Memoria histórica
Carolina Martínez, nieta de fusilado y la primera familiar en declarar ante una jueza: “No quiero venganza, quiero memoria”
Se ha convertido en la primera familiar de una persona fusilada por el franquismo en declarar ante un juzgado tras interponer una querella por la desaparición forzada de su abuelo, fusilado en el Terrer de Paterna en 1939

Carolina Martinez antes de su declaración en los Juzgados de Paterna / Redacción Levante-EMV

Fueron solo alrededor de quince minutos, un cuarto de hora. Tiempo insuficiente. No se puede contar una vida, ni una familia, ni el silencio que cae sobre generaciones de personas que aprenden a convivir con el miedo en un cuarto de hora, pero cómo no intentarlo. Ese cuarto de hora es inédito: en esos quince minutos, Carolina Martínez, nieta de José Manuel Elías Murcia Martínez ha hecho, aunque sea simbólicamente, historia. Se ha convertido en la primera familiar de una persona fusilada por el franquismo en declarar ante un juzgado.
Lo hizo el viernes pasado en el juzgado de instrucción número 5 de Paterna, y lo hizo por su abuelo, pero también por su abuela, su madre, sus tíos, y por ella misma. Se lo debía a su familia, dice. Ha tardado ochenta años pero ha conseguido llegar a donde nadie había podido antes. Y lo tiene claro: “No quiero venganza, quiero memoria”
Una foto como único recuerdo
José Manuel Elías Murcia Martínez era militante del Partido Socialista y concejal del Ayuntamiento de Ayora. Ese fue su crimen a ojos de la represión franquista. Fue detenido meses después del fin de la guerra civil, en 1939 y trasladado a la cárcel Modelo de València. Aguantó preso unos meses. El 6 noviembre de 1939 fue fusilado en el Terrer de Paterna. Su cuerpo fue arrojado a la fosa común nº 94 del cementerio de esa localidad. Tardó en salir de ella 83 años.
“Mi abuela Carolina me hablaba siempre de mi abuelo, me decía que era una persona muy seria, muy formal”, rememora Carolina, que se llama como ella. Entre sus recuerdos infantiles está la imagen de la madre de su madre besando una foto. “Lo único que tenemos de mi abuelo es un librito de la cooperativa con una foto de él con unos cuantos compañeros”, explica. De vez en cuando, la abuela la sacaba del bolsillo, donde la llevaba siempre, y se la llevaba a los labios. Estaba tan manoseada que se notaba hasta la marca del pulgar. Recuerda ese gesto y una letanía: “Me moriré y no podremos encontrar a tu abuelo”. Ahora, al fin, está enterrado con ella en Castelló.
La abuela Carolina, y con ella toda la familia, no se trasladó a la capital de la Plana desde Ayora solo por el vacío y el duelo. Después de que José Manuel fuera fusilado, su mujer fue detenida también. “Lo hicieron para meter el miedo en la familia, se llevaron a mi abuela y al hijo mayor y dejaron solas a mi madre y sus dos hermanas”, relata Martínez. En esa casa descabezada entraban de vez en cuando los soldados del régimen, que campaban a sus anchas y aprovechaban para humillar a los que se quedaron: “Le decían a mi madre: ‘¿dónde está ahora tu padre para cuidaros?’”. Como si no lo supieran. La abuela de Carolina estuvo en libertad vigilada hasta 1945. Luego puso tierra por medio.

La foto del abuelo de Carolina Martínez (el cuarto en la fila de abajo) / Redacción Levante-EMV
39 personas en una fosa
Fue el hijo mayor de Carolina Martínez el que lo inició todo. “Vio en las noticias que en Paterna se estaban exhumando fosas y me dijo que por qué no intentábamos hacer lo mismo con aquella en la que pensábamos que estaba el abuelo”, relata. Los arqueólogos de Arqueoantro le explicaron el procedimiento: eran las asociaciones las que podían pedir subvenciones para la exhumación. Así que empezaron a buscar la forma de constituirse en asociación.
En la placa colocada sobre la fosa había algunos nombres y localidades. “Empezamos a buscar a familias porque no conocíamos a nadie, fuimos alcalde por alcalde de los pueblos que aparecían, algunos nos ayudaron y otros no”, rememora. La asociación se constituyó con familias de 21 víctimas, más de la mitad de las que hay en la fosa, 39. Allí, donde siempre supieron -o sospecharon- que estaban, se ha conseguido identificar a 16 personas.
“Quiero poner una querella”
Una de ellas es el abuelo de Carolina. Todavía se acuerda del día en que el equipo de Arqueoantro le hizo una videollamada para decirle que habían podido confirmar que los restos encontrados pertenecían a José Manuel Elías Murcia Martínez. Era el 10 de junio de 2022, el cumpleaños de su hijo. “Estaba de viaje y de repente me salen todos ahí en grupo, mirándome, y yo pensé que por fin mi abuela y él podrían estar juntos”, dice.

El Terrer de Paterna / Redacción Levante-EMV
Pero desde que empezó la exhumación hasta esa llamada habían pasado cuatro años y mucho trabajo. También un intento infructuoso de judicializar el fusilamiento de su abuelo antes de la identificación. “Fuimos al juzgado de Paterna y dije: ‘Quiero poner una querella’”. Le preguntaron si sabía cuál de los restos era el de su abuelo, y dijo que no. Si sabía a ciencia cierta que estaba allí enterrado, y dijo que no. Así que le tocó esperar.
“No quiero venganza, quiero memoria”
Pero, ya identificado, pudo presentar hace dos años una querella que reclama la investigación del delito de desaparición forzada. Y no a la primera -se aplazó por un tema documental- pero sí a la segunda, Carolina pudo, este viernes, sentarse delante de una jueza. Fueron quince minutos. “La fiscal y la juez estuvieron muy amables las dos, empáticas”, resume. Pudo contarles quién fue José Manuel, cómo su abuela arrastró el dolor y el silencio toda la vida y cómo lo ha vivido ella, décadas después.
“Espero que haya más gente que lo vea y que diga: ‘¿por qué no lo vamos a hacer?’”, dice Carolina. Cree que a las víctimas del franquismo les tienen “un poco en el limbo”. “Han pasado 40 años en los que hemos sufrido horrores, miseria y vejaciones, pero luego 48 o 49 de democracia y nos tienen ahí que no saben qué hacer”, lamenta. Eso, a pesar de que, también las víctimas, también las fosas, son “historia de España". “Se tiene que reconocer y reparar a las personas; yo no quiero venganza, quiero memoria”, reclama.
Su abuelo, al menos, ya no está “como un perro metido en una fosa”. “Más que dignidad, le hemos dado honor; a esa persona le quitaron el honor y la dignidad se la hemos dado nosotros con un entierro digno”, zanja.
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