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Medio Ambiente

Llíria clama contra el biometano: 2.000 personas exigen al alcalde que paralice la macroplanta

La movilización, que desafió al frío y la lluvia, se convierte en el epicentro de una rebelión rural que recorre el interior de la Comunitat Valenciana contra un modelo energético tildado de "especulativo".

Manifestación en Lliria contra la planta de Biometano que quieren poner en la comarca.

Manifestación en Lliria contra la planta de Biometano que quieren poner en la comarca. / Levante-EMV

Gonzalo Sánchez

Gonzalo Sánchez

València

"Nos basamos en la evidencia científica, no en miedos infundados". Con esta contundencia arranca Kike Selva, portavoz del movimiento vecinal, su análisis sobre la protesta que este sábado ha sacudido los cimientos de Llíria. Ese es el estandarte de una manifestación que ha logrado reunir a unas 2.000 personas pese al frío en una marcha que marca la resistencia rural en la Comunitat Valenciana.

Los manifestantes, llegados también de comarcas vecinas, recorrieron las calles con un mensaje nítido dirigido al despacho consistorial: piden al alcalde, Paco Gorrea, que haga uso de su potestad municipal y no conceda la licencia de obras para la macroplanta proyectada en la localidad.

Manifestación en Llíria contra la planta de Biometano

Manifestación en Llíria contra la planta de Biometano / Levante-EMV

El aval de la ciencia frente al "experimento" industrial

El movimiento que lidera la Asociación Camp de Túria y la Serranía ha decidido poner las cartas del rigor científico sobre la mesa. Durante la lectura del manifiesto en la plaza, Carla Granero subrayó que no son "un grupo de nostálgicos del paisaje", sino vecinos informados que cuentan con el respaldo de nombres de científicos como Fernando Valladares, Antonio Turiel, Artemi Cerdà o Máximo Florín.

Estos expertos han advertido de los riesgos reales: desde la potencial contaminación de acuíferos por metales pesados hasta la emisión de gases que la ciencia independiente vincula con riesgos para la salud. "La ciencia no está para tranquilizar conciencias de inversores, sino para proteger a las personas", resonó en el manifiesto. El temor no es solo al olor -que también-, sino a convertirse en un "experimento industrial" donde se procesen purines y cadáveres de animales de procedencias lejanas.

Una "puñalada" que sangra por todo el interior

Llíria es hoy la punta de lanza, pero el descontento es un roto que recorre el eje Utiel-Requena y la Hoya de Buñol. Lo que los vecinos califican como una "puñalada" ambiental es, en realidad, un patrón que se repite: proyectos de dimensiones colosales que aterrizan en municipios con poca densidad de población pero mucha historia agrícola.

En Buñol, la plataforma Salvemos Farrajón ya ha movilizado miles de alegaciones, y en San Antonio de Requena el sentimiento de ser una "zona de sacrificio" es idéntico. Se critica que la Generalitat Valenciana vea en estas plantas una vía para el autoabastecimiento energético -ya que la Comunitat no tiene reservas naturales de gas- sin tener en cuenta el impacto social. Para los manifestantes, la "soberanía energética" no puede ser la excusa para que las multinacionales hagan el agosto a costa del bienestar del mundo rural.

El negocio del gas en tiempos de guerra

Kike Selva pone el dedo en la llaga económica y geopolítica del conflicto. Según explica, este modelo no es rentable por sí mismo: "Producir gas de esta manera cuesta tres veces más que el gas natural; solo se sostiene por las subvenciones europeas".

"Quieren convertir al mundo rural en el productor de gas para Europa mientras atacan al sector primario con acuerdos como el de Mercosur", denuncia Selva. El portavoz vincula la proliferación de estas plantas con una política que, a su juicio, facilita la importación de productos agrícolas de fuera mientras llena el territorio nacional de infraestructuras para procesar residuos que nadie quiere cerca de las grandes ciudades.

La decisión de Gorrea

El foco de la protesta de este sábado ha sido, inevitablemente, Paco Gorrea. Los vecinos no buscan el choque, sino la complicidad. "Gobernar no es solo firmar papeles, es cuidar y proteger", rezaba el texto leído ante la multitud. La petición es que el Ayuntamiento de Llíria se sume a la senda de consistorios como el de Casinos o Domeño, cuyos alcaldes, Miguel Navarré y su homólogo domeñero, han mostrado un apoyo explícito a las reivindicaciones vecinales.

El consistorio tiene sobre la mesa la decisión de autorizar una obra que los manifestantes ven como el acta de defunción de su modelo de vida. Los miles de manifestantes que han llenado las calles de Lliria presionan en una dirección clara.

Próxima parada: Valencia

La manifestación ha terminado con una declaración de intenciones que eleva el pulso a nivel autonómico. Los 2.000 de Llíria son solo la avanzadilla de una movilización que pretende trasladarse a las puertas de la Generalitat en Valencia.

El "éxito" de hoy, a pesar del termómetro y las nubes, demuestra que el interior valenciano está movilizado. No es solo una cuestión de biometano; es la lucha por el derecho a decidir qué tipo de progreso quieren para su tierra. Entre gritos de "Renovables sí, pero no así", Llíria ha puesto el balón en el tejado del Ayuntamiento y del Palau de la Generalitat.

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