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Carreteras

La AP-7 acumula más de un centenar de desperfectos en el asfalto

La gran autopista del Mediterráneo, que discurre desde la frontera francesa hasta Andalucía y que cruza toda la C. Valenciana, vive un deterioro acelerado tras incrementar un 70 % su tráfico desde 2020

Carril abierto en sentido sur de la AP-7 a la altura de Gelida, en la zona afectada por el accidente de tren.

Carril abierto en sentido sur de la AP-7 a la altura de Gelida, en la zona afectada por el accidente de tren.    / Jordi Cotrina

David López Frías

Barcelona

La AP-7 es la principal arteria terrestre del Mediterráneo en España. Arranca en la frontera con Francia y acaba en Andalucía. Fue la mayor autopista de pago del país. El fin de los peajes empezó en 2020 y se extendió en 2021 a Cataluña. Desde entonces, con un aumento del 70% del tráfico –especialmente de vehículos pesados– y un mantenimiento que los expertos califican de deficiente, su deterioro se ha acelerado. EL PERIÓDICO, diario del mismo grupo editorial que Levante-EMV, ha recorrido los 2.000 kilómetros de trazado de ida y vuelta y ha detectado más de un centenar de desperfectos. Señalamos aquí los más graves y hablamos con especialistas para identificar sus principales problemas.

La Jonquera-Barcelona

El kilómetro 1 de la AP-7 se halla en la frontera con Francia. La comparación entre las dos vías resulta sangrante. El firme de la Autoroute 9 (A9), la autopista francesa (de peaje) que entronca con la AP-7, luce impecable. Al cruzar a territorio español, el asfalto se convierte en una amalgama de parches y remiendos de distintas tonalidades de gris. Estas muescas son lo primero que percibe el conductor que llega a España por carretera, la presentación para los turistas de la marca España.

Ese primer tramo, desde la Jonquera hasta Barcelona, es representativo (tanto de subida como de bajada) de los grandes males de la otrora mayor autopista de peaje de España: hay socavones, zanjas y grietas por todo el trazado. Detrás de la evidente erosión están el incremento de la circulación de vehículos pesados y la falta de inversión en mantenimiento.

El deterioro del asfalto se percibe en la práctica totalidad de los más de 150 kilómetros del tramo. Pero hay varios puntos donde el estado es crítico: desde la frontera hasta Figueres (salidas 3 y 4), todas las salidas que desembocan en Girona (6, 6B y 7) y el entorno de La Selva (salida 10). Siguiendo hacia el sur, el tramo que discurre por Granollers es otro de los que acusan un peor estado.

Los mayores socavones se encuentran en el carril derecho, que es el que registra a diario el interminable trasiego de los vehículos pesados que usan esta ruta.

El desprendimiento del muro, el pasado 20 de enero, a la altura de Gelida (salida 176), ha convertido la AP-7 en la primera vía rápida española implicada directamente en un accidente ferroviario con fallecidos. Desde entonces, esa zona acumula colas kilométricas, a causa de los cortes de tráfico y las restricciones para su reparación.

Antes de llegar a ese punto, la autopista ya muestra deterioro. Uno de los tramos más castigados discurre por la emblemática área de servicio Porta de Barcelona (kilómetro 165, a la altura de Castellbisbal), donde los baches en el firme aparecen en los tres carriles. La reparación parcial de las zonas castigadas hace que la carretera presente un aspecto desigual: parece construida a base de retales.

Una tónica que se agrava a medida que la autopista se aleja de la capital catalana, cruza de provincia y se adentra en Tarragona. La salida 294 (Ametlla de Mar), en sentido sur, presenta el que tal vez sea el mayor socavón de la AP-7 a su paso por Catalunya. A los omnipresentes boquetes se les suma gravilla, suciedad, frenazos y restos de neumáticos, producto de reventones. Un problema en ambos sentidos de la marcha.

Comunitat Valenciana

La Comunitat Valenciana recibe al conductor con dos grandes badenes y la continuidad en las grietas del firme. Desde las primeras salidas (Vinaròs y Benicarló) se advierte cómo dichas fisuras han sido tapadas con material sellante. Avanzando por la provincia de Castellón, la presencia de reparaciones parciales aumenta. Hay tramos en los que el firme parece un mosaico.

