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La oruga procesionaria ya está aquí: por qué es peligrosa y qué hacer si tu mascota entra en contacto con ella

Hilera de procesionarias en el antiguo Camí de L'Àlcúdia de Crespins a Anna en una foto de archivo de 2025.

Hilera de procesionarias en el antiguo Camí de L'Àlcúdia de Crespins a Anna en una foto de archivo de 2025. / Agustín Perales / LEV

Eva Tortajada

València

Con el final de febrero y la primavera a la vuelta de la esquina, la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) comienza a abandonar sus característicos bolsones blancos y empieza a descender por el tronco de los árboles, en un fenómeno natural tan fascinante desde el punto de vista biológico como peligroso para la salud pública. En la Comunitat Valenciana ya empiezan las incidencias y los cierres de zonas recreativas, como el del pasado lunes en Aielo de Malferit.

¿Qué es la procesionaria y por qué es peligrosa?

La procesionaria es la plaga defoliadora más importante de los pinares. Es una especie mediterránea que pasa el otoño y el invierno tejiendo sedosos nidos en las ramas de los pinos para protegerse mientras se desarrollan las larvas. Estas larvas necesitan unas temperaturas adecuadas para su desarrollo, tal como explica Eduardo Pérez-Laorga, responsable del departamento de Gestión Forestal de la Generalitat Valenciana. Tanto las temperaturas superiores a 32 grados como las inferiores a -12 grados son capaces de matar a las larvas, razón por la que la del Mediterráneo es una zona tan apropiada para su desarrollo.

En el estado de su ciclo vital en el que se encuentran ahora, descienden por los troncos formando las características "procesiones” de las que reciben su nombre. Su objetivo es encontrar un lugar de tierra blanda donde enterrarse, crisalidar y emerger como las conocidas polillas en verano. Su cuerpo está recubierto de miles de folículos o tricomas microscópicos (aproximadamente 500.000) que actúan como diminutos dardos envenenados. Las orugas expulsan estos pelos cuando se ven amenazadas y pueden ser transportados por el viento, de manera que el contacto directo no es la única forma de riesgo.

El peligro reside en la toxina que contienen estos tricomas, la thaumatopina. En los seres humanos, esta toxina puede provocar graves reacciones alérgicas, urticarias, dermatitis severas y afecciones oculares o respiratorias. Los niños pequeños son uno de los grupos con mayor riesgo, ya que su curiosidad puede llevarles a tocar estas orugas.

No obstante, la peor parte de este asunto se la llevan las mascotas, especialmente los perros. El contacto de la procesionaria con las mucosas del perro produce reacciones inflamatorias inmediatas que pueden llegar a ser devastadoras. Si un perro lame, ingiere o huele una procesionaria, la toxina provoca una gran hinchazón que puede derivar en necrosis de lengua e incluso en la muerte del animal.

Qué hacer en caso de que tu mascota muestre síntomas

La mejor medida para evitar incidencias de procesionarias en tu perro es evitar las zonas coníferas, pero desde la Generalitat Valenciana y en colaboración con los colegios veterinarios ofrecen directrices claras en caso de que las mascotas entren en contacto con estas orugas.

Es importante actuar con rapidez, lavando la zona afectada con suero o agua bicarbonatada, evitando siempre frotar. No hay que provocar el vómito a la mascota y, en cualquier caso, se debe acudir a una clínica veterinaria lo antes posible.

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