Nada que hacer

Aunque el último informe sobre el estado de cambio climático que ha presentado Copernicus no deja lugar a dudas, el mundo prefiere seguir con sus pautas cotidianas de comportamiento contrario a la sostenibilidad, como el uso a destajo del vehículo particular. / Geitab
Jorge Olcina
Les confieso que al escribir estas líneas me asalta la tristeza y la perplejidad ante lo que estamos viviendo en este mundo de complejidad. Nunca pensé que llegaría a afirmar estas palabras en esta columna de opinión con la que llevamos colaborando desde hace más de una década; un espacio de libertad que nos permite expresar cada semana nuestras impresiones sobre la realidad atmosférica que se desarrolla a diario y nuestras ideas e inquietudes ante el futuro climático que se nos presenta. Un rincón mediático al que nunca podremos estar lo suficientemente agradecidos todos los que escribimos esta columna meteorológica semanal.
Hoy, con tristeza, puedo afirmar que no hay nada que hacer, de momento, para evitar que se vaya consolidando el proceso actual de cambio climático, que tanto dinero y vidas humanas está costando ya. Un proceso acelerado y que no se va a revertir a corto ni a medio plazo.
El último informe sobre el estado de cambio climático que ha presentado Copernicus no deja lugar a dudas. Pero el mundo vuelve a lo peor de la economía de los combustibles fósiles. Y esto va para largo. La ciencia no está pudiendo con el discurso irracional de la mentira, de la negación, con las amenazas. No hay nada que hacer. Apenas seguir trabajando, investigando, con honestidad y rigor. A sabiendas de que los mensajes de la ciencia no están sirviendo para concienciar a la población mundial y particularmente a los gobernantes.
Va a tener que ser la propia atmósfera, a través de manifestaciones extremas más continuadas, más intensas, más dañinas, la que pueda reconducir esta deriva que nos conduce a la nada. Pero el coste será muy alto.
Aquí seguiremos mostrando resultados de investigaciones, mostrando datos reales y aguantando que el dedo acusador de la ignorancia prefiera nuestro silencio para poder seguir con sus pautas cotidianas de comportamiento contrario a la sostenibilidad (uso a destajo del vehículo particular, derroche del agua en el campo y en la ciudad, transformación especulativa del suelo natural, ocupación de la franja costera,…). No hay nada que hacer. Como nos dice Jorge Drexler: «todos a sus puestos», esperando con resignación lo que nos deparará el nuevo orden mundial, que es todo menos racional; preparándonos ante un clima cada vez menos confortable, cada vez más hostil.
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