Médicos de todo el mundo ante su examen decisivo: València celebra el MIR
Miles de jóvenes médicos se enfrentan al examen MIR en Valencia, una prueba crucial que determinará su futuro profesional

Examen MIR en València 2016 / Eduardo Ripoll

La avenida de Tarongers ha cobrado una actividad inusitada en la jornada de sábado. Y no es cualquier cosa, porque miles de jóvenes se están jugando el futuro. Convocados con la carrera de Medicina bajo el brazo -para la que ya de por sí tuvieron que presentar unas notas de bachiller envidiables- fueron llamados para enfrentarse al cuestionario de sus vidas. La llave para, en función al resultado que obtengan garantizarse cuatro o cinco años de residencia, sea en la especialidad soñada o en un particular plan B. Y además, en la ciudad más cercana o la más lejana. Dependerá, en gran medida, de esta prueba, más un intangible que, llegado el momento, puede ser decisivo cuando el destino se resuelve por la mínim: el expediente académico, las notas conseguidas durante la carrera, que suponen el 10 por ciento del baremo final.
La prueba es la misma en todo el territorio español y está sincronizada para celebrarse de forma simultanea. Con 210 preguntas cerradas, teóricamente bajo secreto absoluto y precintadas hasta el momento de iniciar la prueba. Los alumnos tienen un particular código para señalar las contestaciones, tanto si lo tienen claro como si tienen que rectificar sobre la marcha. Además de estar prohibidos los dispositivos que puedan ser susceptibles de transmitir o almacenar información.
En el campus valenciano, una auténtica ONU. Jóvenes procedentes de València y su zona de influencia. Lógicamente, españoles en su inmensa mayoría, pero también de Ecuador, Bolivia, Armenia, Argentina, Italia, Rusia, Cuba, Ucrania, Chile, República Dominicana, Costa Rica, Letonia, Georgia... hasta Phaine Thomas, que viene de Haití; Noutenen Kaba, de Ghana o Paula Leticia Dorinda de Mozambique, o aunque la palma se la lleva Bashar Hamadna, cubano con nacionalidad palestina.
En el papel, todos los diagnósticos imaginables en cualquier parte del cuerpo. Con la misma crudeza que se van a enfrentar en su día a día y para las que deben demostrar que conocen tanto el diagnóstico como el tratamiento. Basado en hechos reales: fotografías, Tacs, radiografías, imágenes al microscopio... y cuatro alternativas para resolver. A menos de un minuto y medio por pregunta para analizar, mirar y tomar la misma decisión que, llegado el momento, deberán adoptar no sobre un papel, sino sobre un caso auténtico.
Con la particularidad de que el error se penaliza: un acierto supone tres puntos; pero un error resta uno. En esa tesitura, y como no faltan las preguntas trampa, el estudiante debe decidir si dejarla en blanco -que ni suma ni resta- o arriesgarse. "Yo juego. Ante la duda, respondo y espero que la suerte esté de nuestro lado".
La convocatoria es la más amplia de la historia, con 12.366 plazas, para las que se presentan casi el triple de aspirantes. En València fueron llamados a la convocatoria tres mil, más los que hacen el examen "bajo protesta": aquellos que no fueron admitidos para hacer el examen y que, por el retraso en aparecer las listas, han presentado o podrán presentar recursos de alzada. Esos exámenes sólo se corregirán en el caso de que el afectado, efectivamente, haya presentado el contencioso y reciba una respuesta positiva.
Hay lugares en los que los grandes exámenes se consideran una cuestión de Estado. En Corea del Sur incluso se restringe el tráfico aéreo durante la prueba de acceso a la universidad. Debajo del campus de Tarongers no se iba a interrumpir el tráfico aéreo. Y lo que se encontraron los aspirantes es un atasco monumental... causado por ellos mismos. Porque muchos de ellos acudieron llevados por sus progenitores, fuera para dejarlos en la puerta, beso y adiós o para acompañarles hasta el último momento, cuando finalmente las puertas del aulario se abrieron, media hora antes del inicio de las pruebas, despidiéndose entre abrazos, besos y gritos de "molta sort". Mañana desapacible por el viento y alguna que otra confusión al buscar en las listas. "¿Pero esa puerta donde es?". Poco a poco, disciplinadamente, suben las escaleras para perderse, durante cuatro horas y media, en un aula donde nada se puede dejar ya a la improvisación.
En el MIR ya no se acude con la libreta echando un último repaso. "Lo que no hayas estudiado y entrenador hasta ahora, ya no sirve de nada" comentaban los estudiantes. En parejas, corrillos o en solitario. "Sabemos a lo que vamos" reconocen teniendo en cuenta que el examen no deja de ser teoría, pero que es una versión muy particular de una oposición.
No es el día de pensar en el futuro, sino en el presente. "Es que es lo que siempre he querido ser" comenta uno de los jóvenes. "Ojalá las cosas mejoren" ya tienen interiorizado que "lo de las guardias es una locura", pero ahora no piensan en el Estatuto Marco ni en los tópicos que les etiquetarán. "Ahora solo pienso en hacer un buen MIR y después, demostrar el papel que tenemos en la sociedad".
Cada estudiante tiene una historia diferente. En juego están sus propias ilusiones.

