Cuatro años de la invasión rusa de Ucrania
Erik y Alex: de la lgtbifobia rusa a una nueva vida en pareja y en libertad
Estas dos personas no binarias ven València “un lugar seguro” tras huir de la discriminación en su país natal: “la jefa nos decía que no quería pagar a una pareja de lesbianas”

Erik y Alex, la pareja que ha huído de su país por su condición sexual / Fernando Bustamante

La gota que colmó el vaso fue el gato. Alex y Erik intentaron adoptarlo en su Rusia natal porque lo encontraron desnutrido y abandonado en manos de otra persona. Propusieron al hombre que no lo estaba cuidando hacerlo en su lugar. “Nos dijo que lo tiraría a la calle a morir atropellado por un coche antes que dárselo a una pareja de lesbianas”, recuerda Erik. Pero Alex y Erik no son una pareja de lesbianas sino dos personas no binarias que llevaban años sufriendo violencia y discriminación, bullying laboral lgtbifóbico y la incomprensión de sus familias en un país inmerso, además, en una guerra para someter a Ucrania. Así que, ahora hace dos años, volaron a València vía Turquía. “Era la única forma de poder vivir en pareja”, explican. Han renunciado a muchas cosas, a sus familias, a amigos y a sus raíces. No trajeron muchas cosas, pero sí a ese gato. Lo llamaron Rojo.
Su historia de amor empezó hace once años, cuando se conocieron por internet. Erik había venido a vivir a España con su familia cuando tenía quince años, y había descubierto que, aquí, “era todo diferente” a su país natal. Le sorprendió que las personas lgtbi eran libres. No era así de donde venían, pero tampoco en su propia familia. “Cuando conocí a Alex, entendí que mis padres nunca iban a aprobar nuestra relación, porque los rusos no soportan al colectivo”, recuerda. A Alex, que entonces vivía en Rusia, su familia se negaba a nombrarla según su identidad de género, “pero al mismo tiempo sufría maltrato como mujer”. Porque no hay forma de escapar: “no te reconocen como persona no binaria pero te machacan por haber nacido mujer”.
“No sabía las barbaridades que pasaban en Rusia”
Erik estaba en España con documentación de estudiante y, antes de que caducara, decidieron intentar una nueva vida en pareja. Como su familia jamás lo aceptaría, pensaron que vivir en Rusia, donde Alex aún estaba, era la mejor opción. Erik aún lo lamenta: “No sabía las barbaridades que estaban pasando”.
“Cuando viniste empezaba a ir a peor”, le recuerda Alex. No es que antes la situación fuera cómoda para las personas lgtbi, pero todo empezó a adquirir tintes de cacería en 2022, cuando comenzó la invasión rusa de Ucrania. “Putin se volvió loco y Rusia con él”, considera. Mientras la política exterior se centraba en ir contra Ucrania y sus aliados europeos, en materia de política interna, las personas lgtbi pasaron a estar en la lista de enemigos públicos. “Antes éramos una realidad que convertir en algo invisible, pero entonces pasamos a ser algo que destruir”, explica Erik.
“Nunca decíamos que éramos pareja por seguridad”
Así que se aislaron para sobrevivir. “Decíamos a la gente que éramos familia, pero nunca que éramos pareja”. Por ejemplo, nunca se lo dijeron a su jefa en el trabajo que compartían, en una tienda. “Quería que rompiéramos y, cuando vio que no podía, en vez de despedirnos, nos maltrató tanto que nos obligó a dejar el puesto”. Se negaba a pagarles. Decía en voz alta, ante quien quisiera escucharla: “Yo no pago a una pareja de lesbianas”. Todo por sospechar de una relación prohibida.
Porque las relaciones no heterosexuales están prohibidas en Rusia y la delación, no solo permitida, sino estimulada en un contexto en el que la propaganda nacional apuesta por aumentar la natalidad. “Quienes no somos heterosexuales jugamos con desventaja en eso”, relata Erik. Pero en 2022, además, existir se convirtió en un delito cuando Rusia aprobó una ley que prohibía cualquier declaración en apoyo al colectivo. Poco después, en 2023, el Tribunal Supremo ruso declaró organización extremista al “movimiento público internacional lgtbi”.
Llegada a España
La pareja vio su integridad en riesgo mientras el país se sumía en una censura extrema. Alex recuerda que entre el año 2000 y el 2010 hubo “cierta libertad”. Fue la época de las t.A.T.u o del bailarín y cantante homosexual Boris Moiseev. “Todos sabíamos que eran queer, pero oficialmente no eran queer. Eran artistas”, explica. Ahora, las personas trans son solo personajes secundarios en comedias rusas, gente de la que reírse. Si en un videoclip sale un arcoíris, se edita para pintarlo de gris, para que no parezca un símbolo del colectivo. En la literatura y el cine, las personas no heterosexuales solo pueden aparecer para simbolizar la depravación, la pedofilia, el peligro.
Por el contrario, al principio España les pareció una burbuja de seguridad, por eso empezaron a hacer activismo en organizaciones como CEAR, con la que tramitaron también su documentación como personas refugiadas. Fue entonces, en los trámites ante la Policía para la obtención de ese estatus, cuando descubrieron que la burbuja de seguridad no era perfecta.
"La policía me dijo que mentía"
“Salí llorando de la policía porque me trataron muy mal”, rememora Alex. Una agente puso en duda su testimonio sobre los abusos y violencia sufridas en Rusia. “Me dijo que mentía, que me tendrían que deportar, que debería temer a las violaciones también aquí”, narra. Aun así, sabe que no es nada comparado con lo que podría haberle pasado en su tierra natal.
Su futuro, lo tienen claro, pasa por España, al menos a medio plazo. “No sé cuántos años y cuántas leyes necesitaré por parte de Rusia para sentir que es seguro volver, porque nos han hecho mucho daño”, admite Erik. Alex reconoce que echan de menos todo lo que han dejado atrás. Pero, quién sabe, añade, quizá alguna vez puedan volver a reunirse con la gente que quieren en València.
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