Cuando Pérez Casado 'ganó' las elecciones de la paz en Bosnia
Mostar llora ante el fallecimiento de quien fue una figura clave en la celebración de los primeros comicios de la ciudad tras la guerra

Pérez Casado recibe a José María Aznar en la ciudad de Móstar, Bosnia, en 1996. / EFE

No todas las victorias electorales tienen que ver con ser el más votado, lograr apoyos suficientes para gobernar o conseguir mejorar el número de representantes, hay veces que es su sola celebración la que conlleva el verdadero triunfo. Puede parecer un reto menor para quien logró erigirise como principal fuerza en dos citas con las urnas en el Ayuntamiento de València, una de ellas con mayoría absoluta, pero hoy, a más de 1.700 kilómetros, en Móstar, el recuerdo de Ricard Pérez Casado va más vinculado con la hazaña de poner las urnas que con la celebración de juntar más papeletas que nadie.
Pérez Casado pasará a la historia como el segundo alcalde democrático de la ciudad de València, sí, pero también como uno de los encargados de que en la ciudad bosnia se pudiera recobrar cierta normalidad a partir del voto después de la guerra de los Balcanes. Y no en un lugar cualquiera. El nombre de Móstar retrotrae a la memoria del conflicto de los 90 con el gran símbolo del Puente viejo y sus 400 años de historia destruido por las fuerzas serbobosnias y bosnio-croatas el 9 de noviembre de 1993 tiñendo el río Neretva de rojo y rompiendo la unión metafórica de civilizaciones en plena Europa.
Allí fue destinado, con 50 años, el ya exalcalde de València en 1996 como administrador de la Unión Europea. Tomó el cargo en abril de ese año sustituyendo al alemán Hans Koschnick que había renunciado tras un ataque fallido de exaltados croatas. Se encontró una ciudad dividida estrictamente en dos conforme a las líneas fijadas en el acuerdo de paz del año anterior: la occidental, dominada por las fuerzas croatas, y la oriental, de población bosnia. Allí había habido más de 2.000 muertos y 5.000 edificios derruidos durante la guerra, además de forzar la huida de cerca de 60.000 personas.

Imagen de Pérez Casado en la visita a Móstar en el 2016. / FACM
"Lo que encontré fue desesperación, encono y destrucción", recordaba Pérez Casado años después cuando fue premiado por su labor en la ciudad bosnia en 2016. Pero eso es más adelante, volvamos a 1996. No era la primera vez que el dirigente socialista se encontraba tensión en las calles por cuestiones identitarias. Pérez Casado había vivido en primerísima persona la llamada 'Batalla de València'. La escena de la manifestación del 9 d'Octubre de 1979 es icónica, a punto de sufrir una agresión. Obviamente la distancia entre unos hechos y los que acabaron degenerándose en Bosnia es infinita, pero mostraron el lado práctico del remozado político que llevaba en aquel momento más de una década fuera de cualquier cargo institucional.
Con esos mimbres, el exalcalde del Cap i Casal se lanzó a organizar las elecciones. Fueron el 30 de junio de 1996. Según las crónicas de la jornada, en las principales avenidas patrullaban los blindados españoles y franceses enviados a la misión de la OTAN, en el casi centenar de colegios electorales había al menos un policía de la Unión Europea o de la ONU, los agentes locales reforzaban la seguridad en sus respectivos sectores y una escolta internacional cubría a los autobuses que trasladaban a los electores de una a la otra parte de la ciudad.
"Fueron un modelo"
"A pesar de las muchas noches de insomnio de los planificadores europeos, las elecciones del 30 de junio —las primeras para los mostarianos en más de cinco años— se celebraron sin incidentes. Unos 3.000 soldados y policías internacionales, junto con unos 2.000 policías bosnios y croatas omnipresentes, crearon un manto de seguridad en la ciudad étnicamente dividida. Dado que las normas exigían a los mostarianos votar en su lugar de residencia en 1991, los 97 colegios electorales fueron escenario tanto de tensos encuentros como de emotivas reuniones, aunque pocos de los que visitaban sus barrios por primera vez se alejaron demasiado de sus autobuses para visitar sus hogares", señala el informe de la ONU sobre esa jornada.
Pérez Casado siguió el desarrollo de los acontecimientos en la habitación, aquejado de una intoxicación alimentaria en Sarajevo. "¿Es más importante la celebración de las elecciones que quién sea el ganador?", le preguntaron en una entrevista al día siguiente. "Para la UE, sin duda. Nadie daba un duro por convocar elecciones", contestó el exalcalde. "Y fueron un modelo", reivindicó. Nadie puso en duda el resultado y en la lista de incidentes de las fuerzas de seguridad solo apareció un accidente de tráfico.
Dos décadas después, el 23 de julio de 2016, en la inauguración del reconstruido Puente Viejo de Mostar, quedó clara la importancia de aquella jornada. Pérez Casado recibió el “Mostar Peace Connection” de la ONG The Mostar Center for Peace and Multiethnic Cooperation junto al expresidente francés Jacques Chirac, el director de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, y los también exadministradores de la UE en Mostar, Hans Koschnick y Martin Garrod. Ese día, desde lo alto del puente, lanzaron rosas en respeto y memoria de todas las víctimas del último conflicto en Bosnia y Herzegovina. Ese día la ciudad llevaba ocho años, desde 2008, sin celebrar elecciones y aún faltarían otros cuatro para la siguiente cita con las urnas.
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