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Radiografía de los venezolanos valencianos: la sexta nacionalidad más presente y el 1,3% de población

La población nacida en Venezuela y residente en la Comunitat asciende a 75.600 personas según el INE

Muchos emprenden en el sector restauración, se pelean durante años con los procesos de homologación de títulos o con el mercado de la vivienda y los empadronamientos

Banderas venezolanas en una concentración en València

Banderas venezolanas en una concentración en València / Eduardo Ripoll

València

Gustavo Urbina cambió en 2003 la Valencia de Venezuela, a una decena de kilómetros del mar Caribe, por la València española, a orillas del Mediterráneo, lo que significa, tal y como apunta él mismo, que a lo largo de este 2026 cumplirá más tiempo viviendo "acá que allá". Con 23 años cruzó el océano a una ciudad homónima. Es uno de los más de 75.000 venezolanos que viven en la Comunitat Valenciana. En aquella época trabajaba en General Motors, donde era responsable de calidad, y relata que las primeras medidas económicas de Hugo Chávez con el cambio de dólares influyeron para su salida, aunque remarca que el país no estaba ni mucho menos en la situación actual. 

Su caso personal es paradigmático. Se vino solo, sin conocer a nadie, y ahora tiene aquí a varios amigos y familiares que se han ido viniendo en los últimos años a lo que considera “un buen destino” para el venezolano. Aun así, cree que el principal suele ser Estados Unidos porque es más fácil hacer dinero sin papeles, mientras que aquí es complicado encontrar un empleo cualificado sin documentación. Al llegar, recuerda, era "raro" encontrar venezolanos. Según el INE, oficialmente en la Comunitat Valenciana no alcanzaban los 2.000, algo que se traducía en la dificultad de encontrar productos típicos del país, empezando por la básica harina pan para las arepas. "Ahora, levantas una piedra y te salen 10 venezolanos", cuenta, al tiempo que añade que la harina pan se puede encontrar en algunos supermercados habituales de compra.

Más de 75.000 venezolanos

Si la Comunitat Valenciana fuera esa “piedra” a levantar de la que habla Gustavo, al hacerlo saldrían 75.600 personas nacidas en Venezuela, como indican los datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y correspondientes a 2025. Eso sí, casi uno de cada tres, un 31%, tiene nacionalidad española. Son 23.500 los que cuentan con ella, frente a los 52.000 que mantienen la venezolana. En solo un año, la población venezolana en la Comunitat Valenciana ha crecido en casi 13.000 personas: en 2024, el total ascendía a 62.700. 

Desde 2021, la población nacida en Venezuela y residente en territorio valenciano se ha duplicado. De los 37.900 de 2021, la curva de la gráfica se ha disparado hasta alcanzar los actuales 75.600. También lo han hecho las adquisiciones de nacionalidad española por parte de este colectivo. Según los últimos datos del Portal Estadístico de la Generalitat Valenciana, que corresponden a 2024, 35.000 venezolanos adquirieron ese año la nacionalidad española. Casi un 12% de estos la adquirieron en la Comunitat Valenciana, 4.200. Es la cuarta comunidad autónoma con mayor número de venezolanos, por detrás de Madrid, Cataluña y Canarias.

Contando la española, los venezolanos son la sexta nacionalidad más presente en las tres provincias valencianas, la quinta entre las personas migrantes. Solo se encuentra por detrás de Colombia, que es la segunda con 164.000 personas, Marruecos (123.000), Rumanía (86.000) y Reino Unido (79.500). En sexta posición, los nacidos en Venezuela adelantan a los argentinos (71.000) y a los ucranianos, a pesar de la llegada numerosa tras la invasión a manos de Rusia.

“Somos muy abiertos, nos gusta integrarnos”

“Con la de años que llevas aquí y no se te ha ido el acento” es una frase que Nayra ha escuchado decenas de veces. La verdad es que, por su tono, nadie diría que la presidenta de la Asociación de Venezolanos en la Comunitat Valenciana (AVEC) lleva 38 años en València. “Yo creo que cada uno tiene que tener algo identificativo de uno mismo, y el acento es lo mío”, dice. No lo ha perdido, y es natural, porque aunque ha estudiado en la Comunitat Valenciana y trabajado, desde entonces, aquí, por su labor en la asociación siempre se ha relacionado con venezolanos. “Son uno de mis círculos”, apunta. Un círculo que ha ido creciendo. Nayra identifica tres fases: la primera ola entre 2015 y 2016, cuando el gobierno de Maduro reprimió duramente una serie de protestas tras las elecciones; la segunda entre 2019 y 2020, tras la autoproclamación como presidente de Juan Guaidó y las elecciones del 20; y la tercera tras el encontronazo en las urnas con Edmundo González.

