Pérez Casado: un alcalde en medio de una batalla de banderas
El exalcalde (1979-1989) aterrizó en el cargo cuatro días antes del 9 d’Octubre más violento de la historia, en plena psicosis identitaria durante el proceso preautonómico

Pérez Casado, el Nou d'Octubre de 1979, el día que fue agredido. / Levante-EMV

Pérez Casado asumió la vara de mando de València en un volcánico mes de octubre, con la batalla de las banderas en flames. El 5 de octubre de 1979, Ricard Pérez Casado llegaba a la alcadía en sustitución de su compañero Martínez Castellano. Él quería ser concejal de Urbanismo, pero lo tocó llevar una bandera que, literalmente, estaba en llamas. Al frente de un consistorio de socialistas y comunistas, su primer acto no pudo ser más simbólico: el primer Nou d’Octubre celebrado en democracia.
La portada de este diario del día 6 de octubre, tras acceder a la alcaldía, ya daba cuenta del clima que iba a marcar su década al frente de la alcaldía: "No tenemos ningún proyecto que se acerque al fantasma dels Països Catalans", se veía obligado a aclarar el nuevo alcalde. "Esta es una ciudad exasperada, crispada", lamentaba en su discurso.

Portada de Levante del 6 de octubre de 1979. / Hemeroteca Levante-EMV
El 25 d’Abril de ese año, el Consell preautonómico establecía que, hasta que el futuro Estatut no diseñara la solución definitiva, la bandera oficial sería “la Senyera consistente en cuatro franjas rojas horizontales sobre fondo amarillo, incorporando el emblema del Consell en el centro”. La derecha (UCD, AP, las diputaciones) se ausentó de aquella votación. Horas después, llegaron bombas a los domicilios del alcalde y del presidente del Consell.
Ese fue, en un año de atentados, grandes manifestaciones de diferente signo y de violencia ambiental, el clima en el que aterrizaba Pérez Casado, en medio de una “psicosis paranoide en torno al anticatalanismo”, como lo ha calificado el historiador Juan Luis Sancho, alimentado por la derecha, organizaciones y medios afines.
Una historia de violencia
Frente a la historia idílica de la transición ejemplar, los años del establecimiento de la democracia fueran una historia de violencia. En el caso valenciano, con el conflicto identitario como telón de fondo. El investigador Borja Ribera ha documentado entre octubre de 1975 y abril de 1982 unas 162 acciones violentas graves, el 73,4% protagonizado por la derecha y grupos anticatalanistas.
Ese 1979 fue un año de alto voltaje y los días previos a la entrada de Pérez Casado como concejal se disparó la tensión. A finales de septiembre, se publicaba en el BOE el decreto de bilingüismo para llevar el valenciano al sistema educativo, agitando el debate sobre la política lingüística, vigente sigue medio siglo después. La ultraderecha de Blas Piñar se movilizaba ante el 9 d’Octubre, una fecha que, dos años antes, había congregado una multitud en favor del proceso autonómico valenciano.
En 1979, con todo, la polémica estaba en los símbolos. El ayuntamiento, ya con Pérez Casado, obvió las presiones y mantuvo, junto a la bandera de España y la senyera tricolor de la ciudad, la bandera oficial del Consell, ‘sense blau’. El Nou d'Octubre fue una jornada grave, pese a ser un día laborable (recuerda Ribera en su ‘Una historia de violencia. La transición valenciana, Tirant, 2023). Hubo agresiones, persecuciones e insultos a periodistas, ciudadanos y autoridades, ante la pasividad de la Policía nacional y del gobernador civil.

Ricard Pérez Casado asume la Alcaldía de València en 1979. / Archivo/Luis Vidal
Uno de los agredidos fue el propio alcalde. Un botón y unas gafas rotas. Era el parte de daños que Pérez Casado recordaba en un reportaje para Levante-EMV, cuatro décadas después. El exalcalde restaba gravedad y tiraba de ironía aunque no fue una jornada de risas. El concejal Pedro Zamora, del PCE, que portaba la bandera, recordaba insultos, huevazos y golpes de palos.
Las banderas quemadas
Lo más recordado de aquel día fue el artefacto incendiario que se lanzó al balcón, para quemar la quatribarrada (la obsesión era evitar que la senyera de la ciudad, luego también oficial para toda la autonomía, pasara bajo ella), aunque el fuego se extendió al resto de banderas. “Milans del Bosch me dijo que dispararían si alguien quemaba la de España”, contaba el alcalde a este diario el 9 d’Octubre de 2019.
Pese a que se estudió suspender el acto por la violencia que se estaba dando, finalmente la comitiva realizó el trayecto escoltada, con un cordón de protección. El alcalde se desplazó en coche, pero no evitó ser agredido en el parterre, ante la ausencia de la Policía nacional. Salieron de allí a trompicones, narra Ribera en su libro, siendo de nuevo agredidos durante el regreso al pie a la casa consistorial. Comenzaba la década de Pérez Casado: de transformación, de grandes proyectos urbanísticos y de modernización de la ciudad, al tiempo que, también, tuvo que lidiar con un incendiado clima identitario que tenía en el Cap i Casal su mayor cámara de resonancia.
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