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José Antonio Sobrino, experto en teledetección: “En materia de cambio climático, las imágenes de satélite mandan ante las opiniones”

El físico de la UV y Premio Jaume I de Medio Ambiente en 2019 destaca que los satélites permiten percibir el crecimiento de las ciudades: “la Comunitat Valenciana ha aumentado su superficie urbana en más del 70% en 35 años”

La teledetección permite ver cómo se recupera la zona cero de la dana, aunque cree que hacen falta satélites de más alta resolución espacial para detectar obstáculos de menor tamaño

José Antonio Sobrino, experto en teledetección: "Las imágenes de satélite mandan ante las opiniones”

Miguel Angel Montesinos

Marta Rojo

Marta Rojo

València

Cuando se dice que una imagen vale más que mil palabras, no se suele pensar en las imágenes tomadas, desde el aire, por los satélites. Pero esas, también, valen más que mil palabras, y que mil opiniones. Así lo cree el físico por la Universitat de València y premio Rei Jaume I de Protección Ambiental en 2019 José Antonio Sobrino, que ve ese tipo de imágenes a diario. No solo las ve, también las estudia, las analiza, las compara y las usa para crear mapas, mapas que alertan del crecimiento urbano en pocas décadas, del efecto isla de calor de las ciudades o del crecimiento de las áreas afectadas por los grandes incendios forestales. La teledetección es ciencia, y ante la ciencia, recalca, no cabe la opinión, ni el negacionismo. 

El físico por la Universitat de València y premio Rei Jaume I de Protección Ambiental en 2019 José Antonio Sobrino

El físico por la Universitat de València y premio Rei Jaume I de Protección Ambiental en 2019 José Antonio Sobrino / Miguel Ángel Montesinos

¿Cómo se ve y qué se ve del territorio a vista de satélite?

Todo depende del satélite que utilices y de la resolución espacial. Nos movemos en una horquilla muy amplia. Están los satélites de baja resolución espacial como los geoestacionarios, cuya resolución permite hacer un seguimiento de grandes incendios y de la temperatura a nivel regional, con una imagen cada 10 minutos, lo que es muy útil para estudiar la onda térmica. Estos se utilizan sobre todo para la predicción atmosférica y el tiempo. Pero tenemos también satélites de muy alta resolución como el Landsat, o la serie del programa Copernicus Sentinel, como el Sentinel 2. En estos últimos, el detalle es mucho mayor; recientemente hicimos un estudio en la provincia de Ourense donde se detectó exactamente la extensión de incendios que quemaron más de 100.000 hectáreas en un mes, el 14% de la provincia. Por otra parte, existen los sensores térmicos que permiten seguir la isla de calor en la ciudad, aunque su frecuencia temporal es baja, con una imagen cada seis días, y con la limitación de que, si hay nubes, la imagen no es útil. 

A vista de satélite, ¿cuál es ese estado de salud del planeta?

Lo que se percibe es, sobre todo, el aumento de temperatura y el calentamiento global, con impactos que afectan a la salud de las personas y a la productividad agraria. El aumento de temperatura y la escasez de recursos hídricos pueden hacer que caiga la productividad de las cosechas y aumentar la hambruna a nivel mundial. A vista de satélite, podemos estimar las zonas afectadas por incendios y su grado de severidad para realizar trabajos de restauración que permitan recuperar la masa forestal lo antes posible. También los utilizamos para estimar las necesidades de agua de los cultivos midiendo la evapotranspiración y dar recomendaciones de riego al agricultor. Hemos trabajado además en generar mapas de lodos tras la dana, viendo cómo habían afectado fundamentalmente a l’Albufera.

Menciona la dana, ¿qué se ha aprendido de la teledetección de la zona cero de la catástrofe?

Vivo al lado del barranco y la transformación del paisaje fue evidente antes y después. Desde el satélite se observó claramente la presencia de lodos y el cambio del paisaje. Además, gracias a esto podemos ver cómo se va recuperando la zona, aunque hacen falta satélites de más alta resolución espacial, que habrían permitido, en su momento, distinguir obstáculos como los coches que había en las calles. Aun así, la teledetección ha avanzado mucho desde los años 70; ahora tenemos muchos satélites que cubren más bandas espectrales y permiten un detalle mucho mayor de lo que ocurre en la superficie terrestre.

