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SEGUNDA REPÚBLICA

Se cumplen 90 años del triunfo electoral del auténtico Frente Popular, que incluía al PSOE

El pacto entre la izquierda republicana, socialistas, comunistas y nacionalistas -que hoy se evoca en el debate de estrategia electoral entre Rufián, Sumar o IU- ganó los últimos comicios de la República, el 16 de febrero de 1936

El ex rector Peset Aleixandre, del partido de Azaña, fue el candidato valenciano con mayor respaldo en listas abiertas con 84.106 votos, frente a los 68.227 de Luis Lucia, de la Derecha Regional Valenciana (DRV)

Portada de El Mercantil Valenciano, en la que se informaba de la victoria del Frente Popular.

Portada de El Mercantil Valenciano, en la que se informaba de la victoria del Frente Popular. / Levante-EMV

Francesc Arabí

Francesc Arabí

València

No tuvo el glamour del macromitin del 29 de febrero de 1996, protagonizado por José María Aznar. Entre otras razones porque Julio Iglesias no asistió. Ni siquiera había nacido. Pero aquel 26 de mayo de 1935 tampoco cabía un alma en Mestalla. Las crónicas hablaron de 60.000 asistentes al mitin de Manuel Azaña, el líder de Izquierda Republicana que luego fue presidente de la República. Aquella demostración de fuerza anticipaba el éxito electoral que, en febrero de 1936, cosechó el Frente Popular, la coalición de republicanos de izquierda, socialistas, comunistas y valencianistas, entre otros. Este 16 de febrero se cumplen 90 años de aquellas terceras y últimas elecciones generales de la Segunda República.

Como si el tiempo se hubiese congelado, el cumpleaños llega en pleno debate a la izquierda del PSOE sobre la necesidad de tejer confluencias para que los votos sean más eficientes a la hora de traducirlos a escaños y hacer frente a la ola de conservadurismo, con tintes trumpistas, que inunda las democracias liberales. En plena tormenta de estrategias esbozadas por Gabriel Rufián (ERC), Yolanda Díaz (Sumar) o Antonio Maíllo (IU), cabe recordar que aquel domingo de hace casi un siglo, los valencianos y valencianas apostaron por esa coalición de izquierdas, de la que formaba parte el PSOE. Era la segunda vez que las mujeres podían votar.

La prima en escaños por ganar

El Frente Popular ganó las elecciones en España y en la Comunitat Valenciana. En València y su provincia, el Frente Popular logró 15 diputados y la Derecha Regional Valenciana (DRV), 7. Es lo que tiene un sistema electoral mayoritario en el que, al estilo del inglés, se primaba a la lista más votada. Los comicios se celebraban a dos vueltas (el 16 de febrero y el 1 de marzo). La candidatura que en primera convocatoria superara el 40 % , se llevaba tres cuartas partes de los escaños en liza. Por eso, el pacto entre Izquierda Republicana, Unión Republicana, PSOE, PCE, POUM y otros logró 259 de 473 diputados en el Congreso, con un 47,1% de apoyo, frente al 45,6% de la derecha. La participación alcanzó el 71,3% de los mayores de 23 años, la edad en la que se adquiría el derecho al voto.

En la circunscripción de València, se vivió un duelo de altura entre el cabeza de lista del Frente Popular, Joan Baptista Peset Aleixandre, y el líder de la Derecha Regional Valenciana, Luis Lucia. El ex rector de la Universitat logró en listas abiertas 84.106 votos, frente a los 68.227 de Lucia.

Listas cocinadas en València

Aquella coalición se fraguó en la política nacional pero se ejecutó en clave autonómica. “Las candidaturas se hicieron aquí en el País Valenciano, no se impusieron desde Madrid; una de las características de la Segunda República es la presencia de partidos valencianos y valencianistas”, subraya el profesor de Historia Contemporánea y experto en ese período Albert Girona. Lluís Aguiló Lucia recordaba que más de la mitad de los diputados valencianos en la República eran de partidos de obediencia valenciana.

En el lado conservador destacaba la citada DRV, que tenía en su plana mayor al citado Lucia, a Ignasi Villalonga o a Joaquim Maldonado. La herencia del blasquismo se concentraba en el Partido de Unión Republicana Autonomista (PURA), que, con Sigfrido Blasco-Ibáñez (hijo del escritor) al frente, había emprendido una deriva derechizadora y antiautonomista. Por supuesto que no entró en el Frente Popular. Sí lo hizo Esquerra Valenciana (EV), nacido como escisión del PURA en julio de 1934 y defensor de la lengua, el derecho a la autodeterminación y el Estado federal. Este partido, que en 1937 superaba los 10.000 militantes, fue cofundado por el diputado, primer alcalde de València en la República y periodista Vicent Marco Miranda, quien logró también escaño por València en febrero de 1936.

