Sin comedores sociales: "Tenemos a familias en lista de espera y no las podemos atender"
El Puchero lleva 14 años cocinado raciones diarias que reparte a familias vulnerables derivadas de otras entidades y de servicios sociales sin recibir ayudas públicas a pesar de atender a 500 personas a diario

Preparación de raciones en 'El Puchero', entidad que reparte comida ante la falta de comedores sociales. / Daniel Tortajada

Son el alimento diario de 500 personas, pero no reciben ni un euro en ayudas públicas. La alimentación no puntúa en los concursos de las subvenciones y los convenios. Sin embargo, alzan la voz para explicar que València y su área metropolitana precisan de comedores sociales porque ante un precio de la vivienda prohibitivo y una cesta de la compra al alza la necesidad aumenta. Se llama "El Puchero" y es un comedor social diferente, ya que funciona como una casa de comidas preparadas en aras de dignificar la pobreza.
En 2013, la empresa Sanlúcar Fruits puso en marcha el primer "Puchero" de Valencia, y lo hizo en el barrio de Orriols con 80 usuarios. Tres años después, la Asociación Coordinadora Solidaria de la Estiba del Puerto de Valencia apostó por este proyecto y abrió un segundo local en el Distrito Marítimo bajo el nombre de "El Puchero Portuario". Ambos comedores sociales se unieron para formar del proyecto “Cocinas Solidarias”, que ha recibido distintos premios y es ejemplo de gestión. Sin embargo, alzan la voz ante la pasividad de las Administraciones por una realidad que ellos ven todos los días: la gente necesita comer, y no tiene con qué pagar.

Valencia VLC El Puchero, entidad que reparte comida ante la falta de comedores sociales / Daniel Tortajada / LEV
Sin embargo, no hay preocupación por garantizar el alimento a quien no lo puede comprar. Es más, las trabas del Ayuntamiento de València a la hora de permitir el reparto de comida la Fundación Ayuda a una Familia (que entregaba menús diarios a personas sin hogar fuera del sistema de servicios sociales) llevó a la entidad a cerrar. "Desde que cerró la Fundación Ayuda a una Familia superamos nuestra ocupación en un 150%. Nosotros hemos tenido que poner un límite de usuarios para que no nos pase lo mismo porque hay tanta necesidad que el proyecto tiene que ser viable o al final no se puede mantener en el tiempo. Tenemos lista de espera y eso es tremendo", explican desde el Puchero Portuario, tras fijar en 500 su "tope" de atenciones.
Ley contra el desperdicio alimentario
Hace unos años, la entidad alertaba de problemas para conseguir productos. Ese problema ya se ha superado con la Ley 1/2025 de Prevención de Pérdidas y Desperdicio Alimentario que obliga a las grandes superficies a repartir alimentos sobrantes aptos para consumo, priorizando la donación a entidades sociales para evitar que terminen en la basura. Esta ley entró en vigor el pasado mes de abril de 2025 y busca reducir el desperdicio en un 50% para 2030, estableciendo Planes de Prevención para empresas y sanciones por incumplimiento, como multas de hasta 500.000 euros.

El Puchero prepara comida para llevar. / Daniel Tortajada / LEV
Sin embargo, desde el Puchero Portuario advierten de que el problema no es la donación de alimentos, sino toda la logística que conlleva y que es, precisamente, lo más caro. "Cada día recogemos alimentos de 14 supermercados. La logística para recoger, trasladar y almacenar los alimentos es lo complicado porque es un gasto enorme. Y además hay que tener en cuenta que manejamos un alimento delicado, de una trazabilidad corta porque son productos a punto de caducar lo que genera un trabajo muy grande para el que hay cero ayudas. Tenemos que alquilar un camión refrigerado porque no tenemos capacidad para disponer de vehículos adecuados. Por eso tenemos una capacidad limitada y a eso nos ajustamos. Pero no tiene demasiado sentido que se obligue a las empresas a donar los alimentos, cosa que está muy bien, y no se concedan ayudas para proyectos como el nuestro. Llevamos dos años pendientes de un convenio con el Ayuntamiento de Valencia y no lo conseguimos. Y nos ponen de ejemplo sobre cómo hacer las cosas, pero al final, necesitamos recursos", explican desde la entidad.
Intervención social
En el Puchero trabajan nueve personas: tres trabajadores sociales, tres cocineros, dos repartidores y un coordinador. Y es que en la entidad el alimento es "la excusa" para realizar una intervención más profunda. "Cuando empezamos con los comedores, las familias venían derivadas de otras entidades sociales y era allí donde se encargaban de realizar una intervención del usuario. Pero decidimos abrir un local para darles esa intervención integradora que necesitan. Entre las muchas cosas que hacemos destacan las clases de refuerzo escolar a menores, en Orriols, y un proyecto de ocio para darles alternativas más allá de estar en el parque. En el nuevo centro que hemos abierto en Ayora damos clases de alfabetización a españoles y de español a personas migrantes que están aprendiendo el idioma. También hay cursos de nuevas tecnologías para que, por ejemplo, sepan sacarse la firma digital y tramitar las ayudas. Elaboramos los itinerarios en función de los perfiles para centrarnos en aquello que precisen ya sea un taller de salud, contactar con administraciones o búsqueda de empleo", explican.
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