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Alto cargo del Consell del PP (y Vox): oficio de alto riesgo

La salida de la cúpula de Emergencias de la Generalitat Valenciana da continuidad a una legislatura convulsa marcada por la dana, con cuatro grandes crisis de gobierno y múltiples salidas en el segundo y tercer escalón

Carlos Mazón preside una de las primeras reuniones del pleno del Consell, en julio de 2023.

Carlos Mazón preside una de las primeras reuniones del pleno del Consell, en julio de 2023. / Ana Escobar/Efe

En el distrito de Ciutat Vella, donde se concentra el aparato político de la Generalitat Valenciana, la esperanza de vida es de 81,1 años para los hombres. En el caso de las mujeres es de una legislatura más, hasta los 85,7 años. Eso dicen los datos, salvo que uno sea alto cargo del Consell de la Generalitat del PP: en ese caso, el índice de mortalidad es mayor.

Ni el cambio al frente del Consell, con la salida de escena de Carlos Mazón y el aterrizaje de Juanfran Pérez Llorca, ha logrado detener la inestabilidad que rodea desde el verano de 2023 al gobierno valenciano. El último seísmo ha sido la salida, aunque todavía no se ha formalizado, de Raúl Quílez, director general de Innovación en Emergencias, que ha solicitado su cese, así como previsiblemente su mujer y secretaria autonómica de Emergencias, Irene Rodríguez, de la que el Consell deja también en el aire su continuidad. Forman la cúpula de la gestión de las catástrofes.

Dos años y siete meses después del cambio político, del “Consell de los mejores” que reivindicaba Carlos Mazón apenas queda la foto. Salvo la vicepresidenta Susana Camarero y los consellers Marciano Gómez y José Antonio Rovira, todo lo demás se evaporó.

La primera gran crisis llegó un año después, en julio de 2024. La salida de Vox de todos los gobiernos autonómicos propició que abandonaran el Consell el vicepresidente Vicente Barrera y el resto de consellers voxistas: Elisa Núñez y José Luis Aguirre, que llevaban Justicia y Agricultura, respectivamente.

Tras esa crisis entraron en el Consell, ya sin Vox, el que era portavoz del PP en las Corts, Miguel Barrachina, como conseller de Agricultura, y Vicente Martínez Mus, ocupando el área de Medio Ambiente que dejaba Salomé Pradas para pasar a Justicia e Interior. El Consell pasaba entonces de diez a nueve consellerias.

El siguiente cambio vendría ya tras la dana, con Salomé Pradas precisamente en el centro. Como cortafuegos para perimetrar la crisis política, Mazón apartó a a la consellera responsable de las emergencias (además de a su número dos, Emilio Argüeso, días después) y la titular de Turismo, Nuria Montes. En esa crisis entraron Juan Carlos Valderrama como conseller de Emergencias; Nuria Martínez, en Justicia, y Marián Cano, como responsable de Industria. El fichaje estrella fue el del militar retirado Gan Pampols, para hacerse cargo de la reconstrucción.

El teniente general estuvo en el cargo apenas un año. Salió del Consell en noviembre de 2025, dejando su vicepresidencia a Martínez Mus. Eran los días en los que Mazón ya había anunciado su dimisión. Esa fue la tercera crisis.

La llegada de Pérez Llorca provocaría la cuarta crisis de Gobierno los primeros días de diciembre. En ese cambio, además del relevo en el Palau, se produjo la salida de Ruth Merino, que había sobrevivido hasta entonces a las diferentes crisis, y entraron José Díez (Presidencia), Elena Albalat (Servicios Sociales) y María del Carmen Ortí en Educación y Cultura.

Han sido varios cambios que han motivado movimientos en la estructura y número de conselleries, con gran baile de puestos del segundo y tercer escalón ligados a estas reestructuraciones.

Primer cese, a los dos meses del cambio

En paralelo a esto, ha habido también cambios sonados. Literalmente desde las primeras semanas de la legislatura. El 14 de septiembre, menos de dos meses después de la investidura, el Consell destituyó a un alto cargo que había sido condenado por violencia machista.

La permanencia en el cargo del secretario autonómico de Emergencias del Botànic y su director general durante los primeros meses del mandato ya fue una primera declaración de intenciones. A José María Ángel y Salva Almenar no se les cesó hasta septiembre. Otros cargos del Botànic en los que se confió, como la secretaria autonómica de Economía, María José Mira; la directora de la Agencia Tributaria Sonia Díaz o el responsable de la Dirección General de Telecomunicaciones García Duarte, también dejaron su puesto.

Menos discreto fue el reciente cese, ya por parte del president Llorca, en otra plaza sensible, la del responsable de la Generalitat ante la Unión Europea, Pablo Broseta, que fue despedido para hacer hueco a la exconsella Ruth Merino, nueva secretaria autonómica.

Por otro parte, ha habido consellerias de gran desgaste especialmente volátiles, dana al margen. Es el caso de Servicios Sociales, bajo la dirección de Susana Camarero. Varios altos cargos han sido sustituidos, pese a no haber cambios en la titular.

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