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Hijos de la autovía mudéjar: “Hay mucha unión entre la Comunitat Valenciana y Aragón”

Más de 35.000 personas nacidas en las tres provincias aragonesas viven en la Comunitat Valenciana, la mayor parte de ellas, más de 20.000, procedentes de Teruel

Ricardo Soriano, presidente del Centro Aragonés de València

Miguel Angel Montesinos

Marta Rojo

Marta Rojo

València

A Pilar Berzosa la llamaron Pilar porque fue la primera niña de su generación en su familia. Ella ya nació en València, pero de padres inmigrantes de Albarracín, donde iban todos los veranos. En ese momento -los 50, los 60- era un viaje intenso y largo el que la llevaba a lo que aún considera su pueblo. Horas en coche, maletas cargadas.

El día a día de Pablo Ariño es muy diferente. Este valenciano de familia aragonesa pasó dos años viviendo en Teruel, donde obtuvo su plaza dentro del cuerpo de técnicos del Estado. Pero hace cuatro meses que su rutina ha cambiado: ahora vive en València, desde donde aprovecha dos días a la semana de teletrabajo y, el resto, va y viene en el día de su puesto de trabajo turolense.

La generación de Pablo es la de los nietos de la generación de Pilar. Una generación de hijos de la autovía mudéjar, que ve la distancia entre València y Aragón muy reducida. “En una hora y cuarto o como mucho hora y media te plantas en Teruel”, resume Pablo. La infraestructura ha generado un sentimiento de hermanamiento o cercanía entre Aragón y la Comunitat Valenciana, dos autonomías que comparten frontera autonómica, una cierta permeabilidad en el sistema sanitario de zonas limítrofes, y una cultura festiva muy relacionada con lo colectivo. La conexión de los migrantes aragoneses en València con su tierra natal se intensifica en periodo electoral, cuando, como ahora, desde la distancia, siguen la campaña con atención.

Azulejo con un motivo representativo de Huesca en el Centro Aragonés de València

Azulejo con un motivo representativo de Huesca en el Centro Aragonés de València / Miguel Angel Montesinos

Más de 35.000 turolenses en la Comunitat Valenciana

Más de 35.000 personas nacidas en las tres provincias aragonesas viven en la Comunitat Valenciana, la mayor parte de ellas, más de 20.000, procedentes de Teruel. Del resto, casi 12.000 nacieron en Zaragoza y los restantes 2.800, en Huesca. De los 20.000 turolenses, casi 13.000 tienen 65 años o más, es decir, muchos migraron durante los 60. Sus hijos y nietos mantienen la vinculación, aunque sea familiar o estacional, con los municipios de los que proceden sus antecesores.

La vinculación se intensifica en las zonas limítrofes, los puntos en los que es complicado determinar dónde termina una provincia y dónde empieza otra. Tanto es así que la Generalitat y el Gobierno de Aragón firmaron un convenio, prorrogado en 2023 y en vigor hasta 2027, para garantizar que las personas que viven en los 38 municipios limítrofes entre ambos territorios puedan acudir al recurso sanitario que tengan más cercano, independientemente de si es valenciano o aragonés. Más de 9.000 personas viven en municipios aragoneses que hacen frontera con la Comunitat Valenciana (una treintena que incluye Cantavieja, Valdelinares, Rubielos de Mora o Mora de Rubielos), y más de 2.000 lo hacen en localidades valencianas lindantes con Aragón (Ademuz, Casas Altas, Castielfabib, Torrebaja, Vallanca, Puebla San Miguel y Herbés).

“De corazón fallero y sangre aragonesa”

En uno de esos municipios limítrofes vive Isabel, nacida y criada en València, “de corazón fallero pero de sangre aragonesa”. Sus padres son de Mora de Rubielos, un pueblo que siempre le ha “tirado”. “Aquí hacemos grupo desde muy jovencitos, yo tengo mi peña de Mora y un grupo de amigos que, más que amigos, somos familia”, reconoce. Ella siempre había vivido en la capital valenciana. “Pero a partir de la pandemia, decido hacer el cambio de casa con mi abuela: ella vino a Valencia con mis padres y yo me vine a Mora a vivir”, relata. Es una de las “hijas de la autovía mudéjar”. “Vivir tan cerquita de València es una maravilla porque tienes València a una hora con todas las comodidades que tiene la gran ciudad, pero vives en el pueblo y eso es una maravilla”, dice.