Valencianista y masón

El historiador Vicent Sampedro explica a este diario que Marco Miranda fue una “figura clave en el republicanismo valenciano”. El “valencianista honesto”. Así lo define el periodista y profesor Francesc Viadel en la biografía que escribió sobre quien fue también redactor jefe del diario blasquista El Pueblo. Diputado durante las tres legislaturas republicanas, Marco Miranda fue un destacado masón, explica Sampedro, experto en la masonería. “Fue Gran Maestre de la Logia Regional de Levante, con Grado 33”. Es lo máximo a lo que se puede aspirar en el escalafón masónico. La masonería se consideraba “arquitecta de la República”, observa Sampedro, y “era objetivo de los ataques de la derecha”. “En el Frente Popular y en Izquierda Republicana había muchos masones”, apunta. Un dato revelador: “De los 29 concejales elegidos en València en 1931, nueve eran masones en activo”, subraya el historiador. Durante la represión franquista “muchos fueron encarcelados y fusilados”, tras ser encausados por el Tribunal de Represión de la Masonería.

Peset, el humanista metido a político

Si hay una figura destacada de aquella etapa esa es la del ex rector de la Universitat Joan Baptista Peset Aleixandre, cabeza de lista del Frente Popular y amigo de Manuel Azaña, a quien paseaba por València en su flamante Chrysler descapotable, anécdota que cuenta el periodista, catedrático de la Universitat de València y escritor Martí Domínguez, autor de Ingrata pàtria (Proa, 2025), obra en la que reconstruye las últimas horas del médico, profesor y humanista fusilado por el franquismo. En términos actuales podría decirse que Peset Aleixandre aportaba un enorme plus a la marca electoral del Frente Popular. Por su perfil moderado y porque no era visto como un político al uso. “En realidad no era un político y siempre se encontró incómodo en el ambiente político; desde luego no era un populista”, aclara Martí Domínguez.

El doctor Peset Aleixandre en 1924.

El doctor Peset Aleixandre, en una fotografía de 1924. / Documentart.

Era un candidato “transversal”, una figura “muy conocida y respetada” como exrector y como doctor con un trabajo relevante en temas de salud pública. Era “experto en pandemias, fiebres tifoideas y lo más significativo de él fue su trabajo en campañas a favor la higiene, el alcantarillado…”, explica Martí Domínguez. Por eso las capas populares lo admiraban. Pero, además, su perfil no ofrecía coartada para que sus rivales políticos agitaran el fantasma del peligro de la revolución marxista. “Era un burgués, pero tenía una visión abierta e ilustrada, que no casaba con la actitud reaccionaria de la burguesía terrateniente y rentista”, subraya el escritor.

Perseguido y ejecutado

Peset Aleixandre era creyente (su esposa, de Acción Católica, recuerda Domínguez), además de incardinarse en una tradición familiar liberal. El arzobispo Prudencio Melo intercedió por él cuando fue acusado falsamente de cometer “asesinatos” por compañeros de la Facultad y médicos, entre ellos el psiquiatra falangista Marco Merenciano, recuerda el autor de Ingrata pàtria. El 24 de mayo de 1941 fue fusilado en Paterna, después de pasar catorce meses en la Cárcel Modelo de València esperando ser ejecutado tras la sentencia de un tribunal militar.

En València, menos guerracivilismo

Aquellas elecciones se celebraron en un clima político y social de máxima crispación y violencia callejera. Las izquierdas concurrían con un programa que contemplada excarcelar a los detenidos en la Revolución de Asturias, en octubre de 1934, retomar la agenda reformista e impulsar procesos autonomistas, entre otros, el valenciano. La derecha acusaba a sus adversarios de generar el caos. “Ni lucha de clases ni separatismos”, gritó Gil Robles, de la CEDA.

El historiador Albert Girona sostiene la tesis de que "en el País Valenciano el ambiente no era tan guerracivilista”. Económicamente, observa, “la crisis de 1929 no tuvo las consecuencias que llevaron a la radicalización de la clase obrera”. De hecho, el tono de la campaña electoral no fue tan crispado. La excusa de que la sublevación militar "era la solución preventiva contra la revolución” aquí no encontró tanto caldo de cultivo. “Es una de las causas de que fracasara la movilización de la extrema derecha en apoyo del golpe militar”, agrega. La asonada cuartelaria, con el apoyo de jóvenes de la Unión Militar Española (UME) fue sofocada, con detención de los protagonistas.

Lucia, fiel a la República

Con todo, explica Girona, las bases de la Derecha Regional Valenciana alentaron el golpe al igual que dirigentes como Villalonga o el joven Joaquim Maldonado. Este último fue “el enlace entre el militar conspirador general González Carrasco y el grupo de civiles”. Ex líderes del partido derechista ocuparon cargos en el Movimiento Nacional. Entre otros, Maldonado, que acabó abandonando Falange y en la Transición fue dirigente de la Unió Democràtica del País Valencià (UDPV). Luis Lucia, en cambio, siempre se mantuvo fiel a la República. Por eso fue procesado, encarcelado y orillado a la espiral del silencio de la historia.

Esa menor convulsión en la calle explica, según Girona, la rápida movilización de partidos y sindicatos a favor de la República el 18 de julio de 1936, día del alzamiento. Y ello pese a que el Cap i casal estaba inmerso en plena Feria de Julio, que entonces tenía más capacidad de paralizar la ciudad que las propias Fallas.

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