Medio ambiente
Un SOS por el murciélago valenciano en peligro: “No son ratas con alas, sino que se comen a las plagas”
El patudo, un murciélago pescador, está oficialmente en peligro de extinción y la veintena de especies presentes en la Comunitat Valenciana, en declive poblacional
Ambientalistas e investigadores coinciden: construirles refugios ayuda a mantener las poblaciones

Un murciélago en la grieta de una cueva / Redacción Levante-EMV

“Le doy la bienvenida; los niños de la noche, qué música la suya… La sangre es la vida”. En la pantalla, Drácula encarnado por Bela Lugosi da la bienvenida al incauto viajero. Como esa, miles de escenas conforman la imaginería del vampiro, que tiene un daño colateral imprevisto: el miedo a los murciélagos. “El murciélago tiene muy mala imagen, tiene un estigma encima”, reconocen los expertos. Ese pánico lleva a tratar a la veintena de especies de murciélagos que habitan en la Comunitat Valenciana en ocasiones como a una plaga. A este maltrato se suma la destrucción de sus refugios -cada vez hay menos árboles y las cuevas están en peores condiciones- y la falta de alimento, derivada de la pérdida de la biodiversidad. Las poblaciones de las diferentes especies de murciélago presentes en territorio valenciano están en declive, e incluso una de ellas está oficialmente en riesgo de extinción.
En las grietas, en casas abandonadas, en el interior hueco de algunos árboles, en cuevas, pero también en cajones de persianas: siempre ha habido murciélagos alrededor de los grupos humanos. En la Comunitat Valenciana, hay censadas más de 20 especies. Algunas las tenemos asociadas a lo rural, a las noches en el campo cuando cae la luz, como los diferentes tipos de murciélagos cavernícolas, que habitan y crían en cuevas, o los arborícolas, que lo hacen en el interior hueco de los árboles. Otras, a las calles de ciudades y pueblos, con su vuelo alrededor de las farolas o su búsqueda de rincones oscuros: son los murciélagos fisurícolas que, como su nombre indica, viven en fisuras, en grietas o incluso en cajones de persianas. Sobre todos ellos pende una luz roja de peligro: su progresiva desaparición no es nueva, pero sí alarmante.
Un censo casi imposible
El catedrático de Ecología de la Universitat de València Juan Monrós explica que es difícil calcular con exactitud cuántos ejemplares de la veintena de especies de murciélagos que quedan en territorio valenciano hay. Se mueven mucho y se esconden y eso lo hace especialmente complicado. Aún así, desde finales de los 90 hasta el año 2014 sí que se realizó un censo oficial que contaba los que habitaban en determinadas cuevas. En esa horquilla de años, el número de todas las especies empezó una imparable tendencia al descenso.
“Tenemos muchas menos poblaciones de las que corresponderían a nuestro entorno y a nuestro ecosistema”, explica el ambientólogo Toni Rubio. Ello es “debido a agresiones que hemos ido cometiendo en las últimas décadas, sobre todo de destrucción de hábitat por urbanización, o de fragmentación de hábitat por la construcción de nuevas carreteras, además de por el abuso de pesticidas”, añade.
Sin comida y sin refugios
Dice Monrós que hay varias causas que lo explican. La primera es sencilla: controlar eficazmente las plagas de insectos deja a los murciélagos sin su comida. “Esto está muy relacionado, por ejemplo, con el uso de pesticidas en la agricultura, contra las plagas, con lo que se mata a todos estos insectos que sirven de alimentos a las poblaciones de murciélagos”, detalla.

Redacción Levante-EMV
Además, se están quedando sin refugios, el espacio natural que necesitan para criar, ya que existen cada vez menos árboles con huecos grandes, y menos vegetación en general, una de las derivadas del cambio climático y la urbanización de los entornos naturales. En cuanto a las cuevas, algunas, las más turísticas, reciben centenares de visitantes cada día, lo que roba a los murciélagos un entorno tranquilo, explica el catedrático. “Últimamente, aquí en València se han empezado a proteger algunas y a impedir el acceso en determinados momentos del año, pero es algo nuevo”, indica.
Un SOS por el patudo, murciélago pescador
Una de esas especies de murciélago que sufren los efectos de la falta de cuevas en condiciones para criar es el Myotis capaccinii o murciélago patudo. Es, de las más de 20 especies con presencia en las tres provincias valencianas, la más amenazadas: está, oficialmente, en peligro de extinción.

