Djibril y Ekon, los Punch valencianos que se encuentran en el Bioparc
Los dos chimpancés hicieron uso de peluches cuando eran bebés y a día de hoy están completamente integrados en el grupo

El pequeño Ekon recién nacido en febrero de 2025 / BIOPARC
Eva Tortajada
La historia de Punch y su peluche, el pequeño macaco japonés (Macaca fuscata) que fue rechazado por su madre y ahora trata de integrarse en el círculo, ha dado la vuelta al mundo. Las redes sociales están inundadas de fotos y vídeos y cientos de personas visitan a diario el zoológico de Ichikawa para ver los avances del animal. Pero poca gente sabe que en el Bioparc de València tenemos a nuestros propios ‘Punch’ que, por una razón u otra, necesitaron de la asistencia de estos muñecos durante su desarrollo.
Se trata de Djibril y Ekon, dos chimpancés occidentales (Pan troglodytes verus), una especie que se encuentra en peligro crítico de extinción y cuya conservación es de vital importancia. Sus casos son completamente diferentes, pero los dos hicieron uso de un peluche durante su periodo de integración y ambas historias tienen un final feliz después de una integración completa de los animales.
Djibril: el chimpancé “huérfano” que llegó a València en 2019
Djibril es el más parecido a Punch: él también fue rechazado por su madre al nacer porque no sabía criar ni quería aprender, un fenómeno muy común en hembras que son madres demasiado jóvenes, al rededor de los 4 o 5 años. Djibril nació en el Bioparc de Fuengirola en abril del 2019 y, tras múltiples intentos fallidos para que su madre le aceptará, el equipo técnico de Bioparc, en colaboración con los responsables del programa europeo de reproducción de especies amenazadas (EEP), decidieron poner en marcha la búsqueda de una madre adoptiva.
Encontró su hogar en València y la chimpancé Eva lo acogió con afecto cuando llegó en julio de ese mismo año, pero durante el proceso de integración con el resto del grupo necesitó la ayuda de su amigo inanimado, que le acompañó durante unos seis meses. Es algo muy habitual en este tipo de casos, tal como explican los expertos, y supuso una “herramienta indispensable” para Djibril, explica Stephen Bereje, responsable de bienestar en el Bioparc.

El chimpancé Djibril con su peluche en 2019. / BIOPARC
El objetivo de utilizar peluches es que los chimpancés “no creen vínculos con los criadores y que los comportamientos que desarrollen a largo plazo sean los correctos y los naturales de su especie”. Además, les permite aprender a gestionar sus emociones y ayuda a los cuidadores a “garantizar la socialización” una vez son introducidos con el resto del grupo, expone Bereje.
Ekon: el hermano adoptivo de Djibril
El caso de Ekon es también muy curioso. Nació en el Bioparc en febrero de 2025 y su madre no es otra que Eva, la madre adoptiva de Djibril. Eva no le rechazó, ni mucho menos, pero los cuidadores se toparon con otro gran reto al ver que no era capaz de producir la suficiente leche como para alimentarlo. El pequeño Ekon tuvo que ser criado a mano durante varios meses.
A él también le acompañó un chimpancé de peluche que le sirvió de apoyo hasta que volvió a reunirse con su madre a los cuatro meses de edad. Su integración fue más sencilla, ya que, al contrario que Djibril, Ekon nació ya en el seno del grupo. El pequeño chimpancé pudo integrarse en diciembre y este mismo mes ha celebrado su primer cumpleaños con toda su familia.

Familia de chimpancés con las crías Ekon y Cala, su prima, en la selva del Bioparc. / BIOPARC
Como todo, estos procesos cuentan con sus complicaciones. La mayor preocupación de los cuidadores a la hora de integrar a estas especies viene en la propia etapa de transición en la que se les introduce dentro del grupo. Según explica Bereje, cuentan con una ventana muy pequeña de actuación y, una vez dentro, no se les puede sacar del hábitat.
Los comportamientos de los animales son impredecibles. El experto explica que “cada individuo tiene su carácter y sus peculiaridades” y que, además, se trata de una especie muy peligrosa, por lo que siempre existe cierta preocupación de que un adulto ataque a la frágil criatura.
La integración total de estos animales tarda un año entero en llegar, pero llega. Punch ya está empezando a integrarse con sus compañeros, aunque, al no tener la posibilidad de una madre que le adopte, le costará más tiempo dejar ir a su peluche. Pero son historias como las de los hermanos Djibril y Ekon las que permiten mantener la esperanza en estos casos y pensar que, como ellos dos, Punch tendrá su final feliz.
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