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No vale la pena

Caminos cortados por el temporal de lluvias.

Caminos cortados por el temporal de lluvias. / Agustín Perales

Jorge Olcina

Estos días de borrascas, lluvia, viento y nieve, en nuestro país, rebrotan las voces críticas, poco formadas, con el proceso actual de cambio climático. Como hace frío y llueve mucho las proyecciones se han equivocado y el cambio climático no existe. No es necesario incidir en la falta de rigor científico de estas afirmaciones. Cuando no se conoce el comportamiento del balance de energía del planeta, y tampoco se hace nada por instruirse en esta cuestión, surgen los mensajes facilones, que calan rápido en la sociedad, pero carecen de rigor científico. No vale la pena dedicar un minuto para desmontar estas mentiras. El problema, hay que reconocerlo también, radica en la transmisión inicial que tuvo el tema del cambio climático en los años noventa del siglo pasado o primeros años del presente siglo. Entonces se asoció cambio climático con calor y desierto. Ya no íbamos a tener jornadas de frío, se publicaba en los medios y se acompañaba de fotografías de suelos cuarteados por la falta de agua. Pero el cambio climático es mucho más que esto. Y aunque suba la temperatura y en algunas regiones climáticas del planeta haya una tendencia a la disminución de precipitaciones en las últimas décadas, es cierto que vamos a seguir teniendo jornadas invernales de frío y nieve. Lo importante del cambio climático no es sólo que suba la temperatura. Lo destacado es que la atmósfera mueve más energía. Y los océanos transfieren más vapor de agua a la atmósfera que se moviliza en los procesos de condensación. En otras palabras, los fenómenos meteorológicos se vuelven más extremados. Esto es lo que hay que hacer entender a la sociedad. El mundo actual, con su clima cambiante, se ha vuelto más complejo. Y la complejidad debe gestionarse con información veraz, sin bulos. Porque están en riesgo mayor las actividades económicas, los asentamientos urbanos, las infraestructuras y equipamientos básicos. Y también, la propia vida humana. Por eso no hay que jugar con argumentos engañosos, ni fáciles. Esto es muy serio.

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