Llorca: 100 días y siete fuegos al frente de la Generalitat
El president ve como se le abren frentes más allá de Mazón cuando se cumple el plazo de cortesía al frente del Consell

VALENCIA. VLC. Acto de investidura en Les Corts de Perez Llorca. Mazón en su nuevo asiento en la última fila del hemiciclo / Fernando Bustamante / LEV

Que la sombra de Carlos Mazón iba a proyectarse sobre los primeros pasos de Juanfran Pérez Llorca era algo esperable dada la crispación política y social que se arrastraba desde el 29-O. Y pese a la desinflamación que ha logrado el nuevo president, esos pronósticos se están cumpliendo, especialmente tras la petición de la jueza para que Mazón investigado por el TSJCV, un paso que vuelve a poner el foco sobre Llorca, ahora también líder del PPCV, a quien víctimas de la dana y oposición exigen que reclame el acta de diputado a su antecesor.
Lo que no era tan previsible son otros frentes que se le han ido abriendo al jefe del Consell en las últimas semanas: desde el escándalo de las viviendas protegidas de Alicante hasta los primeros conatos de incendio en el seno de su propio gobierno.Y no solo. Llorca cumple 100 días en el cargo, el período de cortesía que se suele conceder en política a los recién llegados, habiendo recibido los primeros reproches de empresarios a su acción de gobierno, sin noticias de los Presupuestos que debería negociar con Vox, con un doble choque con la AVL, el único punto en el que ha parado los pies a los de Abascal, y con cierta inestabilidad en el partido, que sigue sin convocar el congreso para elegir candidato en 2027.
Mazón y la sombra del 29-O
Con todo, el flanco más débil de Llorca sigue siendo Mazón y el goteo de informaciones que brotan del juzgado de Catarroja, algunas con altos cargos del expresident que el nuevo inquilino del Palau ha mantenido en su gobierno como protagonistas. El auto de la pasada semana en el que la jueza pide al TSJCV que impute al expresident por "negligencia" ha hecho que las miradas apunten de nuevo al jefe del Consell, que no prevé actuar por ahora pese a la presión de las víctimas de la dana y de la izquierda.
En el PPCV están convencidos de que esperar ese fallo es la mejor opción y sitúan una posible imputación como línea roja para, cuanto menos, suspender de militancia temporal a Mazón y dar el paso de exigirle su acta en las Corts, sobre la que sólo puede decidir el titular. Mientras llega ese momento "decisivo", Llorca parece asumir el desgaste de mantener a Mazón en la última fila de las Corts, a la que acude lo mínimo posible, y aprovecha el caso de Mónica Oltra para repeler los ataques de la izquierda.
La vivienda, un caso crítico
Al margen de esa herencia, el primer gran problema que ha tenido que abordar Llorca ha sido el escándalo de las adjudicaciones de vivienda pública en el Ayuntamiento de Alicante, que no tardó en salpicar al Consell.
Desde entonces, ha tratado de acotar el caso a la actuación de un funcionario y ha modificado los protocolos para que el proceso sea controlado por un órgano colegiado y no por una sola persona. También ha tratado de equiparar otros casos que afectan a la izquierda para diluir la polémica. Entre tanto, ha conseguido templar los ánimos de Vox, que pese a amenazar con dejar caer al alcalde Luis Barcala ha terminando adoptando, de nuevo, una posición dócil ante el PP tanto en Alicante como en las Corts.
Crisis en Emergencias y batalla Camarero-Albalat
Llorca también ha tenido que sacar la manguera de puertas para dentro del Consell, donde han aflorado varios conflictos internos. El más notorio ha sido en Emergencias, conselleria creada hace 15 meses y cuya cúpula ha tenido que ser reformada ya tras los ceses de la secretaria autonómica Irene Rodríguez y de Raúl Quílez, director general. El Consell ha tratado de revestir de normalidad estas salidas, si bien la oposición pone el foco en que se producen después de que Quílez contradijera al conseller, Juan Carlos Valderrama, en su declaración ante la jueza de la dana.
El otro vector de inestabilidad se da entre la vicepresidencia primera de Susana Camarero y la Conselleria de Servicios Sociales, antes en manos de la primera pero que Llorca desgajó y entregó a Elena Albalat. Entre ambas se ha desatado una tensa batalla por el reparto de funcionarios que amenaza, además de la paz interna, la viabilidad de 30 residencias. El choque habría llevado a Albalat a amagar incluso con dimitir, forzando la mediación del propio Llorca, según publicó El Español.
Presiones por la financiación
El tablero político nacional también ha complicado la vida a Llorca, que vio como el Gobierno abría por fin el debate de la financiación autonómica en unos términos muy incómodos para sus intereses al plantear un nuevo modelo que finiquita el maltrato histórico a la C. Valenciana. El problema para Llorca llegó desde Génova, que sin proponer alternativas ordenó a sus territorios un rechazo frontal que el barón valenciano ha asumido por completo.
Esa obediencia, no obstante, le ha costado ya algún tirón de orejas desde la sociedad civil. Primero fue la patronal y los sindicatos quienes le urgieron a sentarse a negociar mejoras y, más recientemente, todo un Vicente Boluda, uno de los empresarios más influyentes de la autonomía y presidente de la asociación de grandes patronos valencianos, le invitó a aceptar la propuesta.
AVL: del mimo al choque
El plano municipal también le ha abierto un frente adicional a Llorca con, precisamente, el único asunto en el que ha plantado cara a Vox, la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL). Tras defender este órgano estatutario que los voxistas y Mazón pusieron en el disparadero, el president deberá lidiar con el choque entre el Ayuntamiento de València y la Acadèmia por el topónimo de la ciudad generado por María José Catalá.
La institución también ha cuestionado recientemente la eliminacion del curriculum de bachilerato de los autores catalanes y baleares, una decisión que sí ha dependido directamente del Consell de Llorca.
Sin presupuestos
También está en manos de Llorca la presentación de los Presupuestos de la Generalitat para 2026, de los que no hay noticias pasado más de tres meses de su investidura. Las cuentas de 2025 se han prorrogado tras aprobarse a finales de mayo del año pasado de la mano de Vox, pero el contexto nacional complica repetir ahora esa alianza.
En el Palau son conscientes de que esas tiranteces entre Feijóo y Abascal afectan a la C. Valenciana pese a las buenas relaciones entre Llorca y los voxistas, y aunque no cierran la puerta a confeccionarlos y aprobarlos, han enfriado esa posibilidad.
Camps agita el PPCV
Y por si fuera poco, Francisco Camps. El expresident no cede en su empeño de recuperar el mando del partido y ser candidato del PPCV a la Generalitat en las próximas elecciones, e incluso ha redoblado el pulso en las últimas semanas con la publicación de una encuesta pagada por él que le sitúa como el mejor aspirante posible para 2027.
Incide también en la "urgencia" de celebrar el congreso regional pospuesto por Génova, una inquietud que empieza a trascender al 'campsismo' e incluso se extiende ya por otros ámbitos del partido, donde crece el temor a un 'dedazo' de Feijóo a Llorca.
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