamente. Durante la dana de 2024, la lluvia se concentró con una violencia inaudita en la Hoya de Buñol y l’Horta Sud, impulsada por un flujo de vientos desde el mar muy intenso que empujó el agua hacia el interior y las montañas. Esto explica por qué en aquella ocasión apenas llovió en la costa.
Por el contrario, el último fin de semana, ese viento de Levante no fue tan fuerte, lo que permitió que las lluvias se quedaran estancadas en el litoral, afectando sobre todo a las comarcas de la Ribera y la Safor. Además, mientras que en octubre la descarga fue "brutal" en apenas cinco o seis horas, el de este domingo fue un temporal más persistente que permitió una evacuación del agua más progresiva.
Un mar que no se enfría: 2.000 rayos en diciembre
Lo que más ha sorprendido a los meteorólogos es la inusual carga eléctrica de este temporal invernal. Se registraron 2.057 rayos en la Comunitat Valenciana, una cifra que multiplica casi por diez el récord anterior para un mes de diciembre en este siglo. Esta actividad es propia de finales de verano y se debe a que el Mediterráneo, aunque ha bajado de temperatura, sigue liberando una energía impropia para estas fechas.
Jorge Olcina destaca que estas nubes "cargadas de energía" no son habituales en los temporales de invierno clásicos. Este fenómeno es coherente con el calentamiento global, que está transformando la dinámica del Mediterráneo: el contraste entre un mar todavía caliente y el aire frío de las capas altas genera tormentas mucho más violentas y energéticas de lo que dicta la estadística histórica, explica Olcina.
Fenómenos más extremos
Este incremento de la energía disponible en la atmósfera no solo afecta a la cantidad de rayos, sino que altera la estructura misma de las tormentas invernales. Tamayo advierte que, al aumentar la temperatura global, los fenómenos que antes se consideraban moderados ahora adquieren una violencia superior. Lo que antes era una lluvia continua y mansa de invierno se está convirtiendo, debido al exceso de calor acumulado en el mar, en eventos convulsos y de carácter tormentoso que ponen a prueba las infraestructuras actuales.
"Es pronto para decir que la tormenta está directamente relacionada con el cambio climático porque, como decimos, es una tendencia, pero desde luego sí que ha sido más violenta de lo que debería ser por culpa de este calentamiento", explica el delegado de Aemet. De hecho, las predicciones de la agencia revelan que la dana de 2024 fue entre un 15 y un 20 % más letal de lo que debería haber sido debido a las consecuencias de la crisis climática que provocan que el mar tenga un exceso de calor (y por tanto de energía) que puede acabar costando vidas, como se evidenció aquel 29 de octubre.
Defensa de la predicción científica
Ante el debate sobre la gestión de las emergencias, Jorge Olcina es tajante: "Aemet no se equivocó y tampoco se equivocó en 2024". El experto sostiene que los avisos de este otoño e invierno están plenamente justificados por los umbrales de riesgo alcanzados, que obligan a Protección Civil a lanzar alertas para proteger a la población.
Para los meteorólogos, los eventos demuestran que la precisión en la predicción es vital. "Los umbrales mínimos se cumplieron" -explica Olcina- y las alertas respondieron a una realidad física innegable: una atmósfera cada vez más inestable y peligrosa. La lección de este nuevo tren convectivo es clara: en un escenario de cambio climático, la prevención basada en la ciencia es la única vía para minimizar daños ante fenómenos cada vez más recurrentes".
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