Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción
Un año de autoorganización tras la dana: “El conocimiento de tus vecinos lo tienes tú, ahí no hay plan de emergencia que llegue”
Este fin de semana, los CLER, que ya trabajan en once localidades arrasadas por la dana, cumplen un año

Germán Caballero

Frente a la puerta de la casa de Rut Moyano en Benetússer hay, medio borrada, una pintada. Originalmente, decía: “Ruti, t’estimem”. Se la hicieron un día que estaba “de bajón”, para animarla. No es difícil entender el por qué de ese “bajón”. Frente a los restos de la pintada, el patio de su casa está totalmente destrozado, y en uno de los muros un cartel indica aún, quince meses después: “No funcionan los telefonillos, hay que subir”. Tampoco hay ascensor, más de un año después de que lo arrasara la dana. Lo que sí que hay es una pegatina que dice: “Mazón, a presó”.
La nueva vida de Rut como miembro del Comité Local de Emergencia y Reconstrucción de Benetússer cumple un año este fin de semana. Como la de Salva Pérez, del Comité de Albal, y Juanmi Fernández, del Comité del Parque Alcosa. Estos espacios autoorganizados que han surgido en once de las localidades afectadas por la barrancada y están en preparación en otras, celebran estos días de aniversario las vidas que se pudieron salvar, los recursos repartidos, la presión en la calle que cristalizó en la dimisión del expresident Mazón y la mayor preparación de los vecinos de la zona cero ante potenciales nuevas catástrofes. Pero también preparan un futuro en el que, aseguran Rut, Salva y Juanmi, no están dispuestos a pasar por una reconstrucción que se articule de espaldas a la gente.
“Era el apocalipsis”
El sonido del 29 de octubre de 2024 fue el del agua, los gritos, las peticiones de ayuda, los coches arrastrados golpeando con las paredes de las viviendas, las carreras para escapar escaleras arriba, calle arriba, siempre hacia arriba, en dirección contraria al agua. El 29 de octubre, todo ese ruido. El 30, llegó el silencio. “Yo esperaba bajar a la calle y tener ahí a los Geos, a la Guardia Civil, a la Policía Nacional, a los bomberos y a todos ayudando, pero ahí no había nadie”, denuncia Salva Pérez.
Y, luego, el chapoteo de las botas contra el fango, de las persianas que se reabrían para evaluar los daños, de los vecinos que se cruzaban por la calle y se preguntaban. “La gente caminaba por la calle buscando a sus familiares, sacando a los muertos de los coches y las plantas bajas y era una especie de apocalipsis”, rememora Rut.

Rut, Salva y Juanmi, de los Comités Locales de la dana, en el Parque Alcosa / Germán Caballero
Un orden nuevo: “el conocimiento del vecino lo tienes tú”
Desde entonces, han ido peinando el territorio, puerta por puerta, casa por casa: la señora Eustaquia, del cuarto, necesita mantas, el hijo de Carolina no tiene pañales. “Por el conocimiento que tenemos del vecindario, el tejido de los comités fue fundamental para canalizar la ayuda: un colchón, ropa, medicación, bombonas de butano, electrodomésticos”, explica Rut.
Pero la destrucción fue tan grande que pronto se vio que se necesitaban manos y un orden nuevo. Como el que, de forma natural, se instauró en el Parque Alcosa. “Había un supermercado abandonado y, cuatro días después de la dana, la primera planta del edifico se ocupó entre la población civil y la UME”, narra Juanmi Fernández. El espacio sirvió de centro de distribución durante meses y, a día de hoy, se sigue manteniendo.
No es lo único que se mantiene desde hace quince meses. También la idea de fondo de los comités, de los CLER: llegar donde las instituciones no llegaron. Donde no llegarían, aunque quisieran. Rut reconoce que la ayuda tardó en llegar. “El día 30 no hubo respuesta a la emergencia pero, aunque la hubiera habido, el conocimiento del territorio y el vecindario lo tienes tú”, dice. También en los momentos más inciertos. “Yo el 29 sabía perfectamente a quién tenía que auxiliar para ponerlo en altura; eso no hay institución que lo pueda saber, lo sabe tu comunidad, el vecindario”, añade. Vecinos que, cuando todo se quedó a oscuras, se acompañaron “en el miedo y en el duelo”.
Por eso, cree que es fundamental hacer fuertes las redes vecinales. Aunque en la revisión de algunos planes de emergencia municipales se plantea hacer un mapeo de personas vulnerables, cree que esa medida puede quedarse corta. “Yo sé quién se puso malo el día anterior y eso no hay plan de emergencia que lo pueda recoger”, apunta Moyano. Por eso, Rut, Salva y Juanmi creen que se ha demostrado que el modelo en que las administraciones tienen “el monopolio de la decisión” es insuficiente.

