Dossier CV
Alicia Herreras, primera oficial de Bomberos de Castellón: "Hay que seguir ocupando puestos de mando, tenemos mucho que aportar"
Iba para arquitecta pero la vocación de servicio público pudo más. La valenciana Alicia Herreras, 40 años, acaba de convertirse en la primera oficial del Consorcio de Bomberos de Castellón. En una de las profesiones más masculinizadas que existen, ella ha tenido que superar pruebas físicas pensadas todavía para los hombres. Aunque no ha sido fácil, anima a las mujeres a ocupar espacios en la escala de mando.

Miguel Angel Montesinos
-¿Cómo pasó de construir casas a apagar incendios?
-No tenía antecedentes familiares, pero en la carrera tuve una profesora que nos daba clases de presupuestos y ha sido un referente para mí porque fue una de las primeras mujeres oficiales del cuerpo de bomberos de toda España, en concreto, en el Ayuntamiento de Valencia. De repente me planteé algo que nunca había considerado. También influyó que en mi familia todos tienen trabajos muy vocacionales: mi madre es profesora, mi padre médico, mi otra hermana también, la otra es odontóloga. Esa faceta de servicio público estaba ahí oculta. Físicamente siempre he hecho mucho deporte y, junto a la vocación de ayudar a los demás, creo que por ahí me vino la inspiración. Ser bombera es el mejor trabajo del mundo. Es un cuerpo muy querido. Siempre que he estado trabajando he sentido un gran agradecimiento al llegar a los sitios.
-La arquitectura también ha sido una carrera muy masculinizada ¿De reto en reto?
-Mis padres nos inculcaron a mis hermanas y a mí que fueramos independientes, nos lo han marcado desde muy pequeñas. Con cuatro años me llevaron al gimnasio y me dijeron que eligiera entre kárate o judo. Nos han enseñado que todos somos iguales y que podemos hacer lo mismo que un hombre; eso ha estado muy presente en mi casa y de ahí sale mi tendencia quizas a oficios menos habituales para la mujer hasta ahora.
-¿Qué le dijo su familia cuando decidió cambiar de rumbo?
-Cuando lo planteé mis padres me dijeron que acabara la carrera. Tenían miedo de que, al ponerme a opositar, no terminara los estudios. Cuando terminé, coincidió con la crisis. Me puse a trabajar en Zara Home unos años y cuando el sector de la arquitectura empezaba a despertar, también me despertó a mí la idea de opositar.
"Se suele escuchar que una mujer no puede sacar a personas de un incendio como lo haría un hombre. Es un estereotipo clásico"
-Las pruebas físicas de bombero tiene fama de ser muy duras ¿Son las mismas para hombres y mujeres?
-Opositar es un proceso muy largo. Primero tienes que sacarte los carnés de camión y de tráiler, y títulos como el Mitjà de valenciano que te favorecen para ser competitiva. Tardé cuatro años hasta que entré como interina. Las pruebas físicas son las mismas para hombres y mujeres con diferentes tiempos. A día de hoy están baremadas y en función del tiempo sacas una nota u otra. Salvo la cuerda, que ellos tienen que subir seis metros y nosotras cinco, todo es igual. No lo tenemos más fácil, al contrario. A mi parecer, las pruebas físicas actuales favorecen al hombre. Hay pruebas que se consideran históricas y que son muy masculinas, como la cuerda, a la que no veo ningún sentido. En el día a día del trabajo, yo no he trepado ninguna cuerda. Deberíamos plantearnos si algunas pruebas son necesarias o si sería mejor valorar pruebas de resistencia y de oficio que midan la habilidad, porque el trabajo de bombero es más de maña que de fuerza bruta. La prueba de la torre, en cambio, está muy bien tirada porque en incendios en edificios de viviendas tienes que subir escaleras con el equipo y la botella, que pesan unos 20 kilos. Aunque yo ahí mediría más que el tiempo la resistencia. Se suele escuchar que una mujer no puede sacar a personas de un incendio como lo haría un hombre. Es un estereotipo clásico, un discurso muy fácil. En realidad, el nuestro es un trabajo en equipo, son binomios, y todo está muy controlado. Tengo compañeros que son auténticos «armarios» y a esos tampoco los sacaría un hombre solo. La ley de la palanca ya está inventada.
