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La Guinea: «El número de inmigrantes es muy alto, pero no hay grandes problemas»

El barrio castellonense es foco de atracción de recién llegados desde los años 60 del siglo XX.

La Guinea: más de cinco décadas latiendo al ritmo de la inmigración

La Guinea: más de cinco décadas latiendo al ritmo de la inmigración / Gabriel Utiel

Iván Fernández

No hay nadie que no conozca a la zona situada a las afueras de Castellón, junto al estadio Castalia, como la Guinea. La versión más aceptada para este nombre es la referencia a la miseria que rodeaba a este barrio a mediados de siglo XX. Los soldados acuartelados en Tetuán XIV decían que les recordaba a aquel país, colonia española por aquel entonces. Esta denominación ya habla del carácter que siempre ha tenido este distrito, uno de los más degradados de la capital de la Plana, que ha crecido a través de nuevos llegados a la ciudad. Pero, según los vecinos, a pesar de que hay cosas por mejorar, la convivencia no esconde hoy problemas graves.

Sus orígenes están en la expansión de Castellón de principios del siglo pasado, que fue desde el casco medieval hasta las afueras. Junto al río Seco empezaron a construirse casas los inmigrantes y personas sin recursos, al ser el terreno más barato. Desde los años 60 y 70, el barrio fue foco de atracción para inmigrantes, sobre todo murcianos, andaluces y aragoneses. Con la llegada del siglo XXI, los forasteros empezaron a llegar desde más allá de las fronteras nacionales. Primero desde Rumanía y, posteriormente, desde Sudamérica y el Magreb.

Un barrio de forasteros

Alguien que conoce bien el desarrollo de esta zona de la ciudad es Francisco Caparrós, presidente de la Asociación de Jubilados y Pensionistas Columbretes, que reúne a personas de este barrio, así como de otras calles colindantes a la ronda Magdalena. Caparrós es hijo de inmigrantes almerienses, pero se considera un castellonense de soca. «Es una zona buenísima, en la que no se llama a la Policía. No hay gamberrismo ni problemas graves», afirma este vecino, que destaca que, a los llegados en las últimas décadas de países extranjeros, se unen «los que llevan aquí más de 50 años y tienen hijos y nietos nacidos aquí».

Además, destaca que «ahora tenemos un parque nuevo y un centro de salud polifuncional que han mejorado la calidad de vida». Caparrós admite que hay una parte con «viviendas más necesitadas», aquellas construidas hace casi medio siglo y que evidencian la necesidad de una rehabilitación. También reclama mejoras en calles del barrio. «Han hecho peatonales algunas zonas, pero otras todavía siguen igual que hace años», señala.

Pero, a pesar de estos problemas puntuales, Caparrós afirma que «es una maravilla» donde los llegados desde fuera de Castellón se han convertido en la base del barrio y le han dotado de su carácter particular

Otra persona que ha conocido el desarrollo del barrio es Mari Carmen Motera que, durante casi 30 años gestionó el quiosco la Bodega y ha sido una habitual de la Guinea desde hace medio siglo, cuando sus padres abrieron este negocio. «Nunca he tenido problemas con personas inmigrantes. Nunca me entraron a robar a la tienda en todos estos años y siempre he paseado sin problemas por el barrio», comenta.

Mari Carmen, que tiene un hijo con discapacidad, señala: «Siempre han tratado muy bien a mi hijo y he conocido a todos, tanto si eran de fuera como si eran de aquí». «Es cierto que el número de inmigrantes es muy alto en la Guinea y siempre hay gente que da problemas, pero en general no hay grandes problemas de convivencia», señala.

Para ella, el principal problema que destaca Mari Carmen es que «el barrio está estancado. Hace unos años, anunciaron que se iba a peatonalizar la zona, pero no se ha hecho nada». Además, afirma que «el precio de los pisos ha subido, aunque solo hay cuatro fincas con ascensores» y añade que «en los últimos quince años, la Guinea ha vivido un cambio bárbaro. Casi no quedan negocios y la mayoría de la gente que vive aquí consume fuera·.

Así se articula este distrito de Castellón en el que el futuro, como ha ocurrido desde hace décadas, tiene acento foráneo y sus principales retos, más allá de mantener la convivencia, se presentan en la necesidad de modernizarse y mantener el comercio de cercanía para los residentes.

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