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Del "me trata como una reina" al "quién te va a querer": el ciclo invisible de la violencia contra las mujeres con discapacidad

Cuatro de cada diez mujeres de este colectivo sufre maltrato machista, según el estudio ‘Ojo al dato’d e la Fundación ONCE e Inserta Empleo

De las mujeres con discapacidad víctimas de violencia de la Comunitat Valenciana, un 52% ha denunciado

Presentación del informe 'Ojo al dato' sobre mujeres con discapacidad y violencia de género

Presentación del informe 'Ojo al dato' sobre mujeres con discapacidad y violencia de género / Redacción Levante-EMV

Marta Rojo

Marta Rojo

València

Empieza con una fase de "luna de miel". Las mujeres lo recuerdan con dulzura. "Me trataba como una reina", dicen algunos de los testimonios. Luego llega el control, el aislamiento. Y, después, la violencia, y una pregunta: "¿dónde vas a ir así? ¿quién te va a querer a ti?". Es el ciclo de la violencia machista, que miles de mujeres, desgraciadamente, conocen bien. Pero es una dinámica especialmente cruda en el caso de las mujeres con discapacidad, que en muchos casos no tienen empleo, ni la fuerza física para defenderse, ni son percibidas como víctimas creíbles.

Es una de las conclusiones del estudio ‘Ojo al dato: Visibilidad de una realidad oculta a través del dato. mujer, discapacidad y violencia’ que ha presentado la Fundación ONCE en la sede de la entidad en València. Se ha elaborado a partir del testimonio de 1.600 mujeres 153 de ellas en la Comunitat Valenciana, además de con la información estadísticas del programa Inserta Empleo y grupos de discusión y entrevistas. De las 153 mujeres valencianas con discapacidad participantes, un 52,3% ha denunciado. Un 8,7% está en situación precaria económicamente y un 2% convive con su maltratador.

En España, cuatro de cada diez mujeres con discapacidad han sufrido violencia de género. Es decir, casi la mitad de las mujeres de este colectivo ha recibido violencia física, psicológica o vicaria, entre otras formas de sometimiento y control machista. El porcentaje de víctimas de violencia entre las mujeres con discapacidad es mayor que entre las mujeres sin discapacidad, un 40,4% frente al 32%.

Las causas de esa especial vulnerabilidad pasan por el hecho de ser menos capaces de defenderse físicamente, ya sea por una discapacidad física o psíquica. En algunos casos, estas mujeres pueden tener mayores dificultades para expresar los malos tratos, debido a problemas de comunicación, o ser más dependientes de los cuidados y asistencia de otros. Es especialmente difícil poner distancia con quien necesitas que te ayude a vestirte, o a darte de comer.

Denunciar tampoco es fácil para ellas: en ocasiones les resulta especialmente complicado informarse o asesorarse por las barreras arquitectónicas y de comunicación que aún persisten. Las dudas que muchas veces caen sobre las mujeres que denuncian, además, lo hacen con especial peso sobre las mujeres con discapacidad, a las que algunos perciben injustificadamente como menos creíbles. La vulnerabilidad es especialmente marcada en el caso de las mujeres que viven en familias desestructuradas, pero sobre todo entre las institucionalizadas, que habitan en residencias u hospitales.

Discapacidad y violencia, el huevo y la gallina

Es una realidad que existe y que es menos visible aún que en el caso de las mujeres sin discapacidad. Ni siquiera desde Fundación ONCE conocían su alcance inicialmente. “En el marco del proyecto Inserta Empleo para facilitar el acceso al trabajo a las mujeres con discapacidad nos dimos cuenta de que muchas venían porque necesitaban salir de sus casas, donde estaban sufriendo violencia machista”, ha explicado. Así se planteó el objetivo del informe: “mostrar una realidad que existe y que no decae”. 

¿Qué viene antes, la violencia o la discapacidad? Según los datos, en el 57 % de los casos la violencia se ejerce por su discapacidad, es decir, que el maltratador percibe la especial fragilidad de las mujeres con discapacidad y basa sus ataques en esta condición. Pero, en un 27 %, la discapacidad es consecuencia del maltrato. Asimismo, un 13 % de las mujeres señala un empeoramiento de la discapacidad tras el abuso.

Enrique Llin en la presentación del informe 'Ojo al dato'

Enrique Llin en la presentación del informe 'Ojo al dato' / Redacción Levante-EMV

Un perfil: de 45 a 59 años, con discapacidad moderada

De entre las mujeres con discapacidad víctimas de violencia de género, la mayoría tienen entre 50 y 54 años (un 21,2%). Es el grupo de edad más vulnerable, seguido por las mujeres de entre 45 y 49 (un 18,8%) y las de 55 a 59 (un 18,7%). La mayoría de las mujeres con discapacidad que sufren maltrato machista tienen una discapacidad psicosocial, seguidas por las que tiene una discapacidad física. Esos dos tipos de discapacidad suman el 82,9% de los casos de violencia de género en este colectivo de mujeres. Son mayoría (un 59,6%) las mujeres con discapacidad moderada entre las víctimas, seguidas por las que tienen una condición grave (el 35,8%).

