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Cooperación

Fatma El Mehdi, ministra saharaui desde los campos de refugiados: “Podemos estar orgullosos de tener un Estado, aunque esté en el exilio"

La ministra de Cooperación de la República Árabe Saharaui Democrática, que vive desde 1975 en un campamento en Argelia, visita València para buscar alianzas políticas y humanitarias

Fatma El Mehdi, la ministra de Cooperación de la República Árabe Saharaui Democrática, que vive desde 1975 en un campamento de refugiados

Miguel Angel Montesinos

Marta Rojo

Marta Rojo

València

Fatma El Mehdi conoce bien los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia. Al principio, el polvo, las tiendas, la desubicación. Lo que falta y lo que no en esos campamentos. Lo que se puede hacer en ellos y lo que no. Cuando llegó, una niña de siete años que había caminado durante días, durante kilómetros, no imaginó que acabaría formando parte del Gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática. Fatma es hoy la ministra de Cooperación y no ha olvidado nada de su infancia.

“Ahora, en los campamentos contamos con casi tres generaciones ya; yo ya soy abuela y, aunque es una situación muy complicada en el sentido humanitario, creo que también es da orgullo”, considera El Mehdi, estos días de visita en València para reunirse con el Intergrupo Parlamentario Paz y Libertad para el Pueblo Saharaui en las Corts, con el Ayuntamiento de València, la Diputación y la Generalitat, además de con representantes de ONG que trabajan sobre el territorio. Orgullo, añade, por la resistencia que demuestra el pueblo saharaui. “La idea sobre la que han luchado mis abuelos y mis padres, ahora mis hijos la están llevando también como una prioridad”, reivindica. Y esa idea es “la resistencia de todo el pueblo saharaui a pesar de las dificultades, por su autodeterminación y la recuperación de sus tierras”.

Fatma El Mehdi, la ministra de Cooperación de la República Árabe Saharaui Democrática, que vive desde 1975 en un campamento de refugiados

Fatma El Mehdi, la ministra de Cooperación de la República Árabe Saharaui Democrática, que vive desde 1975 en un campamento de refugiados / Miguel Angel Montesinos

"Estudiábamos en jaimas, en tiendas de campaña"

Construir una vida como la de Fatma y muchos de sus compatriotas no es tarea fácil cuando se vive a miles de kilómetros de casa. Tampoco cuando cada acción cotidiana está sujeta por miles de parches. Ir al colegio, por ejemplo. “Se estudiaba en unas jaimas, unas tiendas de campaña, sin libros, sin contenidos, sin profesores preparados”, rememora. Ella misma tuvo que salir del campamento para estudiar una carrera en Libia. En materia de salud, sobrevivían sin medios para luchar o prevenir enfermedades.

El hacinamiento, la incertidumbre, el hambre, no podría olvidarlos, aunque quisiera, porque Fatma aún vive en esos campamentos de refugiados, donde es ministra de un Estado en el exilio, que reconocen alrededor de 80 países del mundo, la mayoría africanos. De hecho, El Mehdi identifica un antes y un después en la inclusión de la República Árabe Saharaui Democrática en la Unión Africana. “A nivel humanitario sigue siendo muy difícil porque seguimos viviendo con una total dependencia de las agencias internacionales y de las aportaciones que pueden hacer el movimiento solidario, pero el cambio se nota en ámbitos como la salud, la educación, la igualdad de género, los derechos humanos, el tema jurídico o el tema administrativo”, considera.

Un Estado "en el exilio"

“En realidad, hoy en día podemos estar muy orgullosos de tener un Estado, aunque esté en el exilio, un estado que cuenta con instituciones normales entre comillas”, dice. Las instituciones funcionan, aunque con una infraestructura precaria. “Las sesiones del Parlamento las tenemos en un espacio como este”, dice, en referencia a la sala de reuniones de la Coordinadora Valenciana de ONGD donde tiene lugar la entrevista. “Para nosotros lo más importante no son las condiciones materiales, sino el sentido de desarrollar una sociedad; el día de mañana, cuando tengamos la independencia, ya tendremos un estado en condiciones para poder llevar a cabo esa responsabilidad”, asegura.

Aun así, las instituciones existen, y también la cooperación internacional. El Mehdi destaca que ella misma llegó a ser vicepresidenta del Parlamento Panafricano, el órgano legislativo de la Unión Africana, tras su elección en 2015. También ha sido presidenta del Comité de las Mujeres y de Igualdad dentro del ECOSOCC, el Economic, Social and Cultural Council, un órgano asesor de la Unión Africana. La ministra habla de una sociedad democráticamente muy avanzada: el 42% de los escaños de su Parlamento están ocupados por mujeres, mientras que en las áreas de Educación y Salud hay entre un 62 y un 88% de cargos ocupados por mujeres. En los campamentos, dice, el 100% de los niños están escolarizados.

