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Regularización extraordinaria

Aurora Aranda, directora de Cáritas Valencia: "El discurso de que los migrantes solo interesan porque aportan al PIB implica no verlos como ciudadanos de pleno derecho"

La directora de Cáritas Valencia, Aurora Aranda, celebra la decisión, llama a aquellos que dudan o ponen en cuestión la acogida a mostrar mayores dosis de humanidad y recuerda: migrar es, también, un derecho

Aurora Aranda en la sede de Cáritas

Aurora Aranda en la sede de Cáritas / Daniel Tortajada

Marta Rojo

Marta Rojo

València

“Cuando algún extranjero se establezca en el país de ustedes, no lo traten mal. Al contrario, trátenlo como si fuera uno de ustedes. Ámenlo como a ustedes mismos, porque también ustedes fueron extranjeros”. Lo dice la Biblia, en concreto en Levítico 19,33-34, y es el espíritu que ha guiado la respuesta de la Iglesia católica y entidades como Cáritas al anuncio de la regularización extraordinaria de personas migrantes. Al menos, casi la totalidad de la respuesta, aunque algunas voces disonantes entonen un “no caben todos”. La directora de Cáritas Valencia, Aurora Arandacelebra la decisión, llama a aquellos que dudan o ponen en cuestión la acogida a mostrar mayores dosis de humanidad y recuerda: migrar es, también, un derecho. También cree que el discurso economicista de que las personas migrantes interesan solo porque, regularizada su situación, aportarían al PIB español, “implica no verlos como ciudadanos de pleno derecho". 

Aurora Aranda en la sede de Cáritas

Aurora Aranda en la sede de Cáritas / Daniel Tortajada

La Conferencia Episcopal ha celebrado la aprobación de la regularización extraordinaria de personas migrantes, pero el presidente de la Conferencia Episcopal Española, el arzobispo Luis Argüello, señalaba que podría haberse dado hace meses, cuando un millar de asociaciones, entre ellas Cáritas, presentaron una Iniciativa Legislativa Popular. ¿Cómo leen que se haya dado el paso ahora?

Lo primero de todo es la alegría porque lo que buscamos, lo que llevamos mucho tiempo solicitando, es un proceso de regularización de estas características. Es cierto que la ILP que presentamos en su momento, con un volumen de recogida de firmas muy significativo y que presentamos entre varias entidades de la Iglesia, buscaba iniciar este proceso, fundamental como complemento al reglamento de la Ley de Extranjería. Y es verdad que últimamente estábamos un poquito desilusionados porque parecía que no se movía hasta este momento y esta circunstancia. Perfecto. Pero sí que es una reclamación de hace tiempo y yo creo que habitual de las entidades que trabajamos con personas migrantes, y especialmente con las personas migrantes en situación administrativa irregular.

Ahora, ¿qué toca hacer en el trabajo diario con personas migrantes hasta ahora sin documentación? ¿Cómo han recibido la noticia las comunidades con las que trabajan?

Esto ha costado mucho y, ahora que lo tenemos aquí, hay un trabajo contra reloj. La regularización llega para ser inmediatamente implantada y puesta en marcha y el proceso de acompañamiento a veces no es tan ágil y tan rápido. Pero estamos empezando a tener las primeras conversaciones a nivel interno para ver cómo hacer llegar la información a todas las personas a través de la red formada por los equipos de Cáritas parroquiales en toda la provincia. Es fundamental que llegue la información a todos, que sepan qué hay que hacer, cómo hay que hacerlo y, desde Cáritas, ayudar a conseguir la documentación, a complementar, a clarificar para el mayor número de personas posible.

Sobre ese número de personas: ¿a cuántas o qué porcentaje de las personas a las que atiende Cáritas aquí en Valencia, en la Comunitat Valenciana, puede llegar a afectar?

Es complejo de calcular, y ahora estamos recogiendo los datos de 2025. También es verdad que aquí tenemos, en los datos del año pasado, este pequeño paréntesis de regularización de personas migrantes en las zonas afectadas por la dana, y ahí también hicimos una labor importante y significativa. Pero sí tenemos los datos de 2024, aunque no del año pasado. Según esos datos, atendimos a algo más de 55.000 beneficiarios, el 74% de ellos personas migrantes, es decir, unos 40.700. De ese 74%, el 60% son personas en situación administrativa irregular, alrededor de 24.420. La cantidad de personas migrantes que Cáritas atiende no se ha movido demasiado de esa cifra en los últimos años, así que los datos de 2025 serán similares, porque es una tendencia que venimos detectando.

