«No puedo más». Esas tres palabras concentran el gran tema del año en la Comunitat Valenciana. 3 de noviembre. Palau de la Generalitat. La resistencia de un año y cuatro días de Carlos Mazón se quebraba. Anunciaba su dimisión. ¿Por qué? Por lo que expresa la imagen que acompaña este texto. Ahí está todo. Funeral de Estado en las Ciudad de las Artes y las Ciencias de València. 29 de octubre de 2025. Mazón asiste. Las familias de las víctimas también, y muchas de ellas, con fotos de sus muertos, le dicen a unos metros lo que llevan un año clamando en manifestaciones y declaraciones públicas. Sucede a la vista de toda España, en presencia de los reyes, casi todo el Gobierno y el presidente del PP, Alberto Núnez Feijóo. Le dicen lo que ha sido una constante desde la gran riada del 29 de octubre de 2024, con sus 230 víctimas mortales. Ese es el trasfondo del año. Y de mucho tiempo por delante, ahora con Juan Francisco Pérez Llorca como president. Porque el hasta entonces portavoz parlamentario y número dos del PPCV comanda un gobierno con todos los consellers de Mazón menos uno (Ruth Merino) y tres incorporaciones con el objetivo de abrir una nueva etapa tras Mazón. El propósito está costando.
Hasta ese 29 de octubre de 2025, lo que había era una firme estrategia de Mazón por resistir. A pesar de no poder pisar la zona cero de la dana en actos públicos, de no reunirse con las asociaciones que agrupan a más víctimas, de evitar las grandes fiestas populares para esquivar protestas. A pesar de ese contexto tan difícil de aguantar, Mazón dio hasta ese momento muestras visibles de querer continuar e incluso de aspirar a un nuevo mandato si la dirección de su partido lo permitía.
Pero la presión sobre él no cedía. Ha sido una lluvia persistente. La investigación judicial recordaba periódicamente la gravedad de la tragedia, desmontaba relatos de supervivencia política, iba destapando los auténticos hechos fácticos del día D (llamadas, mensajes y movimientos) y apuntaba a la responsabilidad de los que tenían el mando de la emergencia (la exconsellera Salomé Pradas) y de la Generalitat el fatídico día de 2024. Y no ha bajado la presión social, política y periodística, desnudando poco a poco los secretos de aquella jornada y de la agenda del president, que la ha intentado mantener oculta, recurriendo a distintas versiones que se han ido comprobando como inciertas.
Las mentiras del Ventorro (llamémoslo así por el restaurante donde comió ese 29 de octubre de 2024) son, además del avance de las pesquisas judiciales, el otro elemento catalizador de la caída de Mazón. De acabar la comida con la periodista Maribel Vilaplana a las 17.20 y seguir los acontecimientos de la riada en el Palau (versión primera) a llegar al edificio presidencial en torno a las 20.00 horas, tras alargar el almuerzo hasta después de las 18.30 horas y acompañarla hasta un aparcamiento cercano, del que el coche de ella salió a las 19.47 (lo probado judicialmente a día de hoy). De llegar al Centro de Emergencias de l’Eliana «pasadas las 19.00» al hecho fáctico (mostrado por las cámaras de seguridad) de entrar a las 20.28 al recinto, cuando la alerta masiva «tardía y errónea» ya había sonado. De tener constancia de muertos a las 5 de la madrugada del día siguiente (lo que dijo en el Congreso de los Diputados) a escribir a Feijóo a las 23.25 del día 29 que «ya están apareciendo muertos en Utiel y van a aparecer bastantes más».
Un familiar muestra la foto de una víctima anta Mazón durante el funeral de Estado.
Pero aún hoy, a pesar de lo sabido, permanecen incógnitas de aquella tarde, como los 37 minutos de desconexión telefónica de Mazón: ni realiza ni recibe llamadas entre las 18.57 y las 19.34 horas.
En el contexto de las versiones cambiantes y la instrucción judicial, el relato de que las agencias del Gobierno no aportaron la información oportuna el 29-O sobre la evolución de la tormenta y el caudal del barranco del Poyo (el apagón informativo) se ha ido difuminando (sin desaparecer). También porque el foco se ha ido situando sobre el porqué de la ausencia de vigilancia de las ramblas durante un aviso rojo, la retirada de los bomberos de esta tarea y la falta de información en el Cecopi de las llamadas al 112 que alertaban de la magnitud de lo que estaba sucediendo.
El alcance de la investigación de aquella jornada ha alcanzado incluso a Feijóo, obligado judicialmente a entregar los mensajes intercambiados con Mazón y señalado políticamente porque el primer mensaje del entonces president le llegó a las 20.08 mientras que él dijo entonces que le tuvo informado «en tiempo real» desde el 28 de octubre. Fue una equivocación, ha tenido que argumentar.
Después de Mazón está Pérez Llorca
Hasta ahí el barro en el que Mazón cayó. Pérez Llorca tomó posesión el 2 de diciembre. Una cita clave para el relevo fue la reunión que el 31 de octubre celebró en Benidorm con los barones provinciales y participación de Mazón, en un intento de controlar desde la C. Valenciana la hoja de ruta tras la renuncia. El encuentro irritó a Génova, pero el resultado final difiere poco de lo apalabrado en la reunión: Llorca, presidente. Para alcanzar esa meta, el PP ha vuelto a contar con el apoyo de Vox en las Corts, aunque en esta ocasión sin un documento de compromisos. Pero algo no cambia: Mazón llegó al Palau con su pacto de la servilleta con Vox y buscó afianzar su posición tras la catástrofe con un acuerdo con los ultras en marzo de 2025 para aprobar los presupuestos del año, algo que la mayoría de presidentes autonómicos del PP no hicieron.
Llorca ha marcado distancias con Mazón en las formas desde el minuto uno: pidió perdón a las víctimas y sus primeras visitas han sido a la zona cero de la tragedia. Ha incidido en el objetivo de una nueva etapa, pero la herencia pesa. Ese será el examen de 2026 y el que marque qué pasará en las elecciones de 2027 (si no hay adelanto).