Mapa del Ministerio de Transición Ecológica que muestra la distribución territorial del murciélago patudo en España / Redacción Levante-EMV / MITECO
Los refugios del patudo suelen estar cerca de ecosistemas acuáticos, como ríos, pantanos o zonas húmedas como l’Albufera, ya que este es su hábitat de caza. El patudo es un murciélago pescador, que utiliza sus patas para recoger los organismos de los que se nutre. Como explica la ficha del Ministerio de Transición Ecológica en la que se explica esta especie en peligro de extinción, “captura artrópodos de pequeño y mediano tamaño en la superficie del agua o sobre ella”. En Valencia, el mapa muestra puntos donde hay o ha habido patudo en los alrededores del Parc Natural. En la provincia, se han detectado colonias que comen larvas acuáticas pero también artrópodos terrestres, mientras que en Alicante se ha constatado que también se nutren de pequeños peces y se ha demostrado que la especie es capaz de capturar peces vivos. Sobre todo, saben hacerlo sobre aguas calmadas y sin vegetación, en las que se orientan mejor por la refracción del sonido de su sistema de ecolocalización. Una Albufera en buenas condiciones de biodiversidad y con buena calidad de agua debería ser, por tanto, su hábitat ideal. “Pero hay que tener en cuenta que es un murciélago de cueva, con lo cual necesita cuevas como refugios, y que es un murciélago que se alimenta cerca de las masas de agua, sobre todo de insectos acuáticos, con lo que el hecho de que cada vez haya menos insectos acuáticos va a afectar a esta especie”, resume Juan Monrós.
“Los tratan como a una plaga”
Desde uno de los municipios ribereños a l’Albufera, Albal, Juan Carlos Muñoz se ha volcado con los murciélagos. Este físico teórico y miembro de la Asociación Animalista y Ecologista ANEC se ha dado cuenta de que los recuerdos que tenía la generación de sus abuelos sobre estas especies no coinciden en nada con los suyos. “Escuchando a la gente más mayor, nos contaban que en nuestro pueblo y en general en la zona de huerta, antes los veías en bandadas, que eran como bandadas de pájaros, que era una barbaridad. Eso yo no lo he visto”, lamenta.
Albal es un ejemplo de manual de los entornos urbanos en los que hay murciélagos, sí, pero se los trata como a una plaga. “En muchos edificios altos de viviendas, los murciélagos fisurícolas, cuando no tienen otro sitio donde vivir, se meten en los cajones de las persianas”, relata Muñoz. No es raro que algún vecino se lleve un susto al encontrarlos dentro de su vivienda. “Y aunque está prohibido, y eso lo remarco, porque todas las especies de murciélagos están protegidas, la gente los mata sacándolos de los cajones como a una plaga”. Coincide el ambientólogo Toni Rubio en que se ha desatado una especie de “cruzada” contra estas especies: “Y eso que todos los murciélagos de la península ibérica son insectívoros y por tanto nos hacen un servicio impagable, porque entre muchas de sus de sus presas están las plagas, incluso algunas que pueden llegar a afectar a nuestra salud, como es el mosquito”.

Un ejemplar de murciélago / Redacción Levante-EMV
“Mucha gente les tiene miedo. Está la cultura de los vampiros, las películas de terror, el murciélago asociado al miedo en general y luego esta sensación de que el murciélago es una rata con alas que te va a pegar una enfermedad y que te va a morder y a hacer mucho daño, cosa que no es cierta”, denuncia Muñoz. Por eso, la que va contra el murciélago es una cruzada injusta, porque coinciden los tres expertos, no solo no son nada parecido a una plaga, sino que reequilibran los ecosistemas.
Un insecticida natural y “murcielagueras”
Por ejemplo, un solo murciélago puede comerse hasta 700 mosquitos en una noche. De hecho, en algunos ensayos en bodegas, pero también en zonas de cultivo, tener colonias de murciélagos cerca ha sido tan eficaz que ya no hace falta insecticida artificial. Pero las organizaciones no quieren quedarse de brazos cruzados. Si lo que hace falta son refugios para que los murciélagos críen, la Asociación ANEC, en colaboración con otras como Acció Ecologista-Agró, se ha lanzado a diseñar y también difundir lo que Juan Carlos Muñoz llama murcielagueras.

Fotos del mural del murciélago patudo de la artista Lluïsa Penella promovido por la asociación ANEC / Redacción Levante-EMV / ANEC
“Son como cajas de zapatos que están abiertas por debajo y tienen unas pequeñas pistas de aterrizajes y láminas que hacen que esta caja de zapatos esté separada, por ejemplo, en tres o cuatro dormitorios muy estrechos, de 1,5 cm aproximadamente”, detalla Muñoz. A los murciélagos “les gusta estar calentitos, apretados y si es posible bien en contacto con las paredes”. Desde ANEC han diseñado un prototipo que sea tan fácil de montar que nadie pueda negarse. Van a llevarlo por escuelas, organizaciones y tejido social para que cada grupo pueda hacerse responsable de su refugio. En definitiva, como dice, “amabilizar la imagen de los murciélagos”. Porque la presencia de estas especies, concluye Juan Monrós, es siempre un buen indicador. “Los murciélagos son más amigos que enemigos y todo lo que hagas por fomentar que estén cerca de tu casa o de tu cultivo va a tener un efecto positivo”, concluye.
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