No sé si otra de las cosas que han detectado estos últimos años es el crecimiento de los discursos de odio contra las personas migrantes. ¿Cómo de difícil ha puesto el trabajo diario y la confianza de estas comunidades en las organizaciones?

Cáritas siempre ha tenido muy claro que en nuestra tarea no solamente está la atención directa, sino también un componente muy claro de sensibilización, de crear conciencia, de trabajo con las personas desde la mirada de los derechos. Ningún ser humano es ilegal y nuestro trabajo busca favorecer que las personas puedan ser sujetos de derecho. En este sentido, Cáritas lleva mucho tiempo trabajando con las comunidades, con la sociedad en general, a través de campañas específicas, a través de participación en plataformas y a través incluso de la formación y la sensibilización generando una mirada de romper prejuicios, romper barreras y una llamada a la justicia social y a romper los tópicos sobre la migración. En los últimos años vemos que la realidad de las personas migrantes está más señalada y que, cada vez más, se encuentran en riesgo de exclusión. En el último informe FOESSA de la Comunitat Valenciana detectamos que el perfil de la persona en riesgo de exclusión social tiene como una de sus características el origen migrante. Por tanto, vemos una situación de vulnerabilidad y fragilidad a la que se une también esta discriminación y rechazo. La tarea de Cáritas es seguir defendiendo, poniendo a la persona en el centro y trabajando para que puedan desarrollar su proyecto de vida aquí.

Aurora Aranda en la sede de Cáritas

Aurora Aranda en la sede de Cáritas / Daniel Tortajada

¿Qué le parecen declaraciones realizadas desde el seno de la propia Iglesia como las del arzobispo de Oviedo, que respondía al anuncio de regularización con la frase “todos no caben”?

Las declaraciones de algunas personas de la Iglesia, como en la sociedad en general, responden a criterios personales y no siempre son representativas de toda la Iglesia. La Iglesia ha dado muestras a lo largo de la historia y también en estos momentos de estar cercana a las personas más vulnerables y frágiles, a las personas migrantes. La acción de Cáritas, que es la de la Iglesia también, demuestra con hechos y con datos concretos una apuesta clara por acompañar a las personas migrantes y acogerlas con la dignidad que se merecen. El compromiso de la Iglesia con los derechos de las personas migrantes está fuera de toda duda

Como bien apuntaba, el año pasado ya hubo un proceso de regularización para las personas migrantes afectadas por la dana, y ha habido otras anteriores firmadas por los gobiernos de Felipe González, José María Aznar o José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Por qué cree que en esta ocasión se ha dado un mayor nivel de contestación social con discursos excluyentes o directamente racistas?

La sociedad va cambiando con el contexto, y nadie somos ajenos a la realidad del mundo que nos rodea. Vemos, a nivel de política exterior, cómo determinadas medidas se alejan de políticas sociales integradoras y apuestan por miradas más individualistas, y estas cosas se trasladan a la ciudadanía. Es verdad que en momentos de crisis es más fácil mirarnos primero a nosotros mismos; como seres humanos, eso puede ser entendible, pero nuestra misión es no olvidar que al lado hay una persona que sufre, que no tiene acceso a sus derechos, que está aislada y en situación de vulnerabilidad. Como ser humano, esa otra persona tiene derecho a que se le reconozca su dignidad. Ahí está nuestro trabajo, independientemente del momento histórico, social, político y económico que vivamos.

La sociedad valenciana se ha mostrado solidaria con diversos colectivos de personas migrantes, como ocurrió con los ucranianos refugiados ante la invasión rusa o las personas que vinieron en el Aquarius. Algunos discursos actuales se han mostrado mucho más críticos ¿Distinguimos o establecemos diferencias según orígenes?

