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Borrascas de alto impacto, ríos atmosféricos e inundaciones: tenemos que ponernos las pilas

Fuertes rachas de viento en València.

Fuertes rachas de viento en València. / Francisco Calabuig

Juanjo Villena

Las últimas catástrofes están poniendo de manifiesto que gran parte de la humanidad lleva décadas desconectada de su entorno. No me atrevo a hacer un diagnóstico sobre esta abstracción, aunque me sobran las sospechas, pero cada vez tengo más pruebas del distanciamiento respecto a las infraestructuras que canalizan nuestra vida y el medioambiente que la enmarca. Obviamente, esto es más o menos preocupante según el cargo que ostenta el individuo, porque se peca de esto en todos los estamentos, incluido el político para sorpresa de nadie. El desconocimiento provoca una sensación de falsa seguridad que solo se ve truncada por el advenimiento de las crisis, entre ellas las meteorológicas o hidrológicas, ahora tan en boga.

En las últimas décadas se han tomado multitud de decisiones desafortunadas en materia de planificación del territorio o de prevención, que ahora se están volviendo contra nosotros en medio de este clima cada vez más hostil. Además a un ritmo que nadie esperaba, ni siquiera los negacionistas, que no dejan de achicar argumentos estériles. Y están entrando las urgencias. De repente, altos cargos que carecen de formación en meteorología o climatología están tomando un sinfín de decisiones para garantizar la seguridad ciudadana, en ocasiones sin saber de dónde tienen que obtener la información rigurosa y oficial.

Tenemos que encontrar la forma de que todos tengamos las armas necesarias para enfrentarnos a los cambios rápidos que se están produciendo en nuestro entorno. Siempre ha habido borrascas de alto impacto, ríos atmosféricos y vendavales, pero ahora están sucediendo los eventos extremos con una cadencia vertiginosa. Se necesita mucha educación y acuerdos transversales, donde participen la ciencia, los técnicos de emergencias o los concejales del ramo. Insisto en otro comentario más, no podemos estar a estas alturas sin protocolos para saber cómo actuar frente a los distintos avisos de la AEMET, con criterios comunes para todas las comunidades y ayuntamientos.

Ahora están llegando los avisos por viento y luego vendrán los relacionados con el calor. Debemos dejar de lado las ideologías y remar todos en la misma dirección, porque la atmósfera está cambiando mucho más rápido que nuestras medidas para adaptarnos.

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