Teresa Pérez / M. D.
Teresa Pérez
"El intensivo lo llevo preparando seis meses, hasta hace un día y medio". Esto quiere decir que se puso inmediantamente, una vez acabado el curso. "Acabé sexto, el último año con el TFG y el último examen práctico. Me cogí apenas dos, tres días de descanso y en seguida me metí con la preparación".
¿Se le dan muchas vueltas a la cabeza? "Yo he dormido bastante. Para lo nerviosa que soy lo he llevado muy bien y me veo sana y con ánimos para afrontar el día".

Paula Castro / M. D.
Paula Castro
El sistema del MIR es sencillo: cuanta mejor nota se tiene, más posibilidades hay de optar a la especialidad soñada. "Yo, por ejemplo, voy muy dirigida, pero conforme pasan los días y ves lo dificil que es, tengo más planes. Pero tengo uno, que es Urología. Si no, me gusta mucho Psiquiatría". Es, como para la gran mayoría, su primer MIR, un súper examen del que todo depende. "Se hace duro porque es el examen con el que llevas pensando desde el primer día de carrera. Hablas del MIR, el MIR, el MIR... hacemos simulacros todas las semanas. ¿Cómo me han salido? Bueno, regulinchi, pero el que cuenta es éste".

Ana López / M. D.
Ana López
Ana también tiene prueba, pero de Enfermería, porque la jornada incluía todo tipo de disciplinas relacionadas con el ámbito sanitario. "Nuestro examen es igual de importante y además nosotros tenemos menos plazas en proporción. No es tan fácil elegir. Nos presentamos 11.000 para 2.700 plazas. Yo también hago simulacros. Bueno, me han salido bien. Espero que se refleje". Las enfermeras, que se embeben en el mercado laboral muy pronto se examinan "para tener una especialidad, porque hay pocas ¿Mi sueño?. Matrona"

Lucía Argente / M. D.
Laura Argente
Laura sabe las reglas del juego de las 210 preguntas. "Somos personas preparadas, que toda la vida hemos sacado buenas notas, pero esto también es una competición ante gente que también también ha sido siempre muy buena. Hay mucha competitividad y con el MIR vas a lo mismo: a un examen para el que todos se han preparado muchísimo, todo el mundo ha estudiado un montón de horas y dependes de esas preguntas. Lo más dificil es eso: mantener la calma y prepararse mucho con los simulacros". Espera que el partido sea igual que el entrenamiento "porque hemos tratado todas las posibilidades, apretando la dificultad para verte en todas las situaciones, ordenadas, desordenadas".

Ana Abril / M. D.
Ana Abril
Una de las características de muchos de ellos es ser metódicos en la preparación. "Lo importante es tener una rutina y no dejar de lado las cosas que te gustan. A mi por ejemplo, me gusta hacer deporte y lo he hecho. Lo hacía a mediodía, con lo que tenía la pauta de estudio, descanso y por la tarde, como si fuera un día nuevo, sin quemarte".
"Lo importante es mantener la calma y que no te quite las prioridades. Seguir adelante sabiendo la realidad que está pasando y que has llegado aquí por algo". A Medicina no se entra más que con una EBaU pata negra. "Lo que sé es que quien entra en Medicina es muy constante".

Las familias de Lucía y Vicente / Eduardo Ripoll
Orgullo de padres
Detrás de los estudiantes hay unos entornos familiares para los que las cuatro horas y media se les hacen largas, porque también han vivido la preparación.
Amparo y Vicente, Gerardo y Llanos se han convertido en consuegros, porque sus hijos, Vicente y Lucía, se han ennoviado durante la carrera. Les han acompañado y se quedan a la espera de que acaben su particular tormento. Se sienten orgullosos. "Si porque han tenido vocación y han tenido capacidad de sacrificio. Son chicos jóvenes, que les gusta la fiesta, pero que a al vez han sabido ser disciplinaados y responsables con el manejo de su tiempo. Han tenido buenas notas en Bachillerato y en la carrera. Estamos muy felices de a donde han llegado". El apoyo más allá del económico, que también, "es emocional. Si tienen tiempo libre, gestionarlo a sus preferencias. Adaptar los fines de semana a su marcha si es necesario. Hemos viajado de Albacete a Valencia y viceversa, pero lo que sea necesario".
Y dejarles porque saben lo que hacen: "Ellos van muy mecanizados en horario: la de estudiar, parar, comer... y lo que tenemos que hacer es tenerlo todo preparados para que sigan". Y respetando los nervios de los últimos días o semanas. "Hay que dejarles, respetando su momento". Con la esperanza de que ambos cumplan sus sueños "que tenían desde niños".
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