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IV Foro de Municipalismo

«La desaparición del petxinot de nuestras aguas es una mala señal»

El Oceanogràfic y la Fundación Aguas de Valencia lideran un proyecto para reintroducir en l’Albufera esta especie clave para preservar la calidad del agua

IV Foro de Municipalismo | Recuperando el Pexinot el gran depurador de l’Albufera / David García Sebastiá

Jaume Vidagañ

Jaume Vidagañ

València

El petxinot, conocido tradicionalmente en València como «nacra de agua dulce» o «mayo», es mucho más que un molusco discreto de acequias y humedales. Es, en palabras de José Luis Crespo, jefe de conservación de la Fundación Oceanogràfic, una especie «vital» para el equilibrio ecológico y un auténtico termómetro de la calidad del agua. Así lo defendió durante su intervención en la cuarta edición del Foro de Municipalismo organizado por Levante-EMV.

Crespo explicó que, históricamente, el petxinot estaba ampliamente distribuido en el entorno de l’Albufera y sus cursos de agua asociados. De hecho, recordó que el Grau llegó a ser conocido popularmente como el «Grau del Nac» por la abundancia de estos moluscos, cuyas valvas interiores, ricas en nácar, también se utilizaron durante años con fines decorativos.

Pero más allá de su valor cultural, el veterinario subrayó su importancia ecológica. Un solo ejemplar adulto es capaz de filtrar hasta 50 litros de agua al día. En épocas en las que se registraban densidades de entre 500 y 700 individuos por metro cuadrado, ese espacio podía llegar a filtrar alrededor de 25.000 litros diarios. «Es un servicio ecosistémico increíble», remarcó, al contribuir directamente a la mejora de la calidad del agua que abastece al territorio.

Además de su capacidad filtradora, el petxinot estabiliza los fondos de lagos y ríos, facilita el asentamiento de algas, invertebrados y microorganismos esenciales para el ecosistema y actúa como bioindicador. «El hecho de que hayan desaparecido de nuestras aguas es una mala señal», advirtió Crespo. Si la especie prospera, indicó, es porque el estado ecológico es adecuado.

La alarma saltó hace unos años, cuando los seguimientos detectaron centenares de ejemplares muertos y, al mismo tiempo, ausencia de reclutamiento: no aparecían individuos jóvenes que garantizaran la continuidad de las poblaciones. Entre las amenazas, el responsable de conservación citó la proliferación de especies invasoras —como el cangrejo azul—, la pérdida de hábitat, las variaciones de temperatura y los cambios en el caudal hídrico. Como invertebrado, el petxinot es especialmente sensible a cualquier alteración.

Ante este escenario, comenzó a gestarse una alianza institucional con un doble objetivo: mantener una población a largo plazo fuera del medio natural y tratar de comprender por qué no se estaba reproduciendo en libertad. El Oceanogràfic, que transformó su exterior en una «albufereta» para poner en valor los humedales, asumió el reto de crear una población ex situ.

El equipo ha logrado mantener ejemplares en instalaciones controladas y, lo que resulta más relevante, ha conseguido reproducirlos y obtener juveniles. Parte de estos se han reintroducido en el medio natural y otros se están criando para reforzar futuras liberaciones. Un proceso que, aunque resumido en pocos minutos, ha requerido «muchísimas horas de trabajo, esfuerzos y disgustos», reconoció Crespo.

La situación se agravó con la dana, que afectó gravemente a algunas de las últimas poblaciones significativas. En la acequia madre real de Montroi se perdió uno de los núcleos principales, lo que obligó a organizar un rescate de ejemplares junto a técnicos de la Generalitat. Para Crespo, este episodio demuestra que la biodiversidad debe formar parte central de cualquier estrategia de reconstrucción territorial: «Cuando hablamos de reconstruir, hablamos también de agua y de ecosistema».

Actualmente, el proyecto suma a la Conselleria, la Fundación Oceanogràfic y la Fundación Aguas de València, además de otras entidades que se han ido incorporando progresivamente. El objetivo final es ambicioso: reintroducir el petxinot en l’Albufera y en los municipios de su entorno, restaurando tanto hábitats dañados como generando otros nuevos que permitan su asentamiento.

La iniciativa incorpora también una vertiente divulgativa. Crespo avanzó que en los próximos días se intensificarán las actividades para dar a conocer una especie «muy discreta» y poco conocida por la ciudadanía, pese a su papel fundamental. Incluso estará presente en las Fallas como parte de la campaña de sensibilización.

«Es una especie de aquí, cumple un rol fundamental y necesita que trabajemos de manera coordinada», concluyó, invitando a las administraciones locales y al conjunto de la sociedad a sumarse a un proyecto que aspira no solo a salvar un molusco, sino a recuperar la salud de los humedales valencianos.

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