El agresor, además, es conocido por la víctima en casi la totalidad de los casos. En el 98,2% de los casos la violencia se produce el entorno de la pareja o familia. Las mujeres que son madres con carga familiar son las más vulnerables ante la violencia vicaria. Y no son pocas: un 59% de las víctimas con discapacidad tiene personas a su cargo. De hecho, casi la mitad viven con sus hijos e hijas, pero dos de cada diez lo hacen solas.

“Me trataba como a una reina”

El informe no solo incorpora datos. También un análisis cualitativo que se pregunta por cómo, cuándo y bajo qué formas ocurre el maltrato machista. Según las entrevistas realizadas a más de 1.600 mujeres víctimas, estas proceden en su mayoría de entornos familiares con un alto nivel de machismo, con padres violentos o carentes de afectos. En ocasiones viven en la infancia violencia del padre hacia la madre o hacia otras personas con discapacidad, además de hacia ellas mismas. En general, las familias de las mujeres encuestadas tienen escasos recursos económicos y culturales.

Y, en ese caldo de cultivo, aparece el maltratador. “Me trataba como una reina”, “me hacía regalos”, “me sentía querida”, “estaba siempre conmigo y pendiente de mí” son algunas de las frases con las que las mujeres víctimas definen los inicios de la relación con su agresor. Pero en esta fase de “cuento de hadas”, ya empiezan a identificarse señales de control y progresiva poda de relaciones. Una vez la víctima ha sido aislada de su entorno cercano, y se ha destruido su autoestima favoreciendo la dependencia emocional, llega la violencia. Del “eres una reina” al “quién te va a querer a ti”.

¿Con qué apoyos cuentan estas mujeres cuando llegan los golpes o las vejaciones? En cuanto a la relación con los hijos, algunas reconocen que sus descendientes se han puesto del lado del maltratador, mientras que en otros casos las apoyan a ellas. No es así en el caso de sus familias de origen: “con tu enfermedad, date por contenta que tienes marido” es una de las frases con las que las mujeres resumen esa relación con padres o tutores.

La vulnerabilidad del desempleo y el aislamiento

El 71,1% de las mujeres con discapacidad que sufren violencia de género están atravesadas por una doble vulnerabilidad: son, además, personas desempleadas. Un factor económico que también determina la especial fragilidad de mujeres pertenecientes a un colectivo con altas tasas de paro. Casi nueve de cada diez víctimas tiene dificultades para ver cubiertas sus necesidades básicas, lo cual potencialmente las ata más a su maltratador, si este es su pareja o un familiar. Pero su maltratador utiliza su discapacidad, además, como argumento para mantenerlas alejadas del empleo. Así, impiden que accedan a la independencia económica, pero además las aislan de otras posibles relaciones.

Pero las mujeres con discapacidad viven también el peligro del aislamiento. Un 38% de las que reconocen haber vivido casos de violencia de género tiene un contacto “poco frecuente” con sus familiares y un 41% dice lo mismo de sus amistades. 

Presentación del informe 'Ojo al dato' de Fundación ONCE

Presentación del informe 'Ojo al dato' de Fundación ONCE / Redacción Levante-EMV

Un 3% convive con el maltratador

Pero los mecanismos de sensibilización y ayuda funcionan. Según los datos del estudio, un 76% de las mujeres víctimas identificadas ha salido del ciclo de la violencia. En un 77% de los casos, el maltratador no tiene acceso a la víctima por ningún canal. Aunque un 70% de las mujeres con discapacidad que sufren maltrato machista está “fuera de peligro”, según el informe, un 3% de ellas todavía convive con su maltratador.

La cultura de la denuncia está -relativamente- extendida, quizá por la acción del tejido asociativo feminista o de la discapacidad, que puede prestar asesoramiento y acompañamiento a las mujeres víctimas. Aun así, un 35,4% de las víctimas no ha presentado denuncia, y un 4,3% la presentó pero la retiró. De entre los motivos más frecuentes para la retirada de la denuncia, destaca el miedo a las represalias, la no consciencia, en su momento, de ser víctima de violencia de género, o el miedo a perder a los hijos. Pero un 4,6% de las mujeres que se retractaron de su denuncia lo hizo por falta de recursos económicos y un 1% por no ser accesibles los recursos de denuncia.

“Se identifica una situación de precariedad general que se constituye como un factor de mayor vulnerabilidad”. Es una de las conclusiones del estudio, a la vista de esos datos. Asimismo, se reclama desarrollar una legislación inclusiva, que considere de forma explícita la discapacidad como una variable de interseccionalidad en la violencia de género, además de formar a profesionales expertos en violencia de género y discapacidad. “El colectivo estudiado es un segmento poblacional invisible. Por ello es preciso trabajar en líneas orientadas a darles voz, a que se conozca su situación y su problemática específica en todos los ámbitos”, concluye el documento.

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