Rut, Salva y Juanmi, de los Comités Locales de la dana, en el Parque Alcosa / Germán Caballero
Un año de los CLER: de “Mazón, dimisión” a una red de walkies
En este primer año de vida formal de los Comités, han pasado muchas cosas. “Podemos hacer un repaso de acciones pero lo más importante es que se ha vertebrado un movimiento con base popular en l’Horta Sud y otras comarcas afectadas, y que estamos coordinados a nivel de hacer cosas conjuntamente”, reivindica Juanmi. A ello suma Rut Moyano el despertar de una cierta identidad de l’Horta. “Se nos veía como una zona de sacrificio donde han venido a parar todas las infraestructuras que necesita la capital, y eso nos estaba llevando al desarraigo, pero cuando hurgas y paseas por los pueblos te das cuenta de que ese sentimiento de comunidad y pertenencia a la comarca existe”, indica.
Más allá del espíritu de los CLER, en lo concreto, señalan como hito más importante la dimisión de Carlos Mazón. Aunque ha habido muchas más cosas: manifestaciones multitudinarias, reparto de artículos de primera necesidad, o una campaña para recopilar información de las personas que no han cobrado todavía las ayudas del Consorcio de Compensación de Seguros, para facilitar esa relación al Gobierno de España. Pero también nuevas formas de coordinarse y acompañar. “Lo que más me reconforta es lo de la red de walkies”, admite Salva. Se puso en marcha en septiembre con un centenar de dispositivos, que se podrían usar si, como el 29-O, cayera la red de telefonía. Ante la alerta roja de este diciembre, se hizo una ronda de contactos para mantener a todo el mundo sobre aviso. A Salva, esas lluvias le pillaron en Sicilia. “Estaba súper nervioso y llamé a mi hijo y le pedí que encendiera el walkie y se pusiera en contacto con Charlie Mike 01, y así lo hizo, hasta que vimos que estaba controlado”, reconoce.

Rut, Salva y Juanmi, de los Comités Locales de la dana, en el Parque Alcosa / Germán Caballero
"La vida no se negocia"
Esa red de personas comunicadas por walkies se ha construido siguiendo el recorrido natural del agua, desde cabecera hasta desembocadura. Es la visión que desde los Comités creen que debería compartir la reconstrucción. “La mirada tendría que tener en cuenta el Xúquer, el Magro, el barranco del Poyo, todos los afluentes, el Túria… todo como a vista de dron”, cree Rut. “A vista de águila o de pájaro, algo más natural”, la corrige Salva. En cualquier caso, la apuesta de los tres es por el concepto de “biorregión”, en este caso, la que determina el curso del agua.
Lo que tienen claro es que es el momento de pasar a la acción. “¿Qué es lo necesario en el territorio para la reproducción social de la vida? Pues eso es lo que hay que desarrollar”, destaca Juanmi. Pero añade que ha llegado el momento de pasar a la acción. “Tenemos una propuesta social y política”, asegura.
Una propuesta que no quiere una reconstrucción “desde las ruinas”, para dejar todo como estaba antes del 29 de octubre de 2024. “No se están planteando construir algo diferente, nuevo, que nos salve”, lamenta, por su parte, Salva. Y explica que, para ilustrar su propuesta, suele contar el cuento del colibrí. “Hay un gran incendio y salen corriendo todos los animales, pero el colibrí va hacia el fuego con una gotita de agua en el pico y el león le pregunta que dónde va. El colibrí responde que va a apagar el fuego”, relata. Los comités no quieren ser ese colibrí. “Nosotros, con esa gotita de agua, no vamos a apagar el fuego; que se queme, nos vamos a otro sitio a construir una sociedad diferente”, recalca. No buscan solo sentarse en la mesa de negociaciones, sino “una mesa diferente”. Las líneas rojas las tienen claras. “No vamos a negociar con la vida; la vida se defiende, pero no se negocia”, zanja Rut.
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