¿La teledetección permite también confirmar cuáles son los cauces naturales del agua para prevenir futuros desastres?

La teledetección tiene aplicaciones multidisciplinares utilizadas por geógrafos, oceanógrafos e ingenieros forestales. Nosotros, como físicos, solo trabajamos en la señal de los datos de satélite. Nuestro objetivo es corregir la imagen de la perturbación debida a la atmósfera (que emite, absorbe y dispersa la señal) para generar un mapa de parámetros físicos a nivel de superficie lo más preciso posible. Pero con eso, proporcionamos este mapa para que profesionales de otras disciplinas realicen la evaluación de efectos de las catástrofes.

Los satélites son herramientas fundamentales en la previsión. Se suele decir que los incendios se apagan en invierno, ¿cómo ayuda la teledetección a esa prevención?

En materia de incendios hay líneas de trabajo y proyectos en la Agencia Espacial Europea, y se centran sobre todo en analizar la evolución histórica. Es evidente que si tenemos mucha biomasa, cosa que se puede detectar con satélites, si el suelo está muy seco, cualquier incendio, ya sea natural o provocado, va a ser mucho más difícil de controlar y se va a expandir rápidamente. Desde el aire también se puede ver cómo el bosque cada vez está más cerca de las aldeas porque ya no hay gente, hay mucha menos población rural y por tanto no se limpian los bosques.

El físico por la Universitat de València y premio Rei Jaume I de Protección Ambiental en 2019 José Antonio Sobrino

El físico por la Universitat de València y premio Rei Jaume I de Protección Ambiental en 2019 José Antonio Sobrino / Miguel Ángel Montesinos

Sobre el efecto isla de calor, otra de las manifestaciones del cambio climático que se percibe con teledetección, ¿cómo puede medirse?

El efecto de isla de calor se debe sobre todo a los materiales de construcción que absorben calor durante el día y lo liberan durante la noche, generando temperaturas superiores en las ciudades respecto a las zonas rurales. Con la ayuda de la teledetección, se pueden generar mapas de disconfort térmico que traducen cómo soportamos las noches tropicales de más de 25 grados a nivel humano. Los satélites permiten detectar también los puntos más calientes o urban hot spots, que es importante conocer para planificar las ciudades.

Si comparamos fotos de hace 30 años y de ahora, ¿qué ha cambiado?

Publicamos un trabajo donde evaluamos con Landsat la evolución del paisaje de la Comunitat Valenciana desde 1984 hasta la actualidad, y vimos que ha disminuido la zona de huerta y ha aumentado mucho la superficie urbana. En la Comunitat Valenciana, el aumento ha sido de prácticamente del 70% más de superficie urbana entre 1984 y 2020, 143 km² adicionales. Por otra parte, y más allá del crecimiento urbano, utilizando el sensor Ecostress de la NASA, vemos que en la ciudad de València hay diferencias de hasta 7 grados de temperatura respecto a zonas rurales como la Vallesa. En noches concretas, toda la ciudad se comporta como caliente, con temperaturas superiores a los 26 o 27 grados, lo que es muy alto para el descanso nocturno.

¿La imagen de satélite permite aportar pruebas de que el cambio climático es indudable, incluso a ojos de los escépticos o negacionistas?

Claro. Las imágenes de satélite recogen la radiación que sale de la superficie y con las que nosotros generamos un mapa corrigiendo la perturbación de la atmósfera, corrigiendo efectos angulares y o distorsiones o calibraciones. Son mapas validados, fiables y demostrados. En materia de cambio climático, las medidas y las imágenes de satélite son las que mandan ante las opiniones. Todo el mundo es libre de opinar lo que crea conveniente, pero las imágenes de satélite son indudables: las puede ver, y utilizar cualquiera, se pueden descargar de los servidores, de las agencias espaciales internacionales. Y uno puede hasta generar sus propios mapas de temperatura para comprobar los efectos del cambio climático.

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