Ella y su pareja, a la que consiguió “atraer” al pueblo, se han reformado la casa familiar para vivir en ella. “Él también encontró enseguida trabajo en el pueblo, porque los empresarios de la zona abogan mucho por traer gente hacia hacia el pueblo y que no se queden los pueblos vacíos”, asegura. Pero, aunque tienen la aspiración de formar una familia en Mora, sigue bajando a València todas las semanas, un trayecto que, como muchos paisanos, tiene interiorizado.

“Me sé las encuestas”

La familia de Pilar Berzosa de excursión por Albarracín

La familia de Pilar Berzosa de excursión por Albarracín / Redacción Levante-EMV

Durante muchos años, también Pilar Berzosa hizo ese trayecto, en su caso, hasta Albarracín, cada verano. Durante toda su infancia, estuvo escolarizada en València. “Relacionaba los estudios con València y la diversión con Albarracín”, reconoce. Ahora, se acuerda mucho de esos días y de sus antepasados, que vinieron caminando a València en plena guerra civil. Aun hoy, sigue pendiente de la actualidad de Aragón: “No puedes evitarlo”. Esta misma tarde ha escuchado a Pilar Alegría porque es “más de radio que de televisión”. “Me sé las encuestas, cómo van, sé que a Vox se le calculan hasta 18 escaños y que el PSOE, si saca 18 será un éxito”, dice.

En València, la relación de Pilar con Aragón se centró sobre todo en el día del Pilar. “Comíamos juntos toda la familia y, después de comer, íbamos al Centro Aragonés, donde hacían jotas y sainetes”, rememora. En el Centro Aragonés, en aquella época, “un montón de chicas de servicio que habían venido a València conocían a otros paisanos, se emparejaban, y mantenían la endogamia”, relata Pilar. 

Un trozo de Aragón en València

Ricardo Soriano, presidente del Centro Aragonés de València

Ricardo Soriano, presidente del Centro Aragonés de València / Miguel Angel Montesinos

Ese mismo Centro Aragonés tiene hoy alrededor de 500 socios, la mayoría procedentes de Teruel. Casi la mitad tienen “contacto diario” con el Centro. Otros “se vuelcan una o un par de veces al año, sobre todo por San Jorge y el Pilar”. “Es como aquello de que te vas del pueblo y, aunque sea una vez al año, acudes a las fiestas, a ver a los familiares y la casa; para mucha gente, el Centro Aragonés es esa casa del pueblo”, resume Ricardo Soriano, presidente de la entidad que reúne grupos de jotas, rondalla, coro, teatro y peñas. Él mismo es de un pueblo de la sierra de Albarracín. Su suegro, de incluso más cerca, de una localidad próxima a Barracas. “En una hora, una hora y cuarto, estás allí, así que es normal quedar a comer o almorzar con algún amigo y bajar después”, dice. 

Cree que ya hay mayor sensibilización respecto a las necesidades de Aragón tras el movimiento, después convertido en fuerza política, Teruel Existe, y todo el debate sobre la España vaciada. “Para los que somos de pueblo, aquello fue un poco como un pulmón, como abrir una ventana y decir: existimos. Pero luego te tropiezas con la realidad”, reconoce. La realidad es que los pueblos son pequeños, que no queda gente en ellos, que su propia localidad el número de vecinos se ha reducido en la mitad.

Pablo Ariño reconoce que el ritmo, incluso entre ciudades como València y Teruel, es muy diferente. “Teruel tiene un montón de servicios, y es una ciudad encantadora y hospitalaria, pero con otro estilo de vida”, dice. En la que durante unos años fue su ciudad, se hace “marcha en casa y en bares, aunque no deja de ser una capital bien comunicada”. Lo tiene más que comprobado: cada lunes, miércoles y viernes sale de su casa en València, se sube a su coche y circula por la autovía mudéjar, que le conecta con su puesto de trabajo en otra comunidad autónoma en menos tiempo del que tardaría en llegar a la provincia de Alicante.

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