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Biogás

De residuo a energía: la patente valenciana que da una segunda vida a la paja del arroz

Bernat Chuliá y Luis Alberto Sebastián, socios de Genia Global Energy, patentaron a finales de año fórmulas para conservar la paja durante casi dos años sin que se pudra y para pretratarla para convertirla en biogás

La empresa, junto con Naturgy y Enagás, construirá una planta en Sollana, en terrenos cercanos a l’Albufera

Balas de paja de arroz en l'Albufera

Balas de paja de arroz en l'Albufera / DANIELA ZUCOTTI / Genia Bioenergy

Marta Rojo

Marta Rojo

València

No es un problema sencillo, ni nuevo. Quemar la paja del arroz emite gases. Pero dejarla en los campos, por ejemplo, cuando la lluvia impide la quema, provoca que se pudra, con los consiguientes episodios de anoxias como los de este otoño, con mortandad de peces por falta de oxígeno en el agua de canales cercanos. Queda, pues, la opción de recogerla, aunque los productores aseguran que es complicado técnica y económicamente. Pero, aunque fuera fácil hacerlo, el fin de esa recogida, el destino final de esa paja, no queda claro. Ahora, un proceso de conversión en energía renovable con firma -y patente- valenciana, pone sobre la mesa una posible solución a un problema “global”: la generación de biogás, por una parte, y digestatos, por otra, que pueden llegar a usarse como fertilizantes orgánicos.

La patente que han registrado Bernat Chuliá y Luis Alberto Sebastián, dos de los socios de Genia Global Energy, abarca todo ese camino de la paja, desde el campo hasta la generación de energía y de fertilizante. La patente, registrada a finales de 2025, comprende un trayecto delicado: la recogida tiene que hacerse con maquinaria específica, en un plazo máximo de uno o dos meses y antes de que lleguen las lluvias que podrían activar el proceso de putrefacción. Una vez recogida esa paja, hay que conservarla para poder usarla el máximo tiempo posible y, tras ese proceso, pretratarla para que pueda ser convertida en biogás de la mejor forma posible. 

Conservar y romper la estructura de la paja

El sistema que se ha patentado combina distintos pretratamientos de ensilado, extrusión e hidrólisis a baja temperatura con un sistema de digestión anaerobia en varias etapas. Es decir, varios pasos específicos y diseñados ad-hoc para la paja del arroz que consiguen aumentar la producción de biogás hasta hacerla rentable a escala industrial. No solo eso: también solucionar un problema ambiental.

Recogida de la paja de arroz en l'Albufera de València

Recogida de la paja de arroz en l'Albufera de València / DANIELA ZUCOTTI / Genia Global Energy

El primer paso es el ensilado de la paja del arroz, un proceso de conservación anaerobia, o sea, sin oxígeno que se utiliza comenzar a conservarla. Los procesos de ensilado que han desarrollado ambos ingenieros permiten que la paja retirada de los campos mantenga su potencial energético, o sea, que sea factible -y rentable- convertirla en biometano.

A ello le sigue la extrusión, que rompe la estructura de la paja. Con esa rotura, las fibras de la planta quedan más accesibles para los microorganismos que, en los siguientes pasos del proceso, la degradarán para transformarla en biogás.

El “secreto” de la hidrólisis a 25 grados

Como último pretratamiento, la paja se somete a un proceso de hidrólisis, que es el paso en el que la paja “se deshace químicamente” para que las bacterias del digestor puedan comérsela. Pero la patente incluye una particularidad en la hidrólisis: se da en temperaturas inferiores a los 25ºC, en lugar de los 50ºC habituales, y eso tiene un por qué: calentar los digestores consume mucha energía y, al reducir esa temperatura, se ahorra una cantidad considerable de energía y, por tanto, se hace rentable el proceso. “Buscamos un proceso que no dependa de enzimas, de catalizadores, de aditivos”, destaca Chuliá. Como resultado de este pretratamiento, lo que antes era paja queda convertido en una especie de papilla.

El tramo final del proceso es la digestión anaerobia, que es la que realmente produce el biogás. En este proceso, bacterias que viven en ausencia de oxígeno degradan la paja generando grandes cantidades de metano. Tampoco en este proceso diseñado por Chuliá y Sebastián se hace como de costumbre, sino en diferentes fases y en diferentes digestores, cada uno con unas condiciones específicas para optimizar cada paso. Primero, una fase de hidrólisis y acidogénesis, donde se “rompen” las moléculas más grandes, y luego las fases de acetogénesis y metanogénesis, donde ya se produce el biogás. Esto permite tener un mayor control sobre el proceso y obtener mayores cantidades de biogás y de mejor calidad, indican desde Genia.

La clave del sílice

La paja del arroz es un residuo especialmente difícil de gestionar, entre otras cosas porque tiene un alto contenido en sílice. Eso impide que se use sin tratar para alimentar al ganado, ya que desgasta los dientes de los rumiantes. 

Paja del arroz en un campo en l'Albufera

Paja del arroz en un campo en l'Albufera / DANIELA ZUCOTTI / Genia Global Energy

El sílice, sin embargo, potencia el crecimiento del arroz, y es un nutriente cada vez menos presente en el suelo, fruto de décadas de uso agrícola. “Hay que intentar que ese sílice no desaparezca, y esta fórmula lo permite”, indica Bernat Chuliá. De las plantas de biogás no solo sale energía, también digestato que, convenientemente preparado, puede usarse como fertilizante, con alto contenido en sílice.

Proyecto de planta en Sollana

Todo este proceso se hará en la futura planta de biogás de Sollana, que está a la espera de la Declaración de Interés Comunitario (un trámite urbanístico para actividades en suelo no urbanizable) y la autorización ambiental integrada, como indica la documentación sometida a exposición pública. Si se cumple el calendario, la obra arrancaría este año y la construcción y puesta en marcha podría estar lista en alrededor de dos años. Se situará en zona de transición de l'Albufera, al otro lado de la autovía respecto a la factoría de Ford en Almussafes pero en término municipal de Sollana.

La idea es que la planta gestione unas 50.000 toneladas de paja, y que llegue a producir 87 GWh de biogás y biometano al año, con un efecto de emisiones nulo. Es decir, que la planta podría producir algo más del 15% del consumo de gas natural de la ciudad de València. Pero Chuliá especifica que la planta no absorbería el 100% de la paja del arroz de l’Albufera. “Harían falta más soluciones en este sentido”, concluye.

Tampoco la patente ofrece una vía exclusiva para l’Albufera. Podrá aplicarse en otros territorios de España donde se cultiva el arroz, como el Delta del Ebro, Extremadura o las marismas del Guadalquivir. Asimismo, ha interesado a zonas arroceras de la India, Ecuador, Colombia o Egipto.

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