Levante-EMV

Fallas sin fronteras

Viaje a la tierra de los faraones

Os invitamos al viaje más imposible que jamás hayan hecho dos falleras mayores de València. Carmen Prades y Marta Mercader protagonizan el episodio 2026 del Extra de Fallas en el egipto de los faraones

Por Moisés Domínguez

Carmen Prades y Marta Mercader en el Gran Museo

Carmen Prades y Marta Mercader en el Gran Museo

Levantas la vista y no hay nada a tu alrededor. La nada absoluta. Tan solo, de forma inesperada, el vehículo atraviesa una breve superficie de matojos. Pero vuelves a mirar al frente y aprecias que nada te espera. Arena. Llanuras de arena, dunas de arena y promontorios de arena. El horizonte reverbera y solo la caravana rompe el silencio. No son meharis acostumbrados a largas y pacientes travesías, capaces de soportar el tormento de la sed con naturalidad. Son ruidosos todoterrenos que dejan a su paso una pequeña tormenta de arena. Finalmente, la caravana se detiene en un valle donde, junto a algunos cerrillos esculpidos por el viento, las señales de vida son un poco más visibles. Echando un vistazo al mapa, la primera sensación es que «tampoco estamos tan lejos» de la civilización, del mundo conocido. Y sin embargo, la sensación es de haber llegado al final de todos los caminos. Qué va: más hacia el oeste el paisaje es el mismo no durante cientos, sino miles de kilómetros.

Hasta ahí sería lo normal en el mundo contemporáneo: la modernidad ha conseguido domesticar y acercar una parte de este paisaje. Por eso, en el lugar, Wadi-el-Hitan, se aprecian más personas. No son beduinos que nomadean ni mercaderes de caravana. Son mirones que están descubriendo un mundo nuevo.

Carmen Prades y Marta Mercader, en la inmesidad de Giza

Carmen Prades y Marta Mercader, en la inmesidad de Giza

Ahora, imaginen que usted está ahí echando fotos y que es valenciano y además es fallero. Se fija en la caravana y, de repente siente la necesidad de frotarse los ojos. Y no es por la arena. «¿Perdón? ¿Dos falleras? ¿Qué hacen aquí? Y se acerca y, como está al día de lo que pasa, se le pone la cara blanca: «¡Pero si son las falleras mayores de València!». Más aún: «¡Pero si son Carmen Prades y Marta Mercader!».

Créanme que crucé los dedos de esperar que esto sucediera, porque en otras ocasiones ha sucedido y es un verdadero momentazo. Pero no pudo ser. Lo que por allí pasaban tenían acento anglosajón, más cerca de Paul Hogan que de un viajero despistado de Russafa. Pero habría sido, créanme, la imagen más imposible de todo lo imposible que Levante-EMV, la Junta Central Fallera y el Extra de Fallas llevan trazando desde hace diez años. El lugar más recóndito al que han ido nunca y que se enmarca dentro de las dos jornadas desarrolladas en Egipto, el destino número diez dentro de la serie internacional que se lleva a cabo desde 2016 en esta publicación.

Las falleras mayores en el Oasis de Wadi El Rayan

Las falleras mayores en el Oasis de Wadi El Rayan

Imagen de lo imposible porque llegar hasta la Torre Eiffel, la Acrópolis, la Puerta de Brandemburgo o el Atomium puede ser audaz, llamativo y curioso. Así ha sido y así seguirá siendo. Pero que los trajes de valenciana y las protagonistas más selectas del año aparezcan, pisen y posen en mitad del desierto, en una tierra que solo sirve para cruzarla, es la última frontera a la que se puede llevar a las embajadoras de la fiesta. Porque la otra opción, el contraste, jamás lo haremos. Esta visita, incluyendo el 4x4 loco de atar, era hasta agradable tras un invierno duro: sol y calor, sin asfixiar, pero pudiendo moverse sin necesidad de pañolón. Por razones humanitarias, el Extra de Fallas nunca las llevará a la Antártida. Ni a Groenlandia.

