Medio ambiente
Los “guardianes” de la anguila en El Palmar: “Perderla sería renunciar a parte de nuestra cultura”
La Comunidad de Pescadores de El Palmar rechaza la propuesta del Ministerio de Transición Ecológica de considerar a la anguila en peligro de extinción: “no está en declive por la pesca sino por la contaminación”
"Si no garantizamos que la pesca tradicional continúe, acabaremos por desaparecer, y con nosotros la función de control ambiental”, aseguran

Esteban San Canuto

En la Lonja de la Comunidad de Pescadores de El Palmar hay un cartel que dice “Prohibido lavarse las manos en este grifo: agua para anguilas”. Bajo el cartel hay, efectivamente, una balsa de agua con anguilas: las de piscifactoría pero, sobre todo, las que pesca este grupo en los ‘redolins’ o puestos que se sortean cada año a lo largo del lago de l’Albufera. Las que hay en la Lonja son solo un pequeño porcentaje de las capturadas durante la presente campaña: entre 3.000 y 5.000 kilos. Hoy, la pedanía de El Palmar es el último santuario de pesca tradicional de la anguila, y, la Comunidad, la única autorizada para poder realizar esta actividad.
El medio centenar de pescadores agrupados en este colectivo, estas semanas, contienen el aliento: han vivido con preocupación la negociación del Ministerio de Transición Ecológica con las comunidades autónomas para declarar la anguila como especie en peligro de extinción y prohibir su pesca. En el encuentro de esta pasada semana, finalmente, ninguna comunidad autónoma votó a favor de esa prohibición.
Para Pepe Caballer y Amparo Aleixandre, presidente y secretaria general de la Comunidad de Pescadores, la noticia de que la prohibición no seguía adelante supuso un alivio. Para los “guardianes” de la pesca de la anguila, no poder pescarla supondría herir de muerte una actividad tradicional de esta pedanía de València. “Perderla sería renunciar a parte de nuestra cultura”, resumen. Y advierten: que cada vez haya menos anguilas no tiene que ver con las capturas, sino con el estado ambiental de sus hábitats. En el caso de l’Albufera, muy malo.

Pepe Caballer y Amparo Aleixandre, presidente y secretaria general de la Comunidad de Pescadores de El Palmar / Miguel Angel Montesinos
Entre 3.000 y 5.000 kilos este año
El alivio llega sobre todo después de una campaña complicada. “En 2024 estuvimos hasta el 15 de diciembre sin poder pescar por los efectos de la dana: el nivel de agua aumentó, entraron residuos y eso hizo que la anguila migrara hacia otros lugares”, explica Caballer. La campaña de pesca normalmente se extiende entre noviembre y abril, y la anterior había sido “muy positiva”. “Habíamos notado una mejoría: habíamos llegado a los 6.700 kilos capturados, con al menos 2.000 kilos más de anguilas que en años anteriores”, cifra el presidente de los pescadores. Este año, el total será más bajo: entre 3.000 y 5.000 kilos, según las previsiones. “Últimamente, las borrascas continuas han dificultado mucho poder pescar con normalidad", añade.
En este contexto, la amenaza de la prohibición de la pesca de la anguila ha caído como un jarro de agua fría. Caballer niega la mayor: “El Ministerio dice que la anguila está en proceso de extinción, pero la anguila no está en proceso de extinción por la captura de los pescadores, sino por procesos climáticos y ambientales", asegura. Cree que el Gobierno de España intentaba afrontar el problema por “la vía fácil” para no abordar un asunto incómodo como la contaminación de los espacios naturales. "Es evidente que lo que está contaminado no se estudia; prefieren prohibir antes que investigar qué es lo que está pasando y qué pasará", dice.

Uno de los pescadores de la Comunidad de El Palmar lleva la pesca a la Lonja / Miguel Angel Montesinos
Porque la decadencia de la especie no es nueva, resalta Amparo Aleixandre. De hecho, es muy antigua: el salto cuantitativo se dio después de la primera industrialización del entorno de l’Albufera, tras los años 50. “Entonces las capturas empezaron a bajar y llegaron a reducirse en un 90% debido a condiciones de contaminación significativas", dice. La época en la que la laguna tenía “un agua de calidad, transparente, y vegetación autóctona que servía de refugio hasta que la anguila se hiciera grande” es pasado. Muchos de los pescadores de la Comunidad recuerdan las historias que les contaban sus abuelos. “Llenaban el botijo para beber del agua del lago”, rememora. Ahora, sería una locura hacerlo.
“Guardianes” de la anguila
A pie de “redolí”, los pescadores de El Palmar realizan “una tarea ecosistémica fundamental”, reivindica la secretaria general. “Realizamos ese trabajo de equilibrio sin que nadie nos pague, con ejemplos como la extracción de la carpa, que es una especie invasora y la única manera de controlarla es pescándola", resume Aleixandre. De hecho, uno de los temores de la Conselleria de Medio Ambiente, que se votó en contra de la prohibición de la pesca, era que los pescadores, si se prohibía la pesca de la anguila, se vieran desincentivados para pescar y controlar especies invasoras como la carpa o el cangrejo azul.

Un pescador de la Lonja de El Palmar prepara las anguilas capturadas para el pesaje / Miguel Angel Montesinos
Reivindican especialmente esa función de control ambiental y recuerdan que la Comunidad de Pescadores de El Palmar “no pesca anguilas de menos de 40 centímetros; si el pescador ve una más pequeña de lo normal, la devuelve al agua para asegurar una pesca totalmente sostenible". "Es mejor que estemos los guardianes, que al final somos los propios pescadores, porque son los primeros interesados en que el recurso pesquero se mantenga, porque vivimos de él", asegura Aleixandre.
“Si esto continúa, acabaremos por desaparecer”
"Si no garantizamos que esta pesca tradicional pueda continuar, acabaremos por desaparecer no solo nosotros, sino la cultura y la identidad de un pueblo”, advierte Aleixandre. Los pescadores, dice, también están en peligro de extinción en una profesión sin relevo generacional y condiciones precarias. "El Palmar tiene 30 restaurantes con el plato de anguila en sus cartas; si se acaba la pesca, se acaba una parte vital de nuestra gastronomía e historia local", reivindica.
Así que agradecen el voto desfavorable de la Conselleria y piden valentía. "Lo que tienen que hacer las administraciones es paliar la degradación de los hábitats, además de estudiar técnicamente aspectos como los procesos de migración y cómo han variado las corrientes marinas, antes de coger la vía fácil de la prohibición", destaca Pepe Caballer. "Necesitamos una administración que haga posible que el pescador mantenga sus ingresos mientras se realizan labores de repoblación y mejora ambiental", concluye el presidente de la Comunidad.
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