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Boda en la cárcel de Picassent y 'carta desde el talego', en el podcast del Casal de la Pau de València

La entidad solidaria abre el canal 'Estate al loro', que en su primera entrega cuenta la historia de amor entre rejas de Isabel y José que acabó en matrimonio

La asociación, que cumple 54 años, atiende cada año a unas 500 personas, a las que da formación y ayuda para evitar recaídas en la delincuencia

José Corbeto, Isabel Jiménez y la conductora del podcast, Majo Serrano.

José Corbeto, Isabel Jiménez y la conductora del podcast, Majo Serrano. / Levante-EMV

Francesc Arabí

València

El 18 de febrero de 1972 nacía en Valencia Casal de la Pau (CdP), una entidad social especializada en la atención y el acompañamiento a reclusos y ex reclusos en su proceso de reinserción social. En este 54 aniversario, CdP ha lanzado un podcast con la idea de que "sirva de canal de comunicación con sus usuarios" y para "ir desgranando situaciones vitales y casos de 'éxito' en la reincorporación a una nueva vida". El nuevo canal, que lleva por título 'Estate al Loro', ya se ha estrenado. Y no destapa nada comercialmente interesante. Es muchísimo mejor. Un producto bastante más nutritivo. Ofrece retales de vida servidos en crudo. Conducido por Majo Serrano, en la primera entrega comparecen Isabel Jiménez y José Corbeto, una pareja que cuenta sus vivencias en la cárcel de Picassent y su historia de amor, que acabó en boda. Isabel, de 52 años y de Castelló. Y José, de 42 años y de Cádiz. "Me gusta el cante", remarca él en su presentación en sociedad.

Cuentan cómo prendió el amor entre barrotes. Los dos acudían al taller de la prisión de Picassent, desde módulos distintos, obviamente. "El jefe de taller, hizo de Cupido", cuenta José. Llegó el día de verse y hubo química. Desde ese momento se cruzaban cartas, se reunían con permiso de las reglas (un vis a vis al mes) y los funcionarios, hasta que llegó el momento en que él le propuso matrimonio. "Ella se lo pensó tres años y al final dijo p'alante", narra entre risas el hoy marido. En todo el tiempo en el que la relación fue madurando los encuentros aumentaron. "Por trabajo, por limpiar el módulo, por estudiar... te dan puntos y consigues dos vis a vis al mes", explica José.

Un vestido con tres metros de cola

¿Cómo fue la boda? Los ojos de Isabel irradian luz cuando cuenta la "felicidad" de ese momento. Mucho mejor, confiesa, que la primera vez que se casó. Porque no faltó detalle. Dentro de las limitaciones obvias de una vida envasada en formato celda. "Hasta un ramo de flores nos pusieron en la celda, y nos dieron tres horas de estar juntos cuando volvimos del juzgado", comentan. Porque salieron a casarse al Juzgado de Picassent. Los acompañaron en el 'sí quiero' las maestras del taller, los padrinos y el hijo de Isabel. "Tres metros de cola tenía el traje", sonríe Isabel mirando la foto del momento que exhibe orgulloso José. El vestido de novia se lo prestó la madrina de José. Hubo hasta despedida de solteros. En ambos lados. Algo sencillo y permitido en régimen penitenciario. "Unas latas de cerveza sin alcohol y un picoteo", cuenta el novio.

"Siempre hay un mejor camino"

El podcast ofrece también la sección 'Cartas desde el talego', en la que en cada episodio un preso leerá una carta en la que ofrecerá sus opiniones, impresiones o reivindicaciones. El primero en tomar la palabra ha sido Alejandro Pérez, de 22 años. En una misiva estructurada en cuatro puntos, este joven reivindica cambios en las normas que regulan el vis a vis que considera desfasadas. Se exige, por ejemplo, que se demuestre una relación afectiva estable. "Son reglas chapadas a la antigua", denuncia Alejandro. Y reivindica "el amor como eje central de la reinserción". Remata su alegato con un consejo a quienes no han tenido la desgracia de ser privados de libertad: "Aprendan de los errores de otros y no delincan porque, aunque no lo vean, siempre hay un mejor camino. Cuídense y valoren su libertad".

¿Por qué nació el Casal de la Pau? La Constitución Española establece en su artículo 25.2 que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”. Pero, "indudablemente, ese es un objetivo que no se produce de forma espontánea, sino que exige un compromiso firme por parte de las instituciones penitenciarias y otras administraciones públicas que hasta la fecha han obtenido un resultado desigual, pese al mandato constitucional", indican desde la citada entidad. Por eso, entienden, tenía espacio una asociación que actuase desde esa mirada.

Salud mental y toxicomanías

Casal de la Pau abrió, así, "una línea de actuación para tratar de llegar de forma más ágil a donde los poderes públicos no alcanzan". La entidad viene "prestando especial atención a personas con problemas de salud mental, toxicomanías, a inmigrantes, extranjeros, enfermos crónicos o terminales, mujeres víctimas de violencia de género y personas mayores de 65 años".

Al hacer balance de este medio siglo, explican que el "beneficio social de ese esfuerzo es indudable, más allá de la mejora de la situación personal de los miles de hombres y mujeres en riesgo de exclusión social que han sido atendidos por el Casal de la Pau". En todo este tiempo cifran en unas 500 personas al año las que han recibido ayuda. "Se han evitado recaídas, así como la comisión de nuevos delitos, se ha proporcionado formación y se han colmado algunas de las carencias más evidentes de las personas atendidas", comentan. Para sentenciar: "No es exagerado, por tanto, afirmar que el Casal de la Pau llega a donde no son capaces de llegar las administraciones públicas ni siquiera otras entidades del tercer sector, especializadas normalmente en otro tipo de necesidades".

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