El tramo que discurre entre los kilómetros 410 y 440, en dirección sur, es el que más parches de este tipo presenta. A ello se le suman unas finas zanjas horizontales en el asfalto que provocan inestabilidad en la conducción. Un traqueteo constante que puede dificultar mantener el control del vehículo.

En dirección norte, el firme presenta mejores condiciones, fruto de intervenciones más recientes. Pero el drenaje del asfalto es cuestionable. Se forman pequeños charcos entre el arcén y el extremo de la calzada, hecho que puede provocar aquaplanning en condiciones meteorológicas adversas.

La AP-7 aquí empieza a aparecer y desaparecer. Hay tramos en los que el conductor no abandona la vía pero pasa a estar circulando por la A-7, la hermana paralela de la AP-7. Una autovía gratuita que era la ruta habitual de los transportes pesados cuando la AP-7 era de pago. Curiosamente, y aunque el volumen de vehículos en esos tramos de la A-7 (especialmente a la altura de Valencia) es muy alto, las condiciones del asfalto son notablemente mejores.

LAS PRINCIPALES DEFICIENCIAS  DE LA GRAN AUTOPISTA DEL MEDITERRÁNEO

LAS PRINCIPALES DEFICIENCIAS DE LA GRAN AUTOPISTA DEL MEDITERRÁNEO / Levante-EMV

En el kilómetro 572 aparece un largo tramo de asfalto rayado, marcado con líneas verticales que se prolonga durante gran parte de la provincia de Alicante. En esa zona se evidencia la falta de mantenimiento de la vía: paralela a la línea del arcén, discurre una línea de hierbas. Si esa vegetación no ha tomado ya la carretera es por el constante paso de vehículos. En el entorno de Benidorm vuelven a aparecer grietas, zanjas y socavones.

El kilómetro 745 (Torrevieja Norte) es el punto con mayor índice de peligrosidad de las autopistas españolas en el periodo 2020-2024, con un índice de 43,2, cuando la media nacional es de 8.

Murcia y Almería

La AP-7, hasta la provincia de Almería, presenta todavía dos tramos de peaje. Son la cara y la cruz. El primero, aún en la provincia de Alicante (a la altura de Torrevieja), demuestra que el pago de un peaje no garantiza el buen estado de la vía. En esta parte, más que zanjas, hay badenes, los cuales provocan incomodidad e inseguridad.

El segundo, que llega desde La Manga (Murcia) hasta Vera (Almería), es tal vez el tramo en mejor estado de toda la autopista. El asfalto luce reciente y uniforme, nada que ver con los parches y remiendos de Cataluña y el inicio de la Comunitat Valenciana.

Al final de esa zona se encuentra el punto kilométrico 901 (Cuevas de Almanzora, Almería), el tramo de autopista de peaje con mayor índice de peligrosidad (63,2) en el anterior quinquenio (2015-2020), superando 14 veces el índice estatal medio. Un punto que ahora luce seguro y reasfaltado. Diez kilómetros más allá, desaparece la AP-7, no toca la provincia de Granada y vuelve a aparecer en Málaga, para morir en el municipio de Guadiaro (Cádiz), cerca de Algeciras. El tramo aún conserva algún peaje.

Hay consenso entre los expertos sobre las causas del deterioro. Josep Palau, presidente del RACC, explica a EL PERIÓDICO que «se trata de una vía de alta ocupación a la que le estamos pidiendo más de lo que puede dar». Cree que la buena situación económica y supresión de los peajes han provocado «el incremento de tráfico que soporta, especialmente de vehículos pesados».

También desde CCOO se apunta a que el incremento de los camiones y la falta de mantenimiento –este diario ha pedido, sin éxito, al Ministerio de Transporte las cifras de partidas destinadas a conservación–, han repercutido en la degradación del firme. «Cuando la vía era de peaje, Abertis invertía mucho en conservación y vigilancia –afirma Jordi Selvas, portavoz de Carreteras–. Ahora se asfalta con mucha menos frecuencia y hay menos operarios vigilando incidencias». De ahí que la principal arteria española del Mediterráneo se encuentre en sus horas más bajas.

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