Pero insiste Nayra en que esa consideración de “círculo” no quiere decir que la comunidad venezolana sea cerrada: al contrario. “Somos muy abiertos, nos gusta integrarnos cuando llegamos a un país diferente, porque no vemos la raza ni la mezcla, vemos a la persona”, asegura. Por eso nació AVEC cuando, en 2015, la creó Doris Montero, hoy maestra de Educación Especial, en Venezuela docente especialista en Pedagogía Terapéutica y con un cargo en el Ministerio que le negaron al haber trabajado para un municipio gobernado por la oposición. Para crecer profesionalmente, vino a València. Le cambió la vida: conoció a su marido, tuvo a su hijo y, además, descubrió las fallas.

De los “veneñoles” a las fallas

La Asociación de Venezolanos en la Comunitat Valenciana nació como asociación cultural, para poner en valor las tradiciones venezolanas pero también para conocer las valencianas. La formaeon venezolanos con parejas o amigos valencianos y, por eso, antes de darle un nombre “serio”, quisieron llamarse “veneñoles”, la mezcla de ambas nacionalidades. Por eso, también, se volcaron en conocer las fallas, de las que Doris se enamoró en 2011.

Hoy, es tan “veneñola” que habla con naturalidad de “fallerío”. Uno de sus grandes recuerdos fue el de conocer al último “velluter”, Vicente Enguídanos, además de organizar las primeras visitas guiadas para amigos venezolanos a los monumentos de la Sección Especial. Acabó pagando la cuota en su barrio, en la falla de Beteró y, en 2024, fue elegida fallera mayor. La ofrenda de ese año la recordará siempre como un ejemplo de integración entre sus dos países: un grupo de amigos venezolanos se acercó al punto de salida de su comisión con banderas de su país, a celebrar a su reina de las fiestas.

Homologación de títulos y el laberinto del asilo

El mundo del trabajo es otro de los grandes espacios de socialización e integración de la comunidad venezolana. “El venezolano es muy echado hacia delante, no le da miedo nada”, resume Nayra. Por la asociación han pasado, buscando orientación, periodistas, ingenieros, y abogados que, ante la imposibilidad de homologar, de entrada, su título oficial, se han puesto a trabajar “de lo que sea”. No se les caen los anillos, ni a los mejor formados, dice, porque son gente trabajadora. Y sobre todo, añade, emprendedora. La propia Nayra, desde la asociación, ha coorganizado varias veces una feria de personas migrantes emprendedoras. Hubo tiendas para vestidos de quinceañera, clínicas dentales, artesanía, profesionales del marketing y la publicidad y, sobre todo, gastronomía y restauración, el sector donde los emprendedores venezolanos se han hecho fuertes.

El autoempleo es muchas veces la salida ante las dificultades burocráticas con las que se enfrenta la población nacida en Venezuela. Una de ellas, la de la homologación del título formativo: en un país en el que hacen falta profesionales, muchos se topan con largos y enrevesados procesos. El título de abogada de Susej Deseño, por ejemplo, lleva un año en proceso de homologación, a pesar de lo cual la presidenta de la Asociación Cultural Casa Venezuela en València sigue usando su conocimiento para orientar a los cientos de venezolanos que acuden a resolver dudas. 

Los títulos son solo uno de los problemas a los que se enfrentan los venezolanos en la Comunitat Valenciana. La propia Susej asesoró a centenares de personas migrantes víctimas de la pérdida de citas para solicitar asilo y del mercado negro de citas. “Cuesta mucho conseguir una, y es algo que sufrimos los venezolanos pero también toda la población migrante que viene a hacer vida en nuestro país”, explica. Otra de las trabas administrativas es la relacionada con el empadronamiento: se les exige para poder realizar la solicitud de asilo pero muchos propietarios de pisos puestos en alquiler les niegan poder empadronarse en ellos. “Muchos venezolanos han acabado trasladándose a otros lugares donde ese requisito no existe o no es tan estricto, como Cataluña o Andalucía”, explica Deseño. El bucle del empadronamiento los sitúa en la misma tierra de nadie que el permiso de trabajo. “Desde que tienes la solicitud de asilo tienen que transcurrir seis meses hasta que puedes trabajar, y eso es mucho tiempo”, lamenta.

Susej lleva seis años viviendo en València, pero más tiempo en España. De hecho, tiene la nacionalidad española por residencia. “Yo me siento orgullosa del pueblo venezolano en España, de la población desplazada por la situación política de Venezuela”, reivindica. Una situación de la que se siente algo más lejano Gustavo Urbiña. Sus años en la València mediterránea, que no la caribeña, le han hecho generar una desconexión con lo que está ocurriendo estos días en Venezuela. "Paso del rollo, no estoy pendiente de lo que pasa; obviamente es mi país y cuando voy me siento de allá, pero mi vida está hecha acá, este año hará que lleve más tiempo en España que en Venezuela", concluye.

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