Puede que sí. A veces es más fácil sentirse cercano a quien se parece más a ti. Quizá nos sentimos más cercanos a personas de América Latina que de otros países. Pero constato que la sociedad valenciana es enormemente generosa y comprometida cuando hace falta. Lo vimos con el Aquarius, con Ucrania y ahora con la dana. Aun así, a veces hay falta de información, de conocimiento profundo del otro, y aparecen tópicos y prejuicios que no hemos sabido desmontar y tenemos muy arraigados socialmente. De ahí nace el discurso de que el otro viene a quitarme lo mío, y esta mirada significa no entender la migración como un derecho, ni la sociedad multicultural como una oportunidad, sino como una amenaza.

También desde la Generalitat, como desde otros gobiernos autonómicos, se han opuesto y han manifestado su intención de recurrir el reparto de menores migrantes no acompañados. ¿Cómo lo han vivido? 

En Cáritas tenemos un centro migratorio para menores concertado con la Conselleria, es decir, que vemos en primera línea la importancia de ser comunidad acogedora. Y más si cabe teniendo en cuenta la vulnerabilidad de las personas migrantes que, si encima son menores, se agrava y se multiplica. A día de hoy nadie puede cuestionar la necesidad de acoger a las personas que vienen buscando una vida mejor. Para Cáritas esto es fundamental. Tenemos que trabajar para que las personas migrantes que han salido de sus países en situaciones muy complejas puedan encontrar aquí también un espacio, un hogar. Aun así, estamos abiertos al diálogo siempre, también con aquellas personas que piensan diferente, que plantean otras miradas o que no entienden la realidad con la que trabajamos. 

Entre quienes sí apoyan la medida se escuchan también en ocasiones argumentos económicos: se dice que es una buena noticia porque supone incorporar a más personas a nuestro mercado de trabajo. ¿Es una visión instrumentalizadora o busca ampliar la base social a favor de la regularización?

Usar determinados argumentos por sí solos y sueltos puede llevar a confusión o a generar polarización, rechazo o un entendimiento limitado de la realidad. El fenómeno de la migración hay que mirarlo en su conjunto y de una manera integral. Dentro de esa visión está la dimensión social de la persona, la dimensión relacional, la dimensión cultural y también la dimensión económica, cómo no. Las personas migrantes por supuesto que aportan también a la construcción de una sociedad, al crecimiento económico. Pero, para mí, la clave es no separar los argumentos y no hacer un mal uso de ellos, sino mirar la realidad de la migración desde una perspectiva integral. No tiene por qué verse solamente desde un punto de vista utilitarista: “nos interesan porque vienen aquí y trabajan en cosas en las que no queremos trabajar nosotros o aportan a nuestro PIB”. Esa perspectiva puede suponer no verlos como ciudadanos de pleno derecho. Son personas que suman porque forman parte de nuestra sociedad. No es alguien ajeno a quien dejo entrar, sino alguien que convive con nosotros. Y para eso, el desarrollo de un trabajo, y de poder desarrollarse como persona a través del trabajo también es importante, pero no es lo único.

¿Un proceso de regularización como este es suficiente para resolver la problemática de fondo que perciben en su trabajo diario con personas migrantes? 

Por una parte, la situación de irregularidad administrativa es una de las principales causas de exclusión social en España; esta es una constatación. Es verdad que, hace poco, con la reciente reforma del reglamento de la Ley de Extranjería, se avanzaron algunas medidas que facilitaban o permitían que las personas migrantes pudieran acceder a vías ordinarias, que abrían pequeñas puertas. Este proceso de regularización es un complemento importantísimo, porque va a permitir que personas que estaban al margen y que no podían entrar puedan hacerlo ahora. Pero, a partir de ahí, el hecho de que una persona pueda regularizarse no quiere decir que tenga la vida solucionada. Cuando obtiene un permiso de residencia, para poder seguir renovándolo, necesita un empleo digno que le permita poder vivir y estar aquí. También necesita poder ir tranquilamente por la calle sin que nadie le tenga que estar pidiendo constantemente la documentación. Necesita encontrar también una comunidad donde sentirse integrado. Los procesos de regularización aportan y señalan un camino, pero tienen que ir acompañadas de políticas integrales que permitan que realmente estas personas puedan desarrollar su proyecto de vida aquí. Eso pasa por un empleo, un acceso a la vivienda fácil y digno y vínculos que le permitan echar raíces en nuestro país. Y todo esto sigue siendo un reto, más allá de los trámites administrativos.

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