-¿Cuántas mujeres son en el consorcio actualmente? ¿Cómo les suelen recibir sus compañeros hombres?
-Ahora cuatro y en toda la historia del Consorcio de Castellón solo hemos sido seis bomberas de unos 160 efectivos. Al ser un cuerpo tan masculinizado, que entre una mujer en un turno genera inquietud al principio; se preguntan qué va a pasar. Cuando te ven trabajar todo eso se diluye. Pero por esa desconfianza inicial a veces las mujeres cometemos el error de querer demostrar constantemente que valemos, algo que ellos no sienten la necesidad de hacer. No tenemos que demostrar nada a nadie más que a nosotras mismas.
-¿Cuál es la situación de mayor riesgo y la de mayor satisfacción que ha vivido?
-Personalmente, nunca he sentido que mi vida corriera peligro real, ni siquiera en incendios de vivienda o forestales. Duros sí, como los accidentes de tráfico, por lo que ves, piensas en las familias. El único momento en el que pensé en mis hijas fue un día de mucho viento, que son días de muchos servicios, que tuvimos que acudir a un edificio muy alto en el que se habían soltado unas planchas que había que sujetar con un riesgo evidente. En este trabajo la experiencia es un factor muy importante. Puedes estudiar un temario interminable y entrenar como si no hubiera un mañana, pero luego donde aprendes es trabajando. Cada servicio es diferente. Y cuantos más haces, más aprendes. En cuanto a la satisfacción, para mí son los servicios de contacto con la gente, como apertura de puertas en casos de personas mayores que viven solas y se han caído, que cada vez hay más, o accidentes de tráfico. Dar consuelo me produce mucha más satisfacción que apagar un incendio de vivienda.
-Como arquitecta, ¿cómo se explica lo que pasó en el incendio de Campanar?
-No fue un comportamiento habitual de un incendio de vivienda. Yo estaba de guardia en Benicarló y lo vi por la tele; en diez minutos el edificio estaba ardiendo entero. El tipo de construcción sirvió como un tiro de chimenea y el fuego se propagó por la fachada, sorprendiendo a los bomberos que estaban dentro. Habrá que replantearse el Código Técnico y buscar alternativas constructivas para evitar que esto se repita, aunque suponga una inversión enorme. Con la excepción de Campanar, me parece más peligroso un incendio forestal porque te puedes ver en un atrapamiento. Los días de poniente son muy peligrosos, se te puede montar un gran incendio. En cuanto se detecta un conato se sacan todos los medios para apagarlo y que no se vaya de madre. Pero hay veces que, lamentablemente, ni con todos los medios...
-Primera mujer con mando en el consorcio ¿Siente que está abriendo camino?
-Una de las cosas que más me ha motivado son mis dos hijas, que si tuviera niños lo haría igual, porque quiero que vean que no hay barreras, que son capaces de hacer lo que quieran con su esfuerzo. Es muy importante que las mujeres empecemos a ocupar estos espacios de toma de decisiones y en la escala de mando. Un turno completo para mi es aquel en el que ambos sexos están representados porque, aunque somos iguales en derechos, aportamos visiones diferentes. Ser bombera es lo mejor, pero animo a todas mis compañeras a promocionar, hay que ocupar espacios. Tenemos mucho que decir y que aportar.
-¿Como oficial qué funciones tienes y que objetivos se plantea?
-Mi cometido como oficial de mantenimiento y logística, es la adquisición de todos los medios necesarios para dar un buen servicio: compra de camiones, equipación de los bomberos e instalaciones de los parques. Me encargo de las licitaciones e intento incorporar los últimos avances y elementos de seguridad para los intervinientes. Una de las cosas que hay que hacer es ir adaptando los parques para las mujeres, que haya vestuarios y habitaciones diferenciadas. Hay parques que están muy obsoletos. Hay que tenerlos preparados antes de que lleguen las mujeres no esperar a que estén allí.
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