El trauma con la Teleasistencia el 29-O: "La mala actuación nos ha provocado daños psicológicos"
Una abogada presenta un escrito ante el Juzgado de Catarroja en el que exige que se depuren "responsabilidades": "Fue una tomadura de pelo"

Coches arrastrados por el agua del barranco del Poyo desbordado en el Parque Villa Amparo de Paiporta, el 29-O. / Miguel Angel Montesinos
A las 22:24 horas del 29 de octubre, una madre y sus dos hijos, uno de ellos con diversidad funcional, grado 3 de dependencia, se encuentran atrapados en un polígono industrial detrás del centro comercial Bonaire. Han escapado unas horas antes de su casa ante la crecida de agua, que ya empezaba a colarse en la cocina y el salón. Han llegado hasta ese punto tras pasar por carreteras bloqueadas hasta el punto que han sido desviados por la policía. Ahí, con el temor a si llega el agua, llaman al servicio de Teleasistencia del que está dado de alta el joven. Pero nada, "sin respuesta ni solución, cada vez nos atendía un teleoperador distinto, sin contrarrestar la información dada".
Es el testimonio que ha presentado una abogada ante el Juzgado de Instrucción nº3 de Catarroja y que se ha incorporado a la causa de la dana. En él expone los acontecimientos de aquel día en relación con el servicio de Teleasistencia. Por estos hechos, a su "entender como letrada", los servicios de Teleasistencia no actuaron "correctamente", unas "actuaciones mal acometidas" que asegura que han provocado "daños psicológicos" tanto en ella como en su hijo que hoy están en tratamiento y por lo que exige que se "depuren responsabilidades".
El testimonio comienza con la citada abogada volviendo a su casa a primera hora de la tarde el 29 de octubre tras recoger a su hijo del centro de educación especial. En su vivienda esperaba su otra hija que advierte que está empezando a entrar agua y que fallan las comunicaciones. La situación personal se complica: "mi hijo con autismo en crisis, agrediéndose", relata. De ahí que decidan ir a València, donde la letrada tiene el despacho. Si el camino hasta llegar a casa a primera hora de la tarde fue complicado, "con mucho miedo", describe; el intento de ir hacia València es peor, "mi hijo con crisis, pegando golpes al coche, gritando y agrediéndose así mismo" pasando entre "muros caídos", coches parados o un camión volcado. Hasta que les desvían al polígono detrás de Bonaire.

Calle Santa Ana en Paiporta, después de la barrancada, en una imagen de archivo. / Miguel Angel Montesinos
Ahí se quedan bloqueados y empiezan unas horas de auténtica angustia. En plena crisis del hijo, para a una patrulla de policía local que pasa por ahí. “Señora, si su hijo está mal, llame al 112 y vendrá la ambulancia y le pincha, pero no le van a sacar de ahí. Si viene el agua, se suben al contenedor o a algún sitio alto y deja el coche donde esté", le responden. Ella advierte que su hijo no se podrá mover y pregunta si van a ir a buscarlos ante lo que el policia le contesta que no; "venimos de ahí detrás y ya veremos los muertos que nos vamos a encontrar mañana".
Tras ello empieza la conexión con el servicio de Teleasistencia, del que hay registro de llamadas a las 22:24 horas en la factura que adjunta la abogada. "Llamamos a teleasistencia continuamente o nos llamaban ellos", explica. Todavía horas después, ya el día 30, hay otras cuatro llamadas con el servicio de Teleasistencia. "No podíamos salir de donde estábamos ni nos decían si vendrían a buscarnos; mi hijo fatal y haciéndose con 21 años todo encima", explica al tiempo que añade que cada vez atendía "un teleoperador distinto, sin contrarrestar la información ya dada, cada vez dando la misma explicación, sin respuesta ni solución".
A las 7:45 horas de la mañana le dicen que llame a Tráfico, al 011, para ver cuál es la situación. "Una tomadura de pelo", añade. Es por ello que finalmente decide arriesgarse e intentar llegar a València a casa de un amigo. "Salimos del polígono industrial, yendo por calles cortadas, viendo el panorama desolador y llegamos por no sé donde, hasta Xirivella, hasta la Avenida del Cid", cuenta y tras ello avisa a la Guardia Civil y a su ayuntamiento de que están vivos, pero fuera de su domicilio. No obstante, estar a salvo no significa un final feliz.
De hecho, señala que las "actuaciones mal acometidas" por Teleasistencia, subcontratado por la Generalitat, "han provocado unos daños psicológicos" que están "en tratamiento". Así, cuenta que a su hijo con autismo le da "terror la lluvia y cada vez que llueve tiene una crisis", lo que le obliga a tener atención psicológica todas las semanas sufragándose el coste. También ella acude a consulta psicológica cada semana desde hace un año. No lo hace su hija, que rechaza tratamiento, pero que tiene miedo a quedarse sola en casa. Es por todo ello por lo que exige "depurar responsabilidades" sobre este servicio.
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