Fatma El Mehdi, la ministra de Cooperación de la República Árabe Saharaui Democrática, que vive desde 1975 en un campamento de refugiados

Fatma El Mehdi, la ministra de Cooperación de la República Árabe Saharaui Democrática, que vive desde 1975 en un campamento de refugiados / Miguel Angel Montesinos

"España debería ser parte de la solución"

A pesar de todo ello, España no es uno de los países que reconocen como Estado a la República Árabe Saharaui Democrática. “Nosotros no podemos olvidar nuestra historia y, desgraciadamente, esa parte ha sido la causa de todo lo que sufrimos hoy, por el final que España le dio al tema del colonialismo”, considera Fatma. Sus padres, de hecho, todavía tienen en su documentación una prueba que certifica ese pasado, esa responsabilidad española en el Sahara Occidental. “España había sido parte del problema y hemos querido que sea también parte de la solución y eso, desgraciadamente, no ha pasado y no lo podemos entender”, afirma. Aun así, a pesar del bloqueo político, destaca el “nivel solidario” del pueblo español. “Es algo que nos anima y que muchas veces hasta nos hace olvidar la relación que tiene el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con Marruecos”, añade El Mehdi.

El único territorio árabe africano donde se habla español ha intentado durante años que se instale allí un Instituto Cervantes, sin éxito. Es otro de los silencios de un reconocimiento que no acaba de llegar. Pero asegura la ministra que la lucha del pueblo saharaui no se detendrá por mucho que se la ignore. “Tenemos aliados muy importantes a nivel del continente y representaciones en muchos otros países”, detalla. Y añade, con orgullo: “no ser reconocidos no nos afecta para nada; el proyecto político saharaui es propio de los saharauis, y van a seguir su lucha con o sin el apoyo y el reconocimiento internacional”. “Pasamos olímpicamente de esa falta de reconocimiento, ya nos reconocerán”, zanja.

Recortes millonarios en ayuda humanitaria

Pero hace años que Fatma no para de buscar nuevas relaciones, nuevos lazos. Ahora, lo hace en su primera visita a Valencia en un momento especialmente complicado. Aunque han conseguido poner en marcha un sistema institucional propio, los saharauis en los campos de refugiados todavía dependen para subsistir de la ayuda internacional, y esta no está en su mejor momento: de Estados Unidos a Acnur pasando por el programa mundial de Alimentos, en estos últimos tres años, los recortes han sido millonarios, con las necesidades que ello implica. Las ayudas de Estados Unidos, que casi representaban el 41%, ya no existen, y dudan sobre el futuro de las ayudas de la Agencia de Cooperación Española, además de lamentar que Acnur también ha reducido sus aportaciones en el 40%. 

Ese impacto es especialmente duro para la infancia. Lo sabe bien Lourdes Crespo, del Movimiento Valenciano de Ayuda al Pueblo Saharaui, organizador del programa Vacaciones en Paz, que cada verano permite que familias valencianas acojan a niños saharauis durante dos meses. Durante ese tiempo, “se apartan de unas temperaturas que pueden llegar a los 50 grados”, y tienen acceso a atención sanitaria, una alimentación adecuada y un entorno seguro.

Fatma El Mehdi, la ministra de Cooperación de la República Árabe Saharaui Democrática, que vive desde 1975 en un campamento de refugiados

Fatma El Mehdi, la ministra de Cooperación de la República Árabe Saharaui Democrática, que vive desde 1975 en un campamento de refugiados / Miguel Angel Montesinos

El respiro de Vacaciones en Paz

“Los niños y niñas vienen con mucho miedo el primer año, imagínate mandar un niño de ocho o nueve años a un país que no conoce, con familias que no conoce”, reconoce Lourdes. Pero el movimiento solidario busca a familias que durante lo que dura el programa acogen a esos niños “como a uno más en su casa”. 

Los niños de Vacaciones en Paz no son criaturas sin familia. “Pueden tener carencias sanitarias o de mucho tipo, pero no tienen carencias de amor y de familia”, reivindica Lourdes. Pero durante el verano hacen revisiones médicas u operaciones, tienen ocio y conocen gente. “Pero no hay que perder de vista que no solo es un programa humanitario, también es un programa político: esos niños son embajadores de su pueblo y cuando están aquí tienen que alzar la voz y seguir pidiendo un Sahara libre”, considera. En su casa, acoge estos últimos veranos a la hija de la primera niña saharaui que se quedó en casa de sus padres.

"Ahora mi hija tiene dos familias"

También la propia Fatma ha sido beneficiaria directa de ese programa. En realidad, más bien su hija, una chica con discapacidad que pudo tener su seguimiento médico todos los veranos durante 17 años gracias a una familia acogedora. “Ahora mi hija tiene dos familias, dos madres, dos padres, tiene un montón de hermanos y de tíos y de tías”, celebra. Eso, a pesar de que denuncia los ataques de Marruecos al programa. “Dicen que mandamos a nuestros hijos a estar con familias ateas o cristianas o católicas, de la misma forma que nos critican a las mujeres que viajamos sin el permiso de los maridos, sin estar acompañadas por el padre o el hermano”, lamenta.

Vacaciones en Paz es el programa estrella del Movimiento Valenciano de Ayuda al Pueblo Saharaui, y lo cierto es que funciona. Aun así, Lourdes reconoce que lo lento que avanza el reconocimiento internacional le genera una frustración que no puede evitar. “Es algo muy largo, llevamos mucho camino y a veces nosotros nos desesperamos”, afirma. Pero, al movimiento, le queda aferrarse a la paciencia de los propios saharauis. “Ellos saben que seguramente nosotros no lo veamos, pero lo verán nuestros hijos o nuestros nietos”, subraya. Fatma, por su parte, se aferra a ese convencimiento. No tiene duda de que llegará el día. Cueste lo que cueste.

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