Carmen y Marta, con el Nilo al fondo

Carmen y Marta, con el Nilo al fondo

Con el sello Unesco

Una tierra para cruzarla o, en este caso, para visitarla, porque el Valle de las Ballenas ha transformado las estribaciones del erial en un Parque Nacional. En una de las rústicas construcciones luce orgulloso el emblema de la Unesco. Son primos hermanos de las Fallas, cada uno en su estilo. Y es una demostración de lo inmensamente insignificantes que somos: por aquí nadaban enormes ballenas en un tiempo que este valle formaba parte de un inmenso océano. Porque el Sahara formaba parte de un sistema marítimo y un fértil pastizal, devastado por los cambios climáticos sufridos con el paso de millones de años. Cuarenta millones marcan las dataciones. Fósiles de las ballenas, muy bien conservados, han ido emergiendo mediante el trabajo de los arqueólogos que, igual que fueron desenterrando los secretos de los faraones -eso, luego-, han ido descubriendo cuerpos enteros de enormes animales que jamás imaginarían que, tanto tiempo después, quedarían a la vista de dos jóvenes vestidas de sedas de color que por allí aparecieron.

Las falleras mayores en el complejo de Giza

Las falleras mayores en el complejo de Giza

Puerta espacio-temporal

El Valle de las Ballenas es una puerta espacio-temporal. Resulta difícil imaginarlo, pero es sumamente cierto. Carmen y Marta están, de aquella Tierra, casi tan lejos como los faraones. Casi podría decirse que es otro planeta. Porque aquellos rorcuales volvieron al mar cuando las especies hermanas empezaban a colonizar las tierras y proyectaban, con algún cataclismo incluido, generar unas especies más inteligentes que, con el paso del tiempo, crearían tanto la civilización más asombrosa de la historia (el antiguo Egipto) como la fiesta más asombrosa que se pueda imaginar (las Fallas de València). Cada una, a cada extremo de otra gran alberca que sustituiría a aquella en la que nadaron las ballenas y que con el tiempo se le llamó Mediterráneo. Solo imaginarlo convierte al ser humano, con todas sus grandezas, en una nadería comparado con la fuerza de la naturaleza.

No nos movamos del desierto, porque la caravana vuelve a ponerse en marcha. Las infinitas arenas se suceden pero, de repente, el paisaje cambia. Desde un promontorio, Carmen y Marta se asoman al infinito. Es el paisaje de Wadi el Rayan. Un oasis en mitad del desierto. Son dos lagos interconectados. Hay momentos en los que hay que pensar que es un decorado. Es inconcebible que, en medio del desierto, pueda alzarse una pequeña aldea, bien equipada y la que la comunidad se gana la vida con la curiosidad del prójimo. Es un lugar mágico lleno de contrastes, al que acudieron faraones, griegos, romanos y ahora, valencianas.

Un oasis balneario que ejerce además de dique de contención que atempera contra las inundaciones -que el Nilo también las ha sufrido con el paso de las dinastías- y que traza cascadas y remansos a través del agua que fluye desde el subsuelo y que recoge también el agua que, de ocultis, en uno de esos milagros de la naturaleza (cómo no vamos a ser insignificantes) viene del Nilo subterráneo, por mucho que su cauce esté a ochenta kilómetros de distancia. Por delante de Marta pasa un jinete. Uno de los muchos que por allí comparten espacio con los curiosos que tienen que acabar por aprender que esto es verdad.

Flamencos e ibis de l’Albufera

Y entre las plantas se abren camino especies protegidas. Zorros, fenecs, gacelas y aves, muchas aves. Aquí hay ibis y flamencos, que también pueden haber acudido a València en sus viajes migratorios. Quizá alguno, que está al cabo de la cuestión, puede preguntarle a las falleras mayores qué hacen por allí, porque les suena de cuando también pasan por la Albufera. Nuevamente tan cerca y tan lejos.

Carmen y Marta llegaron a la capital de Egipto tras un viaje vía Madrid. Y al día siguiente empezaron las emociones fuertes, porque no había tiempo que perder. Nada más empezar, la primera parada fue en el Gran Museo Egipcio. Recién sacado del horno. Inaugurado hace apenas unas semanas.

Carmen Prades y Marta Mercader ante el sarcófago de Tutankamón en el Museo Egipcio

Carmen Prades y Marta Mercader ante el sarcófago de Tutankamón en el Museo Egipcio

VisitaVIP al Museo

Allí disfrutaron de una visita particular y guiada. El Museo de la octava maravilla del mundo. De recientísima inauguración, apenas habían pasado dos meses para que, entre sus primeros visitantes ilustres, pudiéramos apuntar «Falleras Mayores de València 2026». Solo con el Museo se habrían consumido las dos jornadas de visita. No haría falta salir de sus paredes -pero lo haremos-. Las principales salas que visitaron fueron las de Tutankamón y la de las momias. Una, por ser el personaje más conocido del Egipto de los Faraones, no siendo más que una pieza anécdótica en su historia -qué no se habrá perdido por el camino-.

