Protestas
Los iraníes valencianos, entre la angustia y la esperanza: "Esta vez es diferente, algo puede cambiar"
Ghazaleh, Maryam o Cyrus son algunas de las personas de origen iraní que esperan noticias de sus familiares que aún están en su país natal

Cyrus (nombre falso), que prefiere no ser identificado con su nombre real por miedo a represalias, en su local de restauración en València / Germán Caballero

Cuando le preguntan a Ghazaleh cómo está, para iniciar la conversación, responde con sinceridad. “Gracias por preguntar, no muy bien, pero bueno”. Como casi todos los iraníes que viven en València, no muy bien porque vive pendiente de la televisión, los periódicos y las redes sociales. De las noticias de su familia, que todavía vive en su Irán natal, un país sumido en la represión por parte del régimen a las protestas sociales que se viven desde hace semanas. “Están disparando a la gente con armas de guerra”, dice, angustiada. Cómo no va a temer por su familia.
En la última semana, Irán ha estado marcado por una oleada de protestas ligadas al deterioro económico y el coste de la vida, con una represión muy dura: distintas fuentes hablan de cientos de muertos y miles de detenidos, mientras un responsable iraní llegó a mencionar una cifra de fallecidos mucho mayor, y la ONU ha alertado del uso excesivo de la fuerza y del riesgo de penas de muerte contra detenidos. En paralelo, el Gobierno ha mantenido un apagón de internet muy severo.
“Esta vez es diferente”
“Esta vez, todo es diferente”, advierte Ghazaleh Khorraminiya. Esta profesora ha vivido otros estallidos de violencia y represión anteriores, antes de venir a España hace cuatro años. Pero ahora detecta más agresividad por parte del régimen, y también una desesperación nueva entre su gente que puede hacer cambiar las cosas. “No tenemos nada que perder: los que nos fuimos ya lo hemos perdido todo, nuestra antigua vida, nuestra familia, a nuestros amigos, nuestros trabajos, y los que se quedaron no tienen nada”, resume.
Pero, además de la esperanza, vive la incertidumbre. Ghazaleh, que no ha podido contactar con su familia en los últimos días, los conoce de sobra y sabe que, todo aquel que pueda valerse por sí mismo, es muy probable que esté participando en las protestas que tan duramente están siendo reprimidas. “He visto vídeos de violencia muy cerca de mi casa, a cinco minutos”, lamenta. No sabe lo que va a pasarles a sus parientes.
Ser mujer e iraní
Tampoco sabía lo que iba a pasarle a ella a los 35 años, ni se podía imaginar que tendría que dejar toda su vida atrás y vivir como refugiada en un país a miles de kilómetros de su casa. Ghazaleh era profesora, había estudiado dos másteres y quería especializarse en arteterapia. Pero, aunque València se le antoja una ciudad segura donde vivir en libertad, España también truncó su carrera laboral. “No te homologan nada, tengo dos másteres y solo me homologan bachiller; a mi edad, no hay tiempo para empezar de cero”, reprocha. Pero hay margen para que todas esas renuncias valgan la pena. “Si va a cambiar la vida de las mujeres en Irán, la vida de mi gente, ha merecido la pena perder toda mi vida”, apunta.

Ghazaleh se corta el pelo en una acción reivindicativa como parte de la campaña 'Mujer, vida, libertad' / Redacción Levante-EMV
Pero cree que es difícil que ocurra sin apoyo de otros “gobiernos poderosos” a la gente de Irán. “Mi gente está en la calle con las manos vacías y están disparando contra ellos”, critica. “Durante mucho tiempo, nadie ha dicho nada de las violaciones de derechos humanos en Irán, ni siquiera algunos grupos que sí han apoyado mucho a Gaza”, lamenta.
“Matan gente, lo he visto con mis propios ojos”
Es difícil saber, todavía, cuántas personas han sido víctimas de la represión de estas últimas semanas en Irán. Lo último que ha escuchado Maryam, que prefiere no dar su nombre real, es que se cuentan por miles en tan solo una quincena. Se cree la cifra. Aunque hace quince años que no pisa su tierra natal, ella misma participó en el pasado en protestas que se saldaron con sangre. “Matan gente, lo he visto con mis propios ojos”, resume.
Ahora, como Ghazaleh, teme por quienes quedan allí. En su caso, son todos: padres, hermanos, primos, tíos. No sabe nada de nadie, pero sí sabe que las protestas esta vez van más allá de Teherán. “Es vital, ahora mismo, dar voz a la población iraní: tenemos que poder decir que el régimen lleva 47 años perpetrando crímenes”, destaca. También Maryam llama a una alianza internacional, a la ayuda de otros países.
Ella ha hecho carrera en el campo de la ciencia desde que salió, hace quince años, de Irán, para estudiar primero en otro país europeo, y luego el doctorado en València, donde ha trabajado desde entonces. “El primer contraste que percibí fue la libertad”, destaca. No solo para las mujeres como ella, que han protagonizado desde hace unos años el movimiento ‘Mujer, vida, libertad’ contra la represión del régimen, sino para todas las personas. “En mi país, cualquier mínima crítica contra el gobierno es cárcel, o pena de muerte”, dice.
"Quería una vida mejor para ms hijas"

Cyrus (nombre falso), que prefiere no ser identificado con su nombre real por miedo a represalias, en su local de restauración en València / Germán Caballero
En pleno corazón de Ciutat Vella, Cyrus (que prefiere dar ese nombre a su nombre real) abrió hace unos años su restaurante de comida persa. Llegó a València hace cinco, huyendo de la violencia del régimen iraní y buscando una vida mejor para sus dos hijas, alejadas de un entorno donde las mujeres se juegan la vida por el hecho de serlo. “Me gusta la gente de València, de España, son parecidos a los iraníes”, asegura este hostelero. Entre otras ventajas de València, señala que “no hay tráfico” y resume: “aquí todo está bien”. Pero, sobre todo, habla de seguridad. Ha encontrado un país donde, a su juicio, “la policía lo hace bien”. En el que no tiene que tener miedo de las autoridades.
Hace cinco días que Cyrus no ha podido contactar con su familia que vive en su país natal. “Están viviendo muchos problemas, no tienen internet y no tenemos noticias de ellos”, reconoce el iraní, que asegura tener miedo. “Hay muchos muertos”, lamenta. Recuerda, además, que esa violencia no es nueva: “La gente de Irán solo quiere libertad, y por buscar esa libertad los matan”.
Esa búsqueda fue la que le llevó a abandonar su patria con sus hijas. “Quería una vida mejor para ellas, porque allí lo tenían muy difícil”, añade. Aunque ha conseguido ponerlas a salvo aquí, lejos de su país, no ha perdido la esperanza de que, allá, las cosas puedan mejorar. “Tengo esperanza de que las cosas cambien, porque el régimen iraní es un peligro para el mundo”, zanja.
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