Mariona Tomàs, experta en gobernanza: “Con una mirada metropolitana, la reconstrucción postdana no empezaría de cero”
La profesora de Ciencia Política y de la Administración de la Universitat de Barcelona ha visitado València esta semana para asistir al Seminario ‘Movilidad en el área metropolitana de València

Mariona Tomàs en el Centre Cultural La Nau de la Universitat de València / Fernando Bustamante

Aunque el foro trataba sobre movilidad en el área metropolitana de València, Mariona Tomàs, advierte: “yo me especializo en gobernanza”. En la gobernanza de las áreas metropolitanas, que no siempre tienen quién las gobierne. La profesora de Ciencia Política y de la Administración de la Universitat de Barcelona ha visitado València esta semana para asistir al Seminario ‘Movilidad en el área metropolitana de València. Los retos de un modelo necesario: políticas y actuaciones’ celebrado en La Nau de la Universitat de València. Al encuentro ha acudido con una idea: la gestión y la reconstrucción de la dana habrían sido muy diferentes con una visión metropolitana. Pero también con una advertencia: existe un “coste de la no-metrópoli”. El coste de no hacer nada.

Mariona Tomàs en La Nau / Fernando Bustamante
¿Qué particularidades tienen desde el punto de vista de la gobernanza y la organización las áreas metropolitanas de las grandes ciudades?
Si tienen una cosa en común es precisamente la ausencia de mecanismos de gobernanza metropolitana. En España solo hay un gobierno metropolitano, que es el Área Metropolitana de Barcelona, creada en el año 2010. Antes había habido otras estructuras metropolitanas en España, pero desde la democracia se eliminaron las que había, como la de València, y la única que se ha vuelto a crear es la de Barcelona. En el resto de las áreas metropolitanas españolas encontramos mucha fragmentación institucional. Hay algunos instrumentos metropolitanos, pero están totalmente fragmentados: puede haber uno o dos en cada área metropolitana, pero no están coordinados entre ellos. E incluso en el caso de lugares donde hay algunos más, no dan cobertura a lo que sería toda el área funcional. En resumen: hay muy pocos, no están coordinados y no dan cobertura suficiente.
¿De qué tipo de instituciones o herramientas metropolitanas estamos hablando?
Lo que encontramos son, sobre todo, mancomunidades de municipios, que suelen tener una mirada muy local y tienen unas competencias más marcadas por la ley. Pero en la investigación que hemos desarrollado también hemos encontrado algunos consorcios, sobre todo de movilidad, aunque también de vivienda o de residuos. En ese tipo de instrumentos entrarían también las empresas públicas o mixtas que dependan de instituciones que presten servicios a una escala metropolitana, no local.
Y una de las conclusiones de su investigación es que falta esa mirada metropolitana en todo el Estado
Sí, y el caso más paradigmático de esa ausencia es el de la Comunidad de Madrid. De por sí, es como un gobierno metropolitano en el fondo, pero justamente es la comunidad que tiene menos instrumentos. Es muy chocante que sea la que tiene un parlamento, una financiación adecuada y, en cambio, no tiene planificación territorial más allá de los planes generales de ordenación urbana de cada municipio. Claro, eso explica el desarrollo que ha habido de construcción y cómo se ha hecho todo. En el otro lado tenemos a Andalucía, que es muy policéntrica, y en ella hay diferentes áreas metropolitanas. Allí es muy importante el rol de la Junta de Andalucía y en connivencia con las diputaciones provinciales ya han intentado impulsar una mirada metropolitana, sobre todo con la movilidad, con los consorcios de transporte y también con temas de urbanismo, aunque no tienen entes metropolitanos como un gobierno, sino fragmentación