Fascinante el recorrido por unas cámaras donde sí que son reconocidas. Tienen su momento para contemplar toda la serie de sarcófagos que envolvieron al joven faraón. Semejante derroche de riqueza es, sencillamente, inconcebible. Y se les da tratamiento Vip ante la máscara funeraria, la joya de las joyas del antiguo Egipto. Donde los demás se agolpan o arraciman, se les da un tiempo en solitario.

La falleras, en el hall principal del Museo del Cairo

La falleras, en el hall principal del Museo del Cairo

La visita se traslada a un extremo del complejo de las pirámides para pillar la puesta de sol y, con ella, la portada, con la imagen de lo imposible: pirámides y esfinge se recortan entre la bruma, pero suficiente para trazar la foto de portada. Volveremos dos días después, antes de regresar a casa.

Contraste de culturas y de indumentaria

Al acabar la jornada, una nueva dosis cultural: se embarcan en un barquito para recorrer las aguas del Nilo. «Es la sangre de Egipto» nos cuentan. Y tanto. Hoy y hace cuatro mil años. La razón de ser de todo lo que conocemos o lo que intuimos. Lo que fascina y obliga a venir desde todos los rincones del mundo. Es la fuente de vida, el camino.

Y en la noche del Nilo, un pequeño festival folclórico sirve para reunir indumentarias centenarias. Cronológicamente, nos ganan: modelos inspirados en el Siglo XIII conviven con los XIX de Carmen y Marta. La danza del derviche -Patrimonio Inmaterial de la Humanidad desde hace casi veinte años-, conocida en Egipto como Tanoura, es una de las expresiones culturales y folclóricas más representativas del país. Tiene su origen en la tradición sufí y combina espiritualidad, música y movimiento, convirtiéndose en un símbolo de equilibrio y armonía.

Una demostración de la danza egipcia durante un paseo nocturno en barco por el Nilo

Una demostración de la danza egipcia durante un paseo nocturno en barco por el Nilo

Así nos lo cuentan: «El bailarín gira continuamente sobre sí mismo, un movimiento que simboliza el orden del universo, el ciclo de la vida y la conexión entre el ser humano y lo divino. La Tanoura egipcia se caracteriza por sus faldas amplias y multicolores, que representan la diversidad, la energía y la riqueza cultural». Más allá de su valor artístico, la danza del derviche transmite un mensaje de paz, tolerancia y espiritualidad, y constituye un patrimonio vivo que refleja la identidad cultural de Egipto y su profunda conexión entre tradición, arte y religión.

La comitiva se viene arriba y participa de las danzas junto al equipo de wejoinlife. Hay «rotgles» al que Carmen y Marta se unen mientras el barco, lentamente, recorre las aguas que tantas cosas han visto a lo largo de los siglos.

Al día siguiente fue la excursión a las arenas, pero aún quedaba un último viaje al Zoco. Que, por cierto, tiene un cierre estricto para los extranjeros. Las callejuelas serpentean entre infinidad de comercios y entre todo tipo de nacionalidades, que transitan por allí hasta el particular toque de queda. Les da tiempo a llevarse los últimos souvenirs.

Carmen Prades y Marta Mercader, a los pies de la gran pirámide de Keops

Carmen Prades y Marta Mercader, a los pies de la gran pirámide de Keops

Y una escapada final a Giza

Nunca un viaje de las falleras mayores de València había durado cuatro días. Pero aún quedaba la visita, ya de particular, a las Pirámides. Esto pudo ser posible porque la organización de wejoinlife y TRAVEL organizaron el operativo para embarcar por la puerta diplomática. Carmen ya lo había vivido años atrás. Hay tiempo para pasear ante las moradas de Keops, Kefrén y Micerinos. Y ante la Esfinge. Hay tiempo para hacer proselitismo de «Hope», las camisetas benéficas que ha elaborado Vicente Llácer sobre la falla municipal.

Ha sido un viaje único en su género. Con más contraste que nunca. Con más distancia de la que jamás se vivió. Es el viaje que soñó Julián Carabantes y que supone unir dos pueblos que están, quieren estar, más cerca aún. Aunque sea a base de imágenes de lo imposible, pero tan reales como el Nilo al que Carmen y Marta vinieron a saludar.

Fotografías de Fernando Bustamente

Video de Esteban San Canuto

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