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Tragedia en Indonesia

"Hoy acompañamos a los nuestros a la habitación de al lado"

Cientos de personas arropan a las familias de los cuatro fallecidos en Indonesia en un funeral marcado por el agradecimiento, la serenidad y la unidad.

Así ha sido el comunicado de las víctimas del naufragio de Indonesia

Francisco Calabuig

Voro Contreras

Voro Contreras

València

València se reunió este mediodía en torno a un silencio compartido para despedir a Fernando Martín Carreras y a los tres niños, Lía, Quique y Mateo, fallecidos en el naufragio ocurrido en Indonesia el pasado 26 de diciembre. La parroquia de San Josemaría Escrivá, en el barrio de Campanar, se quedó pequeña para acoger a las cientos de personas que quisieron acompañar a las familias en un funeral marcado por la emoción, la gratitud y una idea que atravesó toda la ceremonia como un hilo invisible: «Hoy acompañamos a los nuestros a la habitación de al lado».

Antes de que comenzara la misa, las familias quisieron tomar la palabra. A las puertas del templo, Álvaro Ortuño, hermano de Andrea -única adulta de la familia que logró sobrevivir al naufragio- y portavoz de todas ellas, leyó un comunicado que marcó el tono de todo lo que vendría después.

"Terima kasih"

«En nombre de nuestras familias, y hablando como solo una», comenzó, subrayando una unidad que se repetiría durante toda la mañana. No hubo reproches ni consignas, solo agradecimiento sereno, pronunciado con la voz quebrada pero firme.

El comunicado también sirvió para dar las gracias a quienes han acompañado el duelo desde muchos lugares: a las instituciones y a las personas concretas que las representan; a los cuerpos de seguridad y a la representación consular; a los medios de comunicación por la «sensibilidad, el cuidado y la prudencia»; a las familias, a los amigos cercanos y lejanos y también a quienes, en silencio, pensaron en ellos sin saber cómo acercarse.

Hubo también un recuerdo especialmente sentido para Labuan Bajo, el pueblo indonesio que acogió a la familia durante los días de búsqueda, y para los equipos de rescate. «A nuestros buzos, que nos dieron sus pulmones y también sus alas», dijo Álvaro antes de pronunciar un sencillo «terima kasih» («gracias») que resonó como un abrazo lejano.

Pero el centro emocional del comunicado llegó al final, cuando las familias pusieron palabras al sentido de la despedida. «Hoy acompañamos a los nuestros a la habitación de al lado, con un dolor inmenso, pero también con la serenidad de saber que están en un lugar mejor», subrayaron. Desde esa serenidad, reafirmaron su voluntad de buscar una «justicia tranquila, sin odio ni rencor», una justicia que honre la memoria de los cuatro y les permita seguir adelante con dignidad.

Dolor y serenidad en la misa

Dentro del templo, la ceremonia avanzó entre música, silencio y lágrimas contenidas. La iglesia, abarrotada, obligó a muchos asistentes a seguir la misa desde la planta superior o desde el vestíbulo del templo. Acudieron representantes institucionales como la alcaldesa María José Catalá, la delegada del Gobierno Pilar Bernabé, la presidenta de Les Corts, Llanos Massó, así como los conselleres Juan Carlos Valderrama y Susana Camarero.

También acudieron profesionales del mundo del deporte, como el entrenador Paco López, el director General del Valencia CF, Javier Solis, y las jugadoras del equipo femenino del club valencianista del que Fernando era entrenador. Y, sobre todo, familiares, vecinos del barrio, amigos y compañeros de colegio de los niños, que compartieron banco y recogimiento en una jornada tan dolorosa como emotiva.

El sacerdote, visiblemente emocionado, habló del duelo como «el precio que pagamos por amar» y pidió permitirse llorar, pero también agradecer el tiempo vivido. «No creo que Fernando, ni Lía, ni Quique ni Mateo sean ausencia en vuestras vidas», dijo. «Continuarán estando presentes con la fuerza del amor», animó a las familias, invitándoles a descubrir poco a poco esa presencia que permanece.

Los recuerdos

Las voces de amigos y familiares fueron poniendo rostro a los ausentes al final de la misa. Un amigo de Fernando lo describió como alguien perseverante, comprometido, capaz de coger «cuatro aviones para despedir a un amigo», un hombre que entendía la vida como algo que se comparte. Su primo evitó la palabra adiós: «Hoy no me voy a despedir de ti. Hoy es un homenaje». Amigos y amigas hablaron en presente de Lía, Quique y Mateo, prometiendo no olvidarlos nunca, y pidieron mandar «un beso al cielo» a «estos cuatro ángeles». Cada intervención arrancó aplausos contenidos y lágrimas abiertas.

También intervino de nuevo Álvaro que, en uno de los momentos más sobrecogedores del funeral, recordó el último día en Indonesia, cuando, exhaustos, volvieron en barco al lugar donde descansa Quique. Allí, Andrea pronunció unas palabras que volvieron a aparecer en el funeral: «La muerte no es nada, yo solo me he ido a la habitación de al lado». Esa imagen repetida, una especie de «no os soltamos, no os perdemos, no os olvidamos», de un amor que cambia de lugar, pero no de intensidad, se convirtió en consuelo compartido.

Tras casi hora y media de ceremonia, el sacerdote bendijo con agua e incienso cuatro cajitas situadas junto al altar: tres con las cenizas de Fernando, Lía y Mateo, y una más pequeña en recuerdo de Quique, cuyo cuerpo aún permanece en el lugar del naufragio. Al final, recordó que «el amor es más fuerte» y pidió a las familias vivir lo que venga «juntos». A la salida, el goteo constante de personas abandonando la parroquia prolongó durante minutos un silencio denso, sereno y respetuoso.

La investigación continúa contra el capitán y el jefe de máquinas

La Policía Regional de Nusa Tenggara Oriental mantiene abierta la investigación por el naufragio del barco en el que fallecieron los cuatro valencianos y ha acusado por «negligencia con resultado de muerte» al capitán del barco, identificado solo por la inicial de su nombre, L., y al jefe de la sala de máquinas, M., del KM Putri Sakinah. La acusación policial formal se producía el 8 de enero, justo cuando estaban arreciando las críticas por el paso de los días sin que se dirigiera la investigación contra nadie, a pesar del hecho de que solo hubiera fallecidos en el grupo de turistas, mientras que toda la tripulación logró salvarse. Tal como ha venido informado Levante-EMV, Fernando Martín y su mujer, Andrea Ortuño, habían alquilado el barco, de dos plantas y cuatro camarotes, para viajar con los cuatro niños -Lía, de 12 años, Quique, de 10 (el único que no ha sido encontrado), Mateo, de 9, y una niña de 7 años; los dos primeros y la última son hijos de Andrea, y Mateo era hijo de Fernando- a la isla de Komodo desde Labuan Bajo en una excursión de dos días.

A bordo viajaban los seis valencianos y cinco indonesios, cuatro de ellos, tripulantes -el capitán, el jefe de máquinas, un cocinero y un marinero- y el quinto, un guía local. Tanto los tripulantes como el guía se salvaron y lograron salir ilesos del naufragio, algo que ha llamado la atención y a lo que la Policía está buscando explicación. Por contra, Fernando y tres de los menores -Lía, Mateo y Quique- fallecieron ahogados, mientras que Andrea y su hija de siete años, lograron sobrevivir. Ambas se encontraban en la cubierta de la embarcación en el momento del accidente, mientras que el padre y los tres niños restantes estaban en los camarotes, lo que explica que solo se salvaran las dos primeras, mientras que los cuatro quedaron atrapados dentro de la embarcación.n

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