Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Terapias de conversión sexual

La Universidad Católica de Valencia valida en un master el uso de terapias de conversión sexual como ciencia

Bajo el paraguas del Instituto Pontificio Juan Pablo II, la Universidad Católica de Valencia otorgó títulos oficiales a investigaciones que vinculan la homosexualidad con la pedofilia y proponen el uso de fármacos para reprimir la orientación sexual. Un engranaje de créditos universitarios que sirvió de base teórica para las hoy ilegales terapias de conversión

Universidad Católica de València, sede de Trinitarios.

Universidad Católica de València, sede de Trinitarios. / F.Calabuig

Gonzalo Sánchez

Gonzalo Sánchez

València

El 3 de septiembre de 2012, mientras la comunidad científica internacional celebraba décadas de progreso en la despatologización de la diversidad sexual, en el campus de la Universidad Católica de Valencia (UCV) San Vicente Mártir se sellaba un documento polémico. Raúl Eguía defendía su Trabajo de Fin de Máster (TFM) titulado: Adicción Sexual: Origen, desarrollo, efectos y terapia de un fruto de la Revolución Sexual. Lejos de ser un simple ejercicio de clase, este documento de más de 150 páginas representa la validación académica de la homofobia bajo una apariencia de rigor clínico.

El documento no solo fue aprobado, sino que obtuvo una calificación oficial dentro del Máster en Ciencias del Matrimonio y la Familia. Lo más revelador no es solo el alumno, sino quien firma como tutor: el Rvdo. P. Juan Andrés Talens Hernándis, actual decano de estudios del master. Talens, director del Secretariado para la Defensa de la Vida del Arzobispado de Valencia, ha sido identificado por múltiples investigaciones de Levante-EMV y testimonios como una de las personas tras el Centro de Orientación Familiar (COF) “Mater Misericordiae” donde se habrían ejecutado, durante años, las hoy prohibidas terapias de conversión sexual.

Este diario se ha puesto en contacto con el autor del TFM y con el tutor para conocer su versión, pero por el momento no ha recibido respuesta. El Instituto Juan Pablo II, por su parte, asegura que los trabajos que se elaboran en la institución académica "se enmarcan en la libertad de cátedra y en el debate académico". Esto quiere decir -continúan- "que pueden generar discusión y controversia científica, siempre dentro del respeto a la metodología y el análisis crítico".

El Instituto Juan Pablo II: Maquillaje académico para las terapias

Para comprender por qué la UCV permitió la validación de un texto que propone medicar la orientación sexual, es necesario mirar hacia la estructura superior que lo ampara: el Instituto Pontificio Juan Pablo II. Esta institución no es un departamento local, sino una red global nacida en Roma bajo la sombra de la Universidad Lateranense.Valencia fue una de las sedes pioneras en el mundo en acoger este brazo académico del Vaticano, impulsado en su día por el arzobispo Reig Pla, uno de los grandes garantes de estas pseudoterapias homófobas en la Iglesia española.

Según fuentes cercanas a la institución, lo que existe es una "baraja de cartas repartida" entre sedes: Valencia, Murcia y Alcalá de Henares comparten no solo ideología, sino el mismo profesorado que viaja de una ciudad a otra para impartir esta doctrina, entre los que destacan, además del propio Talens, figuras como Belen Vendrell, que enfrenta ya querellas por prácticas estas “terapias” homófobas a través de un grupo llamado “Verdad y Libertad”.

La función del Instituto Juan Pablo II es, en esencia, revestir de ciencia o academicismo lo que, en la práctica, es tortura (las Naciones Unidas reconocen a las terapias de conversión como tal). A través del Máster Oficial en Ciencias del Matrimonio y la Familia —que a día de hoy sigue vigente y en activo en la oferta académica de la UCV— se utiliza el magisterio de la "Teología del Cuerpo" para patologizar la disidencia sexual. Bajo este barniz intelectual, se disecciona la sexualidad humana no desde la psicología clínica moderna, sino desde un reduccionismo que etiqueta cualquier desviación de la heterosexualidadl como un "desorden objetivo" que requiere intervención.

La química de la represión: Fármacos contra el deseo

El hallazgo más aterrador de este TFM -que representa el subsuelo ideológico de las terapias de conversión- es su propuesta de tratamiento farmacológico para abordar lo que denomina la "conducta sexual desordenada". Al calificar la homosexualidad como una adicción, el texto —tutelado por Talens, que sigue dirigiendo el instituto— abre la puerta al uso de fármacos para anular la libido. Al amparo del Instituto Juan Pablo II, se enseña que el deseo homosexual puede ser "sedado" químicamente si la voluntad espiritual no es suficiente. Esta propuesta de castración química encubierta es el culmen de una doctrina que ve en el deseo un error biológico.

El texto sugiere un "tratamiento farmacológico en la orientación" que incluye el uso de Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina (ISRS) como la Fluoxetina (Prozac) o el Citalopram para reducir el impulso sexual y la frecuencia masturbatoria en hombres con AMS. Más grave aún es la propuesta de utilizar antagonistas opioides como la Naltrexona para bloquear la liberación de dopamina y anular las "propiedades eufóricas de la fantasía", o el uso de neurolépticos como el Benperidol, habitualmente destinado a trastornos psicóticos, para tratar lo que el autor considera "desviaciones". El objetivo es, en última instancia, convertir a la persona en una "carcasa" vacía, despojada de su capacidad de sentir y desear.

El autor dedica capítulos enteros a culpar a la liberación sexual de haber "corrompido" la estructura familiar, situando a la homosexualidad como un subproducto degradado. De hecho, califica la despatologización de la homosexualidad en 1973 como una "burla para la ciencia" orquestada por la presión del "lobby gay". Esta premisa es el cimiento de las terapias de conversión: si algo es un "fruto" de un error social o un desequilibrio químico, puede ser revertido mediante fármacos e "itinerarios de maduración". La UCV, al validar este marco con 9 créditos oficiales, permitió que se enseñara la identidad LGTBI como una patología erradicable.

Finalmente, el documento establece una conexión perversa y peligrosa entre la homosexualidad y la pedofilia, situando los comportamientos homosexuales en el Nivel 4 de una escalada adictiva, justo un peldaño antes de las parafilias criminales. Al defender la Terapia Reparativa y la red "Es Posible la Esperanza" (EPEC), Eguía proporciona la base teórica para un sistema que promete que el AMS puede "desaparecer" si el sujeto se somete a un proceso de "sanación" y "acompañamiento espiritual", que en realidad siembra una semilla de autoodio y duda que, en algunos casos, ha acabado costando vidas.

Una responsabilidad que no prescribe

La Ley 4/2023 estatal y la Ley 23/2018 valenciana prohíben taxativamente las terapias de conversión. El papel del "Grupo Juan Pablo II" y del Instituto homónimo ha sido el de una "lavadora" ideológica de gran alcance. Sectores críticos de la Iglesia apuntan a que allí se diseñaban los marcos teóricos que luego Talens y sus equipos ejecutaban en la privacidad de los COF. 

La UCV ponía el sello de Máster Oficial "a lo que no era más que un manual de tortura psicológica y química", señalan los denunciantes de estas prácticas."En este documento academico se enseñó la homofobia como ciencia y la medicación del deseo como una forma legítima de terapia", insisten.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents