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Documentos desclasificados

Juan Carlos I se entrevistó en secreto con Milans del Bosch antes del juicio para que el 23F no salpicase a la Corona

El Cesid (hoy CNI) recoge en un informe que el cabecilla militar del golpe en València exigió que la reunión para planificar la vista oral, promovida por la Casa Real, fuese personalmente con el entonces rey, ya que no aceptaba subalternos

Milans del B, dos meses antes del golpe de Estado, durante el acto por el que Alcoi otorgó la medalla de oro de la ciudad al 21 Regimiento Vizcaya, el mismo que sacó los tanques a la calle el 23F.

Milans del B, dos meses antes del golpe de Estado, durante el acto por el que Alcoi otorgó la medalla de oro de la ciudad al 21 Regimiento Vizcaya, el mismo que sacó los tanques a la calle el 23F. / Información

Teresa Domínguez

Teresa Domínguez

València

O con el rey o con nadie. El capitán general Jaime Milans del Bosch, jefe de la III Región Militar, es decir, el máximo responsable en aquel momento del Ejército en la C. Valenciana, el único que llevó el golpe de Estado del 23F hasta sus últimas consecuencias, tomando las calles del centro de València con tanques y declarando el estado de excepción, exigió entrevistarse personalmente con el entonces rey, Juan Carlos I, de cara al juicio contra los implicados en la sublevación militar contra la recién estrenada democracia española.

Lo hizo cuando la Casa Real le pidió ese encuentro para exigirle lealtad. ¿El objetivo? Que la Corona quedase limpia de polvo y paja de su papel en el antes y el durante del golpe de Estado del 23F que buscaba revertir el orden constitucional de la España de principios de 1981.

Así consta en un documento del Cesid (hoy CNI) que forma parte de las 153 unidades documentales desclasificadas este miércoles por el Gobierno de España, fechado el 5 de febrero de 1982, 17 días antes de que empezara el juicio contra los golpistas.

"Entrevistas confidenciales y sigilosas"

Ese informe recoge lo que la agencia de inteligencia española denomina "un rumor", pero "no popular, sino pertenecientes a parcelas de opinión pública oíbles y cuantitativamente restringidas", en todo caso, de "ambientes castrenses" de alto nivel, es decir, de fuentes militares de primer orden y, por tanto, creíbles. Lo suficiente como para haber redactado un informe, elevarlo a los responsables del Cesid (el actual CNI) y mantenerlo oculto junto con el resto de la documentación que se conserva del golpe durante 45 largos años.

Según ese documento, a medida que se acercaba el inicio de la vista oral contra los fascistas sublevados, se habrían celebrado "entrevistas confidenciales y sigilosas" de "S. M. el Rey con algunos de los principales del intento del 'golpe de Estado' [lo escriben así, entrecomillado] del pasado febrero de 1981".

TANQUES MILITARES POR LAS CALLES DE VALENCIA. FOTOS HISTÓRICAS. GOLPE DE ESTADO. 23F . 1981

Un tanque militar junto a la Jefatura Superior de Policía de València, la noche del 23F, en 1981. / Levante-EMV

Las exigencias del golpista de València

El informe interno de los espías afirma que "alguien muy importante de la Casa Real se ha entrevistado con el general Armada, matizando con él comportamientos relativos a la vista oral del proceso; y que cuando de igual forma se quiso celebrar la entrevista con el general Milans del Bosch, este exigió que la entrevista se concretase con la propia persona real", es decir, en terminología más actual, el actual rey emérito, Juan Carlos I.

El autor del informe aún añade que, la respuesta del protagonista del golpe en las calles de València -los tanques estuvieron horas encañonando el Ayuntamiento de la ciudad, el entonces Gobierno Civil, el Gobierno Militar y la Jefatura Superior de Policía de València- a la propuesta de esa "persona importante de la Casa Real" fue que "no admitía intermediarios ni eslabones inferiores".

Y prosigue recogiendo que "en tales círculos de opinión se ASEGURA [sic] que, en efecto, el rey se ha entrevistado confidencialmente con el teniente general Milans del Bosch".

"Que la Corona no salga lesionada"

Además, señala que la prioridad era que los golpistas no implicaran a la Corona. "Por encima de todo se pretende [el documento utiliza el presente porque fue emitido dos semanas antes de que empezara el juicio] que la Corona no salga lesionada del proceso [judicial] y que, en todo caso, los intentos en tal sentido no provengan de los principales procesados y de reconocida vocación monárquica",

Es decir, que no fuesen sus más fieles quienes implicasen al entonces Rey de España. Juan Carlos I había aprovechado el discurso de la Pascua militar de ese año, en enero, días antes de la emisión del informe confidencial del Cesid y del inicio del juicio, para denunciar la campaña de difamación de la que, dijo, estaba siendo objeto diciendo que tenía «la mentira como lema, la confusión como método, y la afrenta como objetivo».

Las entrevistas con Armada, cabeza visible del golpe a efectos históricos, y con Milans del Bosch, el más entregado de los golpistas -no depuso las armas hasta más allá de las cinco de la madrugada del 24, cuatro horas después del discurso del rey en TVE pidiendo la rendición de los sublevados-, se habrían producido tras ese discurso público de la Pascua militar, en el que había dejado un claro mensaje entre líneas tanto a los fieles como a los infieles al silencio: "Permitidme, que hoy, en esta Pascua nuestra, cuando estoy hablando a queridos compañeros de armas en un tono de confianza y sinceridad, deje una breve pero profunda constancia tanto de mi dolor por los lamentables procedimientos que algunos utilizan como del agradecimiento a cuantos han sabido rechazar la propaganda insidiosa y mendaz".

No implicaron a la Corona

Ni Armada, ni Milans del Bosch, a quien se le rebajó la condena inicial de 30 años de cárcel a 26 cinco años más tarde, en 1987, en la resolución del recurso, implicaron a Juan Carlos I durante el juicio contra los autores del golpe de Estado, celebrado en el almacén del Servicio Geográfico del Ejército, en Campamento, a las afueras de Madrid, a lo largo de tres meses, del 19 de febrero al 24 de mayo de 1982.

Diez días después, el 3 de junio, se emitía la sentencia: salvo Tejero y Milans, condenados a 30 años de cárcel aunque el propio tribunal recomendaba rebajar la pena a 20, el resto, incluido Armada, recibieron condenas de entre 3 y 6 años de cárcel. Eso sí, la sentencia firme emitida un año después elevaba la condena a Armada hasta los 30 años. Aún así, jamás habló.

En octubre de ese, el PSOE protagonizaba una histórica victoria en las urnas que le llevó al Gobierno de España con una mayoría absoluta de cifras hoy imposibles. El golpe protagonizado por los entonces rescoldos franquistas había logrado el efecto contrario al perseguido.

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