Mariona Tomàs en el Centro Cultural La Nau de la Universitat de València / Fernando Bustamante
¿A qué se debe esa falta de visión de lo cercano más allá de los límites municipales?
Se debe a que no hay incentivos ni financiación. Los ayuntamientos van muy apurados y, por tanto, pedirles que no solo velen por el interés de sus electores, sino que intenten pensar con una mirada supramunicipal es muy difícil; es un cambio de mentalidad y de voluntad política. Eso sí, si tuvieran incentivos económicos les resultaría más fácil: eso es lo que pasa en otros contextos europeos donde hay una política estatal muy clara para que las coronas metropolitanas no concentren la pobreza y las desigualdades. Si los gobiernos metropolitanos no se pueden crear por circunstancias políticas, otra opción es que sea el gobierno autonómico, la Diputación, o alguien, quien tenga esta mirada estratégica: hacia dónde ir, qué inversiones hacer, qué políticas, qué planes. Cuando no hay esta mirada, los problemas se cronifican. Es lo que Joan Romero siempre dice: los costes de la no-metrópolis. Ignorar el problema no sale gratis.
En el caso de la Comunitat Valenciana, se ha empezado a hablar más de la necesaria visión metropolitana a consecuencia de la dana. ¿Qué grado de ‘metropolitanidad’ ha conseguido, de momento, el territorio valenciano?
Muchos divulgadores y pedagogos metropolitanos intentan ya hace años traspasar esta cultura metropolitana, que no existe en València. Tradicionalmente ha habido mucha confrontación política entre municipios. Es cierto que se consiguió crear la Autoridad de Transporte Metropolitano de València, que ha sido un gran hito, pero es solo un primer paso para romper barreras y crear confianzas. Con la movilidad sola ya no haces nada. Necesitas planes territoriales y urbanísticos, necesitas mayor implicación de los ayuntamientos y de la Generalitat para que esta cooperación se solidifique, tanto en Valencia como en Alicante, Castellón o Elche. Y esto no está pasando todavía.
¿Cómo de diferente habría podido ser la respuesta a la dana desde esa visión metropolitana?
Todo dependería de las competencias. Normalmente las emergencias son un tema autonómico, pero es obvio que la planificación urbanística hubiera sido diferente con un plan general que tuviera en cuenta estos temas. Seguramente habría habido un control más eficiente de los caudales de los ríos. Y a nivel de reconstrucción, habría sido más coordinado y con un fondo económico común. La reconstrucción tampoco habría tenido que empezar de cero si administración y técnicos hubieran trabajado juntos en planes anteriores.
¿Y qué se podría hacer en el contexto valenciano para impulsar esa forma de hacer?
Algunas cosas están ya empezadas y bastaría con continuar: en la Comunitat Valenciana, el Plan de Movilidad Metropolitana está en el cajón desde 2023 pese a tener el diagnóstico y los trámites superados; no usar la herramienta es un error grande. Si no es viable políticamente hacer un gobierno metropolitano, hay que tirar de lo que tienes e intentar crear coordinación y complicidad entre ayuntamientos. A veces los sectores económicos —como las cámaras de comercio— o la sociedad civil también presionan para tener esta mirada metropolitana.
Cuando no hay visión metropolitana, ¿hay competencia?
Totalmente. Cuando no hay esta visión común, cada ayuntamiento intenta buscarse la vida. Sobre todo en materia urbanística: como la financiación ha estado ligada al desarrollo inmobiliario, los ayuntamientos no encuentran otra forma de atraer fondos que construir más, porque se entiende que construir más trae nuevos servicios y exigencia de más dinero. En ese panorama aparecen los fondos europeos, pero, como las convocatorias están pensadas solo para municipios y diputaciones, estos tienden a competir en lugar de cooperar. Y, si los alcaldes no lo reclaman, es difícil que un gobierno autonómico se meta en el jardín de tocar todo el mapa territorial porque, cuando alteras una pieza, puedes tener que cambiarlo todo.
Y para que esa reivindicación o demanda exista, ¿hace falta que haya una identidad metropolitana previa?
Este también es un tema que también trabajamos: ver si hay un imaginario o una idea común. En contextos como Cataluña o la Comunitat Valenciana es complicado, porque entran en juego muchas identidades. Nosotros hablamos más de sentimiento de pertenencia o conciencia, algo más racional, para desvincularlo de la parte emocional, porque entre los municipios siempre existe el miedo a la absorción. Hay que hacer pedagogía de que la identidad y autonomía municipal se conservan pero debe haber una toma de decisiones conjunta.
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